Mi Peor Pesadilla

Capítulo 18

Austin

Llevo dos semanas bebiendo. Solo dos mensajes le envié a Mel por supuesto no obtuve respuesta tampoco me sorprendió, ya lo veía venir porque cuando quise hablar con ella se notaba fastidiada así que me dijo que por favor la dejara en paz. Eso es lo que precisamente estoy haciendo pienso dejar todo por la paz y olvidarla fue una mala idea enamorarme, no sé en qué estaba pensando aunque nadie elige de quién enamorarse.
He estado recibiendo llamadas de un número desconocido no contesto porque puede ser cualquiera de las que uso para una noche. A veces son tan cómo decirlo tan fastidiosas, les explico que solo quiero una noche, pero no, ahí van ellas a enamorarse a lo ridículo.
El director Dawson me mandó a llamar imagino el motivo. Me encuentro arrastrando los pies por el pasillo rumbo a dirección, en mi mano derecha sostengo mi vaso con café al que le voy dando sorbos. Abro la puerta de dirección tras su escritorio se encuentra sentada la secretaria ahora que lo pienso ella parece como que fuera de la edad prehistórica, digo porque ya era secretaria del director cuando mis padres estudiaron aquí y eso hace dieciocho años si no estoy mal.
—Buenos días Magda, el viejo Dawson me mandó a llamar— me quitó los lentes y los colocó sobre mi cabeza.
—¿Con resaca de nuevo Parker?— enarca una ceja —Está en su oficina, te está esperando.
—Lo que se ve no se pregunta mi querida Mag, voy a entrar… por cierto si no es mucho abusar consígueme un analgésico por favor y de paso una botellita con agua— le guiño el ojo.
Toco la puerta y escucho un adelante, al entrar hago una mueca, el reflejo del ventanal me molesta y solo aumenta más mi jaqueca.
—Bien, aquí me tienes, para qué soy bueno, viejo— me dejó caer en el sofá para dos personas.
Él se levanta de su escritorio para tomar asiento en el sofá personal. Me observa de pies a cabeza y niega muchas veces con la cabeza. Me a recuesto a lo largo cruzando mis brazos sobre mi pecho.
—ESTA ES LA SEGUNDA SEMANA QUE VIENES OLIENDO A LICOR Y CIGARRILLO AUSTIN, ES EL COLMO— gritó como si yo estuviera sordo.
—Shhh— con mi dedo índice hago seña de silencio —no grites Dawson que no estoy sordo ni estoy en el otro continente además tengo una jaqueca terrible así que habla bajito si es posible.
Mil quinientos años después entra Magda con mi analgésico me lo entrega junto a la botella con agua, le doy las gracias cuando está por salir. Espero esto me haga efecto si no moriré, estoy terriblemente mal.
“Amado hígado debes de ser fuerte, el fin de semana a llegado.” Digo en mi mente.
—Te mandé a llamar— hace una pausa —los profesores se están quejando mucho de ti, no entregas tareas, faltas a sus clases y cuando vienes hueles a licor pareces pordiosero Parker también pareces chimenea fumando a cada rato y añadiendo a todo eso que te duermes en las clases o donde sea.
—¿Es en serio viejo? — no puedo creer todo el problema que hacen ¿Acaso ellos no se emborrachan y fuman? Odio que quieran aparentar lo que no son, o es que no comprenden que cuando decidí dar lo mejor de mí, vengo y arruinó todo y esta es mi manera de escape.
Él se queda callado —Austin, es momento de poner un alto a tu estado de ebriedad— buscas pleito donde no los hay, buscas a mujeres que se parezcan a Amelia y déjame decirte que la semana pasada estuvo aquí preguntando por ti, no eches a la borda tu vida hijo, sabes muy bien que tu padre es mi mejor amigo no me hagas llamarlo.
Me tomó por sorpresa que mi pequeña estuviera interesada en saber de mí, medio sonrió con tristeza y fijo la mirada en el techo… realmente este viejo tiene razón estoy tirando mi vida por el caño por una mujer, pero, el responsable de alejarla fui yo.
—Tienes razón viejo y te doy mi palabra de cambiar solo necesito que me hagas dos favores— trago grueso —no le des información de mi a Mel y cambia de salón a Beth si no quieres una tercera guerra mundial en tu instituto.
Sin más me pongo de pie, mi mirada viaja del sofá a la ratonera del centro veo el vaso con café que traje me acerco a recogerlo para tirarlo en la basura ya debe estar frío. Salgo de dirección, veo el bote de basura y depósito el vaso en el mismo y me pierdo en los pasillos.

**

Por la tarde me atreví a responder la llamada del número desconocido resultó ser Anita la niña del parque, me alegró mucho escucharla, pero sobre todo que Jeremy le prestará su móvil para llamarme.
Quedé de pasar a las siete por ellos para ir a cenar, necesitan mucho apoyo y amor especialmente Anita. Ya está decidido de ahora en adelante ella será parte de mi vida al igual que su hermano podré tener diecisiete casi dieciocho, pero les demostrare que soy responsable y maduro. Dios debió enviármelos para poder dejar poco a poco este vicio.
Me doy un último vistazo en el espejo llevo una camisa blanca con las mangas enrolladas y los primeros dos botones abiertos, mi pantalón es color negro y mis zapatos igual, estoy listo solo me falta la loción después de eso agarro la billetera, las llaves, el móvil y el regalo que les compré a la princesita y al príncipe.
Toco el claxon y al instante salen ambos hermanos, ella trae un vestido celeste y sus zapatitos blancos viene peinada con una coleta de lado, Jeremy trae una camisa rosa pálido, pantalones negros y sus vans negras. Al subir ambos saludan les doy un beso en la frente, aceleró perdiéndome en las calles.
Al llegar al restaurante todos pedimos y mientras traen la comida me doy cuenta que hay una pareja frente a nosotros, no… no puede ser, tantos restaurantes y venimos al mismo, aquí está Amelia con el hermano de Sophie, ladea la cabeza cuando me ve, la ignoro y me enfoco en mis invitados, cuando escucho algo que me deja en shock.
—Austin te gustaría ser mi padre, ¿Te gustaría adoptarme?— Anita me acaba de tomar por sorpresa, apenas puedo con mi vida en estos momentos como para hacerme responsable de una niña y de su hermano.
—Anita escúchame bien, no tengo edad para adoptarlos esa es una razón, la segunda aún estoy estudiando, la tercera no trabajo soy mantenido por mis padres, y la cuarta ahorita no la estoy pasando nada bien, pero, puedo ser como un hermano mayor para ambos y salir así como estamos en este momento.
Jeremy le explica que tengo razón y que ella debe entender lo que estoy diciendo. Menos mal comprende diciendo que está bien que a partir de ese momento los tres seriamos hermanos. Me levanto para abrazar a los dos y darle un beso a cada uno.
Se preguntarán ¿por qué me llamaron tantas veces durante dos semanas? Su hermana los abandonó y sus padres se desentendieron de ellos. El destino puso a esos pequeños en mi camino por algo, nada pasa porque sí, cuando todo tiene un propósito y el de ellos quizá será hacerme dejar de tomar.




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