Amelia
Gracias a los cielos hoy me toca descanso, no es que me queje, la paga es muy buena, pero así mismo termino cansada. No tengo planes para este día, aunque me encantaría pasarlo al lado de Nick, es guapísimo y estoy consciente que la belleza no lo es todo en la vida también es educado y caballeroso.
Enciendo la TV para buscar algo en que entretenerme, no encuentro nada que pueda interesarme. En esas estoy cuando suena mi celular indicando que tengo una videollamada, es Nick sin pensarlo acepto y al instante aparece él tras la pantalla con una enorme sonrisa.
— ¡Hola! ¿Qué tal amaneció la chica más linda de todo Londres? — me sonrojo.
—Me imagino que amaneció bien— me encojo de hombros —no la conozco, entonces no te sabría decir cómo amaneció.
—Muy graciosa, amor. Bueno para lo que te llame, ¿Te gustaría pasar un hermoso día en la piscina junto a esta guapura de hombre? — sí que tiene un gran ego.
—Justo estaba pensando en que haría este día. Me encanta tu idea, precioso. ¡Es fabulosa!
—Paso por ti en quince, te quiero. Tenemos que aprovechar al máximo tus días libres, osita— odio que me diga así.
Agarro la primera bolsa que miro empiezo a meter bloqueador, toalla, otra mudada, dinero, audífonos, cargador y las llaves. Recojo mi cabello en una coleta alta, me pongo mis sandalias, coloco mis lentes sobre mi cabeza y por último agarró mi móvil, salgo de mi habitación para bajar a pedir permiso.
—Papi, voy a ir a casa de Sophie, su hermano no tarda en venir por mí. Voy a regresar tarde y cualquier cosa me llaman. — tan solo un pie moví cuando lo escuché hablar.
— ¿Amelia a dónde crees que vas? En ningún momento te dije que podías ir, tampoco me pediste permiso. El hecho de que estés trabajando no quiere decir que te mandes sola— fruncí el ceño y en eso escucho el claxon.
—Ajá sí, discutimos cuando regresé, bye. — corrí hacia la puerta y antes de cerrarla agite mi mano en forma de despedida.
Estoy cansada que mi padre se sumerja tanto en su trabajo. De qué nos sirven los lujos si no tenemos comunicación mucho menos convivencia entre nosotros. Es ilógico que ahora quiera controlarme o jugar al papel de papá protector.
Al bajar del auto me tapó los ojos con una corbata ¡Vaya originalidad! Me guío hacia el interior de su casa en donde no se escuchaba nada. Me fue guiando hasta donde imaginaba era el pasillo para salir al jardín trasero en donde se encontraba la piscina.
—Daremos dieciséis pasos y seguido voy a retirar la corbata— asentí.
Empecé a contarlos hasta que de repente nos detuvimos, escuché unos murmullos al mismo tiempo que alguien se alejaba. Sentí que mi vista se liberaba poco a poco.
Parpadeé un par de veces para adaptarme a la claridad. Ahí estaban de pie mis amigas y unos amigos de Nick, quienes detenían unas pancartas que formaban la frase ¿Aceptas ser mi novia? Mientras él estaba ahí simplemente parado esperando por mi respuesta.
No supe qué hacer. Quizá por un momento palidecí al no saber qué decir o responder, era como si en el oído izquierdo me hablara el diablito malo diciendo no aceptes y en el oído derecho me hablara el diablito bueno diciendo si, acepta.
¿Me gustaba Nick McGuire? Claro que sí. ¿Lo quería? Sí. ¿Pero de qué forma lo quería? Eso ni yo lo sabía. ¿Estaba dispuesta a ser su novia? No estaba muy segura de estar a la altura de las chicas a las que él está acostumbrado. ¿Entonces porque tan siquiera no lo intentaba? Por miedo, a que solo sea un pasatiempo.
Entonces escuché.
— ¡Mel! Ya dile la respuesta a mi hermano. ¿O quieres que quedemos como carne carbonizada por el sol? — todos estallaron en una carcajada.
Tú a mí no me engañas criatura, lo que pasa es que aún quieres a ese bueno para nada de Austin.
Noooo. Tú qué vas a saber.
Ahí sí que te equivocas, ya anda dile sí o no.
Después de tener esa pequeña pelea con mi bella consciencia, camine hacia él.
— ¿Y? — dijo Skyler.
Le di una mirada de te callas o te mato.
—Eres un hombre excepcional, increíble, lo supe desde aquel día que me llevaste a casa y me cargaste hasta mi habitación— sonreí como tonta —Mis padres confían en ti de la misma forma en que lo hago yo. Mi respuesta es— hice una mueca. —Mi respuesta es sí.
Me abrazó al mismo tiempo que aplaudían y gritaban ¡Al fin!, entonces me beso, fue un beso sin malicia, lento y suave, pero no sé comparan ni un poquito a los besos de Parker. Inmediatamente alejé ese pensamiento.
Estuvimos conversando con sus amigos un rato, pronto las chicas nos llamaron para meternos a la piscina. Dentro de ella nos pusimos a jugar como crías, Sophie salió un momento para pedir comida y la infaltable pizza.
Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal al darme cuenta de la forma en que Tamara me miraba, le sonreí a lo cual ella siguió sería, era como si yo fuera su enemiga número uno. ¡Rayos, no entendía nada!
Pasado cuarenta minutos llegó la comida, todos salimos como si de eso dependiera nuestra vida. ¡Estábamos hambrientos!
Después de comer vi como Tamara tecleaba con mucha prisa en su móvil mientras por momentos sonreía y por momentos se ponía sería, como si le molestara lo que la otra persona le escribía, por un impulso quise acercarme a preguntarle si todo estaba bien pero cuando iba hacerlo al parecer le entró una llamada porque se levantó como si un cohete le hubiesen metido en las nalgas y salió disparada hacia el living.
Sentí la necesidad de ir y escuchar. ¿Que si era malo escuchar? Por supuesto que lo era, así como también era malo que una de mis amigas me viera de esa forma, pero no me importó así que caminé hacía la entrada que da al interior de la casa, vi para todos lados y no estaba hasta que escuche una voz que provenía del baño, así que pegué mi oreja a la puerta como toda una chismosa escuchando lo que no debe.
Sí, así como lo escuchas, ya acepta de una vez por todas que soy la única que te ama y te soy fiel. ¡Genial! No entendía nada. Estás loco no pienso seguir siendo la otra, ahora que ella ya no es una piedra en mi zapato tú y yo podemos estar juntos. Hubo un silencio, de un momento a otro grito. ¿QUÉ TE PASA IMBÉCIL? Me estoy jugando todo por ti y te vale tres hectáreas lo de estar juntos solo porque el niñito está necio en reconquistarla. ¡¿Qué diablos era esto?! Estaba más perdida que la llorona buscando a sus hijos. ¿Sabes qué? Vete al demonio, no me busques más y nunca debí dejarme endulzar el oído por ti. En ese momento entendí que tenía que correr por mi vida así que de puntitas me fui a la cocina, algo nerviosa agarré un vaso y me serví agua, cuando ella salió y me vio puso una cara de ¡Yisus Cristo, sálvame!
— ¿Ha-hace cuánto estás a-aquí? —
Le sonreí sin mostrar los dientes, algo así como sonríe Louis Tomlinson.
—Menos de dos minutos, vine por agua. —
Le mostré el vaso. Entonces ella se relajó pero inmediatamente volvió a mirarme como lo hacía en la piscina.
— ¿Qué fue lo que escuchaste? — soltó directamente.
— ¡Ehh! — puse mi mejor cara de tonta que no sabe de qué le hablan — ¿Escuchar de qué o sobre qué? Tú sabes que eso de escuchar conversaciones ajenas no es lo mío.
Una vocecita en mi cabeza repetía: mentirosa, claro que escuchaste.
No dijo más y volvió a la piscina. Tragué grueso y solté todo el aire que retenía.
Ahora debía averiguar con quién hablaba y quién era esa persona que ya no era un estorbo para según ella estar con ese chico y así dejar de ser la otra.