Mi patrona...

Las montañas Amarillas

Capítulo 9: Las montañas Amarillas.

 

Pasaron el resto de la noche, allí. El medico salió como a media noche, y le había dicho a Carlos que la niña estaba fuera de peligro. Muy temprano llego la policía pero con algunas palabras Carlos soluciono todo y le dijo al oficial que del todo se encargaría él. Any ya había despertado y después de un rato ella estaba en la cafetería tomándose un café. Poniendo batería y renovando sus agotadas energías. El abogado estaba en el cuarto de la niña. Sentado al lado de ella, la niña despertó al rato, y ella vio a Carlos de un respingo se asustó y volvió a entrar en pánico. La niña se movía como una bestia y no paraba, Carlos la presiono contra la cama para que no se hiciera daño con las puyas que tenía por el tratamiento.

—Quédate quieta Escúchame soy un amigo no te hare daño. La niña pese a las múltiples  explicaciones de Carlos no lograba calmarse.  Una enfermera entro por todo el escándalo, y Carlos le dio la señal de que aplicara un sedante. Después de que los gritos sollozantes de pavor que Emitía la niña se detuvieran aunque fuera algo retrogrado tuvieron que amarrarla a la camilla, para que su cuerpo no pagara las consecuencias de un Accidente Cardiovascular. Pasaron unas horas y la niña aun no despertaba, Any entraba una y otra vez para ver cómo estaba Carlos. Ella soltó un suspiro de dolor, al ver como amarraban a pobre criatura. Carlos pudo ver como en los ojos de la chica había compasión, eso le abrió el corazón. Algo que no había sentido en mucho tiempo despertó.

No sabía si era algo que se pudiera explicar, pero entendía que alguien que apenas conoce a una niña pero siente dolor por ella, es más que humano para la era actual que se vivía, estaba claro que su patrona iba  a ser muy buena madre, y que si dios lo ayudaba, sus hijos iban a ser de él y ella.  —Pobrecilla— fue la primera palabra que dijo Any, en todo el rato que había estado en el cuarto. —¿Tienen que amarrarla tan fuerte? eso le lastima las muñecas— Carlos se acercó y le dio una abrazo, agarrándola por detrás. —Si es por su bien— Le susurró al oído en tono cómplice. —No debes temer la voy a cuidar bien— Ella se acurruco en sus brazos tomaban el papel de una cuna, ella se sentía segura entre la brecha de su pecho y sus brazos.

—Ojala se recupere rápido, para que nos podamos ir ¿ya encontraste a la familia de la chica? Carlos negó con la cabeza.

 

—Creo que es huérfana… —Ella sollozo—  pero entonces ¿qué vamos a hacer con ella?                                                                                                                                                                    

—Me la llevare a Shangai cuando regresemos, yo la cuidare, no te preocupes por nada, después la llevare a un centro de rehabilitación, para que se reivindique en caso de trauma, que por lo que he visto, sí que lo tiene.                                                                 

—También te puedo ayudar, bueno nunca he tenido hijos, pero sé que puedo hacer un esfuerzo, además no le caería mal una silueta fémina corriendo por el Bufete Alexandra se va a poner bien contenta.                            

Carlos al escuchar estas palabras casi salta de la alegría, pero se contuvo para que ella no supiera, tomando ventaja la abrazo un poco más fuerte que antes, estaba claro que debía proteger a la niña, y que encima hacer feliz a Any, y si debía dejarse la piel por hacerlo lo haría.

—Mira está despertando— Señalo Any sorprendida a la camilla, Carlos en un acto rápido se fue a un lado de la niña.

¿Estás bien? —La niña afirmo con la cabeza— ¿Cómo te llamas? Apenas con un leve sonido emitido de la frágil y quebradiza voz. Se escucharon en el cuarto las palabras —Vanessa… Heart.




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