Mi Peor Pesadilla

Capítulo 16

Al salir de casa de los Ripoll subí a mi auto quería estar solo, manejé hasta un parque algo así como un bosque, no había mucha gente ya que en el aparcamiento solo había unos seis autos sin contar el mío. Empecé a caminar tratando de no encontrarme con las personas que andaban aquí.
Nadie tiene porque ver a Austin Parker llorar.
Yo mismo me busqué todo esto, sí jamás se me hubiese cruzado por la mente engañarla, pero no, ahí voy de caliente y mujeriego detrás de Beth.
Bien merecido lo tengo por haber sido un mujeriego.
Ahora que encontré a la persona que hace mis días felices, con quién soy yo sin aparentar nada, quien me escucha y entiende sin juzgarme, tengo que venir y arruinar la relación. ¿Acaso estoy maldito?
En este preciso momento me dan ganas de desaparecer para no seguirle arruinando la vida a Mel, ella no merece llorar, ni sufrir, confió ciegamente en mí cuando nadie más lo hizo ¿Y que hice? Defraudarla. No tengo perdón del Dios supremo.
Quisiera devolver el tiempo y así evitar meterme entre las piernas de otra que no fuera mi chica. No puedo culpar a Beth del todo porque yo también tuve culpa sabiendo que tenía una relación me enrede con ella, debí de haber puesto un alto y una gran barrera ¿En vez de eso que hago? Seducirla, enamorarla, bajarle el sol, la luna y las estrellas.
No sé qué será de mí, si Amelia no me perdona, mi vida sin ella sería peor de cómo me conoció. Los nervios me empiezan a traicionar, decido sacar un cigarrillo estaba por encenderlo, cuando se me acerca una niña de unos cinco o seis años quizá.
—Hola ¿Por qué lloras? ¿Cómo te llamas?— me bota el cigarrillo de un manotazo —No te das cuenta que eso daña tu salud
Diosito si tú mandaste a este ángel, gracias.
—Mi novia y yo peleamos, me llamo Austin ¿y tú?... Si pequeña sé que es malo pero necesito aliviar este dolor— escucha atenta sin parpadear.
—Me llamo Anita— hace una mueca —no llores, algo tuviste que haber hecho para que se enojara contigo, fumando no solucionas nada.
Para ser pequeña es muy inteligente, sonríe sentándose a mi lado entonces escuchamos la campanita de los helados a ella se le iluminan sus ojitos y sale corriendo hacia un grupo de chicas quienes literal la ignoran en especial una chica que parece tener veinte años quien la empuja lejos de ellas.
Viene llorando y cabizbaja eso hace que me enoje, es una niña no tiene nada de malo que desee un helado.
—Hey hermosa ¿Qué pasa?— sorbe su nariz con la manga de su blusa.
—-M-mi hermana n-no me qui-quiso dar dinero p-para un he-helado— tartamudeo por el llanto. Me recuerda a Lux cuando mis papás le niegan algo.
La tomo de la mano dirigiéndonos a comprar un delicioso helado, ella sonríe. Lo pide de chocolate con menta y yo de pistacho, después que nos entregan nuestros helados de mi billetera saco veinte libras y se las doy al señor quien me entrega el cambio, regresamos a nuestro lugar.
—Gracias por habérmelo comprado— me da un beso en la mejilla —ojalá fueras mi hermano.
Anita no sabe lo que dice yo no soy bueno ni como hermano, ni como novio, ni como nada. Vuelvo a sumergirme en mis pensamientos ¿Cómo estará Amelia? ¿Debería preguntar o no?
Siento que tocan mi brazo y escucho sollozos hasta que recordé a la niña, en efecto era ella quién lloraba esta vez no sabía el motivo. Me alarmó al ver que ya es de noche pero más al ver que el grupo de chicas ya no está.
Quince minutos después de lograr tranquilizarla me cuenta que ella vive solo con sus dos hermanos sus papás viven en Canadá que ninguno de los tres quiso irse con ellos por no dejar esta ciudad pero su hermana no la quiere, el que se preocupa por ella es su hermano Jeremy de nueve años también me dice que su hermana Lía tiene veintiún años y está en la universidad.
Lo que más me sorprende es que esa mujer la dejó perdida aquí en el parque ¿Qué tipo de hermana hace eso? Ahora al problema con mi novia sumo el de esta niña, ¡vaya a saber qué maldición cayó en mí!
Menos mal Anita sabe cómo llegar a su casa y aquí vamos después que pasáramos a cenar a McDonald's. No está lejos solo me llevo diez minutos manejar hasta esta zona residencial antes de bajar me pide que le anoté mi número en una libreta que carga.
Jeremy me agradece a la vez que se disculpa por lo ocurrido con su hermana mayor, la pequeña me abraza las piernas y me suplica que no lloré ni fume más que vaya a buscar a mi chica e intenté arreglar lo que yo solito arruiné.

**

Subo a mi habitación a la vez voy marcando el número de Jess.
Hablé con ella alrededor de unos veinte minutos como era de esperarse me regaño, me aconsejó y hasta me llamo adefesio creo que le faltó decirme aborto de la tierra.
Tuve que rogarle mucho para saber sobre Amelia al parecer curaron sus heridas y dio por terminada nuestra relación ahora no sé qué haré sin ella. Al instante mi celular vibra anunciando un mensaje de mi amor.
Princesa:
Austin, no me busques más haz de cuenta como si nunca hubiésemos tenido una relación, ignórame como lo haré yo. Gracias por estos cuatro meses y medio de felicidad. Adiós.

No, no acepto que me deje, sin ella no soy nada, porque tuve que ser débil con la carne. Maldigo el día que acepté empezar a tener citas a escondidas era mejor decir no y haberme evitado esto.
Tecleo rápido una respuesta para luchar por el amor de mi vida, por la mujer que amo.
Yo:
Amor por favor, te lo suplico por lo que más quieras no me dejes, perdóname, perdona mi error, te fallé sí lo hice, pero no la amo fue una aventura que tuve por idiota. Hablemos, pero no terminemos. Eres mi vida.
Visto

Lo leyó y me dejó en visto está más que claro que no va a perdonarme al menos no fácilmente.
“Es lógico idiota que no te perdone si la engañaste.” Nadie te llamo conciencia.
Juré no volverme a enamorar desde lo de hace dos años debí de haber cumplido ese juramento, pero no, ahí voy de burro a enamorarme otra vez.
Como persona no valgo nada, lágrimas caen por mis mejillas me duele toda esta situación y no quiero estar alejado de mi pequeña, ella es el motivo por el que cada mañana despierto e intento ser mejor, lástima que en mi intento fallé, pero es que nadie nace sabiendo cómo evitar cometer estos errores.
No voy a buscar excusas ni pretextos como hombre que soy, asumo mi responsabilidad y todo esto me lo merezco.
Me recuesto en la cama y al final lloro como un niño al que al viento le ha arrebatado su más preciado globo. No me importa si mis papás o hermanas me escuchan llorar ya no me importa nada.




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