Mi patrona...

El Gran Día

Capítulo 25: El gran Día

 

Un sonido de campanas estaba más que compaginado con el vestido de la novia, solo falta un día para la boda, ambas partes estaban más que emocionadas. Las luces, la torta, el sitio y la fiesta, todo estaba listo. Aunque uno que otro roce entre Dan y Carlos. Ellos no se llevaban bien, no por odio, si no por ser distintos, pero lo que colmó el vaso, fue la noticia de Any, La boda iba a ser doble.

Any aviso a última hora a su abogado y eso fue lo que más le molesto, pero no iba a dejar que las múltiples burlas de Dan arruinaran las tan ansiadas bodas, como un pequeño capricho de Any, la boda encima iba a ser televisada.

Pero a Carlos tampoco le iba a dar mucha importancia, más se preguntaba cómo iban a hacer sus padres ya que eran mafiosos, ellos tendrían problemas con la policía más tarde.

Carlos paseaba por el bufete distraído en las amplias paredes del edificio, pensando en cómo se había conocido con Any, y que si no hubiera llegado cinco minutos más tarde, nunca la hubiera conocido, todo gracias a que tomo un atajo por el centro.

—¿Pasa algo?

Una voz quebró el silencio del pasillo. Carlos dio la vuelta rápidamente y vio la silueta sexy de su secretaria la inefable Alexandra.

—Oh Alexandra, no pasa nada, solo paseaba para matar algo de tiempo, con esto de que mañana es la boda, pues estoy algo pensativo.

—Pues no estés tan ido, igual mañana te casas va a ser un dia muy bueno. Eso si, la jefa es demasiado insistente, debes cuidarla bien. Dijo ella con una sonrisa de punta a punta.

—Lo hare. Carlos sonrío con sinceridad.

Carlos la miro fijamente.

—Gracias Alexandra

—¿Porque? Pegunto la chica extrañada.

—Porque has hecho de todo para que mi jefa este bien, además cuidaste muy bien a Vanessa cuando lo necesitaba y aun así también mantuviste el bufete con todos los problemas que este traía, simplemente… Gracias. Alexandra Pudo ver que sus palabras eran sinceras.

—De nada Abogado.

—Quiero que seas la madrina de Vanessa en su comunión.

—Eso me alegraría mucho de verdad.

Carlos rio con sutilidad.

Acto seguido los dos trabajadores conversaron un rato más, tomando una taza de café, riendo entre recuerdos, y formando lazos de amistad genuina, porque Alexandra tanto para Any, como para Carlos, había sido como una hermana.

Carlos después de un rato, vio que eran las cinco de la tarde, se despidió de Alexandra dejándola en un taxi, que vino a recogerla, y como un rayo fue a ver a Any, una sola noche los separaba del gran día. La emoción estaba por la nubes, el ansia de ser uno, con su jefa —legalmente— le hacía ver estrellas al abogado.

Prendió su carro y a toda velocidad, fue al edificio de Any sin previo aviso. Antes de eso Carlos compro unas rosas roja y unos chocolates, la tendera —Una joven muy guapa— miro mucho a Carlos, le gusto como compraba las cosas para su novia. Además de ser un hombre muy atractivo. Y cuando Carlos estaba pagando le dio su número telefónico, Carlos con una sonrisa lo acepto y cargo todas las cosas al auto. Poco después como a dos calles de la tienda, tiro el papelillo, ya que si su jefa se enteraba de eso, le iba a armar un buen lio, lo único que no quería a estas alturas del partido.

Llego al edificio en pleno centro de Shangai, y el portero le abrió la puerta cordialmente. Carlos algo esperado decidió subir por las escaleras, ya que el elevador se tardaba mucho, subía de dos escalones por pierna, con el peligro de caerse. En la mano izquierda Llevaba las rosas, y el la derecha los chocolates. Ninguna persona bajo por las escaleras, así que fue un alivio para él. Finalmente llego al piso,

Los sentimientos de Carlos estaban palpitantes como su corazón, y por primera vez en toda su pequeña historia con su jefa, tenía nervios. Y ansias  y era algo tan especial que no se podía describir, algo que no se palpa con las manos, pero se siente con todo el cuerpo, aquello por lo que la gente hacia lo imposible por su otra mitad, se había enamorado.

El abogado quedo estático en el timbre de la casa, preguntándose si, tocar o no, Rebecca salió casi que corriendo por que tenía que hacer unas compras, pero tropezó con Carlos, y lo tumbo al piso.

—¡auchh! ¿Quién eres? —Rebecca miro bien al hombre— ¡Carlos! Venias a ver a Any, ella está adentro pasa, pasa, —Ella miro que el hombre recogía unos chocolates del piso—

—Oh lo siento Carlos, es que no te vi.

—Tranquila, solo ayúdame a recoger estos dulces.




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