Mi patrona...

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Las campanas de la iglesia están sonando, las galas de trajes y vestidos en la entrada de la capilla, los hombres vestidos de traje y las mujeres de escotado vestido.

Alexandra era una de las madrinas de la boda. Tenía un vestido amarillo algo escotado y con varios pliegues en la espalda.

Por su parte Lee era el padrino de bodas de Carlos, cosa que al abogado no le molesto en lo absoluto.

Dan Y Sofía Habían escogidos sus amigos más allegados para que fueran los padrinos. Unos mozos de buen aspecto, una mujer rubia muy bella, y un hombre bien parecido y joven de cabello oscuro.

Todos los invitados estaban en las bancas de la colorida capilla. La elegancia era el plato principal en la mesa. Wang y Ming estaban sentados en una banca especial, protegida por los guardas espaldas. Vestían los mejores trajes de diseñadores.

Carlos esperaba con ansias a que llegara Any, Dan estaba a un lado de él, ambos con una sonrisa de oreja a orejas.

El momento llego, la prensa capto la escena, las novias llegaban a la iglesia, Any pidió que su papa no la llevara de brazos, en cambio para ella lo haría su hermana Rebecca, algo más simbólico para las dos.

Sofía por otra parte si pidió ser llevada por su padre, y el hombre de cabello castaño alto y fornido acompañaba a la dulce chica.

Ambas llegaron al pequeño patíbulo de la iglesia. Los hombres esperaban con grandes ansias a sus novias. Any de inmediato agarro las manos de Carlos. La abogada, llevaba un vestido de color rojo, con algunas flores estampadas en él, el vestido era largo y la cola cubría las escaleras del patíbulo. También tenía unos guantes blancos, con un velo del mismo color. Se veía bellísima. Las miradas estaban puestas en él.

De la misma forma Sofía, estaba casi igual, pero con la diferencia que su vestido no tenía una cola larga, sino un borde pegado a su cintura, que hacia lucir las curvas de la chica. Ella también agarro la mano de su querido Dan, después de eso, entrelazo sus dedos. Y  Ambas parejas miraron al cura que enraba para dar inicio a la ceremonia.

Los minutos pasaron como un lampo. Y era hora de los votos. Comenzó Dan.

Sofía. —Dan Tomo el anillo y lo metió en el dedo— Prometo, cuidarte, amarte, y querer, en la enfermedad y en la salud, en la pobreza, y en la riqueza, en la buenas y en las malas, —Se acercó a la oreja de la chica Y susurro—  En la mafia y en lo legal. —La chica no pudo evitar reír— También quiero que sepas que te amo, y que lo que siente mi corazón es real, puede que no sea el mejor pero me esforzare en serlo.

Dan sonrío tan sinceramente que la chica no pudo contener sus lágrimas.

—¿Dan usted acepta a Sofía en la pobreza en la riqueza en la salud y en la enfermedad como su legitima esposa? —Pregunto el padre.

—Si acepto. Dijo Dan sin ningún titubeo.

—Y usted Sofía, Acepta a Dan como su legítimo esposo.

—Si acepto padre.

—Dan puede besar a la novia.

Acto seguido Dan beso tiernamente los labios de Sofía. El padre continuo con la ceremonia después del beso, ahora era el turno de Any y Carlos.

—Carlos ¿Usted Acepta a Any como su legitima esposa?

—Acepto. Dijo el viendo los ojos de la chica.

—Y usted Any ¿acepta a Carlos como su legítimo esposo?

—Si acepto padre. Any respondió con una sonrisa gigantesca y los ojos brillosos

Carlos rápidamente tomo el anillo y lo fue metiendo poco a poco en el dedo anular de su jefa.

—Jefa, jefecita, Amor de mi vida, querida jefa. —Suspiro Carlos y Any rio un poco tapándose la boca con un abanico— Desde el primer momento que entre en aquella pequeña oficina, sabia, que eras alguien especial. No solo vi a la indomable abogada líder de un bufete, yo sabias que tenías muchos sentimientos bonitos en el pecho. —Ella se enrojeció como un tomate— Any sinceramente, te voy a amar con toda el alma, por el resto de mi vida. Amada mía, ten en cuenta que ere lo mejor que me ha pasado en la vida.

Carlos se acercó para darle un beso a su esposa Any, pero…

Un hombre de cabello rubio corto el silencio de la iglesia. Caminando lentamente por el corredor, vestía un traje elegante y aplaudía con sarcasmo. 

—¡Patrick! Exclamo Rebecca asombrada.

El hombre siguió caminando sin dejar de aplaudir.

Todos vieron que locura iba a ser el hombre. Acto seguido el saca una pistola, y la gente se alarma. Varios de la seguridad se pusieron activos para detenerlos. Rápidamente el apunto a Carlos y jalo el gatillo.




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