Mi patrona...

¡Me voy a casar con su hija, Señores Wang y Ming!

Capítulo 20: Me voy a casar con su hija, Señores Ming y Wang

 

EL carro que iba atribulado de gente, desde el chofer hasta las dos parejas  de cotejo, Any estaba a  un lado de su hermano, mientras que Carlos estaba sentado con Sofía, el carro era muy estrecho, algo pequeño para el gusto de los chicos y los comentarios sobre el susodicho tampoco se hicieron esperar. —¿Dan no podías buscar un carro de payasos?— Dijo Any en tono sarcástico, poniéndose lo más violenta que Carlos había visto, con la cara corrugada y los brazos cruzados entre sí. —Los carros de payasos solo los alquilan los lunes, y hoy es viernes— Dijo dan en su tono más sarcástico y sacando una sonrisa vivida.

El auto no tardo más de media hora de salir del distrito de Shangai, las amplias calles de una auto pista se dejaron ver, y como en veinte minutos más los chicos estaban llegando a la casa de los señores Wang Y Ming, una casa de tradición, con fachadas de la dinastía Ming, tejas de color azul y amplios corredores, al ver esta construcción Carlos no pudo negar sorprenderse pero a la vez un aire de sospechas se llenaban dentro de él. El suspenso de cómo lo iba a recibir la familia de su novia era más que intenso y las múltiples decenas de pensamientos desfavorecedores pasaban al ras por su sien.

El conductor mando a bajar a los muchachos con rapidez, pues tenía que ir a hacer otra carrera en la ciudad, Dan le pago lo que pedía, y con rapidez ellos salieron del auto, 

—Es gigantesca— Dijo Sofía. Con mucho asombro en su mirada.

El resto de muchachos se quedaron en la acera la calle viendo como esa majestuosa casa se imponía antes las demás, que eran comunes al lado de la mansión de los Jun con sus extravagancias. La mansión tenia animales por todos los lados, desde pájaros exóticos hasta un leopardo enjaulado, una fuente de agua más grande que la de la misma plaza central, con tubos para que las aguas danzaran y hasta un helipuerto en la parte trasera, sin mencionar las lujosas camionetas y los autos que estaban en el amplio estacionamiento, pórticos donde almacenaban armas, y una gran escultura de un hombre pensador, pero en versión asiática en medio del amplio corredor de la entrada. Y de colmo, el apellido de la familia en  unas letras gigantescas encima del tejado en plata que se leía perfectamente a kilómetros: <<Familia Jun>>

Carlos no pudo evitar cruzar miradas con Any, pero ella le daba aliento con varias señales que solo ellos entendían y entre ellas un giño de ojo algo pícaro. El grupo estaba en la entrada de los muros externos de la casa, parados uno al lado de otro, viendo como si lo que tenían enfrente fuese un enemigo mortal. <<Presión>> era la palabra perfecta para definir esta situación. Ninguno pudo decir ni una sola palabra, estaban mudas antes las maravillas de la casa.

 —Entremos— Dijo Dan con voluntad y sin titubear ni un segundo.

—¡Vamos! —Acompaño Carlos con energías

—Si no nos morimos en el carro menos lo vamos hacer aquí. Dijo Any con sarcasmo entrando a la conversa.

Carlos rio con parsimonia.

—Vamos adentro chicos. Dijo dan guiando al grupo.

Todos con valentía entraron por el portón del patio central, la gran puerta se movió por si sola, al Dan presionar un botón, los ruidos eran inclementes, porque la puerta era de como tres metros de altura y seis de longitud.

—¿Any estas segura de que tus padres nos van a recibir bien?

Carlos estaba preocupado por aquel infame escenario.

—Tranquilo estamos unidos

La Chica entrelazo sus manos con las del abogado y siguieron caminando a la basta casona.

Pero aunque los intensos pensamientos de inseguridad brotaban de la mente de Carlos también vacilaba con las ganas de decir aquellas palabras inefables cuando estuviera frente a sus suegros. Unas palabras que nadie sabía que él iba a decir, una pequeña tontería que si bien, salía de buena forma se quedaría con el premio “Any” pero que si salía un poco mal… le costaría la mismísima vida.

El abogado estaba magnificado con las vista de la hermosa casa, alucinando con la existencia de una casa tan completa como esa, en sus pensamientos decía que era un castillo, pero también pensaba en las múltiples cargas que suponía para la familia mantener tal maravilla.

El grupo completo llego a la puerta de la casa, y un hombre con traje apareció saludando a Dan, diciéndole que pasara a la sala de visitas, Dan dijo unas palabras en chino, Carlos no las pudo interpretar por la rapidez con la que los dijo. Entonces todos pasaron a la sala, asombrados por los interiores lujosos de la misión. El papel tapiz era de color rojo muerto, algo apagado, las columnas era de color gris, una línea frontal dividía la pared en dos, como decoración. Un chimenea en medio de la sala, y cuadros a montones por las paredes.




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