Mi Peor Pesadilla

Capítulo 24

Austin

¡Mierda! Esto no me puede estar pasando a mí, estoy tan cabreado y solo de imaginarla besando a otro, me entran unas enormes ganas de sacarlo del round.
Tamara me tiene arto. Cree que porque tuvimos sexo le da derecho a decirme lo que debo o no de hacer. Debí desecharla la segunda vez que la use y si no la desecho ahora es porque me da muy buena información de Amelia, solo que no sé por cuánto tiempo la podré seguir soportando.
— ¿Piensas hacerle a Nick lo mismo que le hiciste a Gael? — preguntó Scott.
— ¿Estás dispuesto a ayudarme de nuevo? —
—Sabes muy bien la respuesta amigo, me ofende hasta que lo preguntes— me palmeó el hombro.
Ahora sólo debía planear todo con mucha cautela para que parezca un accidente. Nadie que se cruza en el camino de Austin Parker vive para contarlo, menos si pretende quitarle un diamante.
Debo ir por Tamara. Para que no sospechen le pedí que me esperara a una cuadra de donde su amiga, a como es seguro es capaz de decir que está saliendo con alguien y van a querer ver quién va por ella.
Mientras, decido enviarle un mensaje a mi muñeca preciosa a ver qué pretexto me da o sí es capaz de decirme que ya tiene novio.
Yo:
¡Hey, amor lindo! Te extraño y como hoy es tu día libre, ¿Qué te parece si salimos a dar una vuelta?

Espero y me diga que sí o me vuelvo loco, necesito del calor que emana su cuerpo, de su aliento rozando mi cuello y mis labios, necesito sentirla cerca de mí, ella es mi más bella droga.
Veo insistente si está conectada y me sale que su última conexión fue exactamente hace media hora. Me paso la mano por la cabeza, presiento que su novio será un verdadero dolor de nalgas, intento ser optimista mientras pongo el auto en marcha para ir por la zorra que me irrita.
La pantalla se enciende indicando un nuevo mensaje, pero no solo es uno, son dos mensajes. Me estaciono para leerlos.
Mi Princesa:
Estoy en casa de Sophie, me iré en un momento. ¿Te parece si quedamos a las siete?

Teclee inmediatamente una respuesta.
Yo:
Me parece perfecto, princesa, paso por ti a esa hora. Te quiero.

Abrí el siguiente mensaje y me arrepentí solo de ver el remitente.
Tamara:
Ya estoy aquí. ¿Porque no apareces? ¿Piensas dejarme plantada?

visto.
Voltee los ojos dejándola en visto. ¿La verdad? No tengo ganas de verla, no me gusta, no me atrae, solo es puro sexo y ya.
Pongo en marcha de nuevo el auto solo que esta vez voy lento, no tengo prisa por llegar, quiero tomarme el tiempo para pensar mi próxima jugada.
Doy unas cuantas vueltas antes de dirigirme a la esquina donde la zorra me espera. Parece que no nací de una mujer, lo sé, pero ¿Quién en su sano juicio traicionaría a la amiga con el novio? Nadie, porque sí, aún éramos novios cuando me empecé a enrollar con ella.
—Vaya, ¡Hasta que te dignas en aparecer! Y como si fuera poco tuviste el descaro de escribirle a esa cuando venías a traerme, a mí me dejaste en visto, ¡No es justo! — ya empieza con sus malditos reclamos.
— Sht, sht, pon los pies sobre la tierra. No te equivoques que tú no eres nadie en mi vida, eres una más del montón. Siempre supiste cual era tu lugar y sin embargo no te importó, ahora lo único que debe de importarte es que eres mi puta en turno. ¿No era eso lo que querías? — encojo los hombros como restándole importancia.
Abre la boca para decir algo pero al instante la vuelve a cerrar, tal parece que las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.
—Y-yo… — antes de que prosiga la interrumpo.
—Así que trata de no colmar mi paciencia porque bien sabes que puedo darte una patada y mandarte por un tubo, estás advertida Tamara.
Ella solo asiente y se remueve en el asiento, voltea a ver hacia la ventana, y yo, pues me dedico a mirar el camino y evitar un accidente.
— ¿E-estas molesto conmigo? — pregunta al cabo de unos minutos
Volteo a verla aprovechando que el semáforo está en rojo.
—Si. Odio que me hagas esas escenas ridículas a sabiendas que NO ERES MI NOVIA. — vuelvo a ver hacía el frente, el semáforo ya dio vía.
—Pero yo te amo. Por eso me entregué a ti y traicioné mi amistad con Mel, ¿Eso no te basta como prueba de mi amor por ti?
Apreté el volante con tanta fuerza. Hubo un enorme silencio, trate de retener las palabras, pero ya era demasiado tarde.
— ¿A ti qué te pasa? ¿Tienes mierda en vez de cerebro o qué? En ningún momento te puse una pistola en la cabeza, tú solita me abriste las piernas como la maldita puta que eres. No me vengas con sentimentalismo en estos momentos cuando sabes muy bien que somos puro sexo, que tú hayas sido tan estúpida para enamorarte de mí, no es mi problema. —
No tuve ni siquiera la amabilidad de ir a dejarla a su casa, la bajé a unas cuatro cuadras antes.

**

Hoy es mi noche volveré a conquistarla. Solo seremos ella y yo.
— ¿Cómo me veo? — hago una pose de divo frente a mi hermanita Lux.
—Te ves bien mono, hermanito. Segurito mi cuñada vuelve a suspirar por ti, por favor no lo arruines esta vez. — esta niña me llega a sorprender tanto, a veces parece más madura que yo.
—Ya me voy enana— intento besarla.
— ¡Oh mira quién habla! Él gigantón. No me beses, no me gusta que me babees. — me empuja hacia la puerta. —Si mamá pregunta diré que te fuiste con tus amigos, esos que no sirven para nada y regresas hasta mañana, obvio no diré que regresarás todo violado.
Ya fuera de casa solté una carcajada. Subí al auto y manejé directo al hogar de los Ripoll.
Conté el tiempo que me llevé y exactamente fueron treinta y cinco minutos. Cuando venía para acá mi chica me avisó que mis suegros fueron a Doncaster, quiere decir que nos podemos tardar todo el tiempo que queramos.
— ¿Tarde mucho? — sonreí como idiota.
—No, princesa. — Si supiera que acabo de llegar, pensé. — ¿Y mi beso? —
En el momento que iba a besar mi mejilla, voltee un poquito y me lo terminó dando en la boca. Muy bien Austin, vas bien.
Fuimos a cenar. Según yo todo estaba bien, resultó que todo estaba mal.
—Austin, hay algo que debo decirte.
Hice como si no supiera nada claro debo poner cara de ¿Qué pasa nena?
— ¿Dime, cielo? —
Trago grueso y empezó su labio a temblar. Coloqué mi mano en la de ella para darle apoyo.
—Ya no nos podemos besar más— hizo pausa —tengo n-novio— bajó la mirada.
La mano que tenía libre la hice un puño y tensé la mandíbula. Maldito Nick tus días están contados.
—Así y se puede saber ¿Quién es tu nuevo novio? Pensé que tú y yo lo estábamos intentando de nuevo, veo que me equivoqué.
Sus ojos se pusieron rojos y ella estaba a punto de llorar. Debía mantenerme fuerte pues yo no iba a ser el segundo en esta relación.
—Nick. El hermano de mi amiga Sophie. Entiende nuestra relación está rota y no podemos pasar por alto que nos hemos faltado el respeto. Por favor déjame al menos intentar ser feliz. Te quiero y tu lugar nadie lo va a ocupar te lo juro.
Sonreí como el guasón, como Chucky, como el gato Cheshire y como cualquier personaje malévolo, aquí es donde entro modo actor de películas de drama, tipo malvado.
—Está bien, si tú quieres ser feliz lejos de mí, lo acepto. Nunca más volveremos hablar y puedes estar segura que no voy a molestarte jamás.
Apreté con tanta fuerza los ojos para que pareciera que iba a llorar.
—Si ya terminaste de cenar voy a pedir la cuenta, así te dejo en tu casa y ponemos fin a nuestra historia Amelia.
Le hice de señas al mesero para que llevara la cuenta, ella solo me observaba sin decir ni una sola palabra. Mientras, yo tenía cara de perro abandonado, en un descuido me pique con los dedos los ojos y me salieron algunas lágrimas. Después de pagar salimos y nadie dijo nada, caminamos hasta el auto en completo silencio.
Al subir le di reproducir a la canción When I was your man de Bruno Mars, todo lo tenía fríamente calculado. ¿Qué si soy un maldito desgraciado? Lo soy, no pienso dejarle el camino libre a nadie.
Escuché como sollozaba y mi corazón se hizo de pollo, no podía abandonar mi plan, no en este momento.
—Lo hiciste a propósito ¿Verdad? — la vi de reojo.
— ¿Hacer qué? — mostré indiferencia.
—Poner esa canción, lo hiciste con intención.
—No todo gira alrededor tuyo, Amelia— le subí el volumen.
Ya no dijo nada al contrario se quedó pensativa, esboce una sonrisa de triunfo sabía muy bien que tenía una pelea interna.
—Aparca el auto un momento por favor— sonreí sin mostrar los dientes.
Aparque en una calle no tan transitada. Entonces me quité el cinturón de seguridad y me volteé para verla a los ojos.
— ¿Y bien? Para que me hiciste aparcar en esta calle, habla de una vez por todas.
Mis palabras eran frías al igual que mi mirada, ya había activado también el modo iceberg.
—Escúchame— tomó mi rostro entre sus manos —te amo como jamás imaginé amar a nadie, te amo porque a pesar que eres un estúpido me haces sentir muchas cosas.— inhaló y exhaló —pero yo quiero ser feliz tú me fallaste, me engañaste y eso no se olvida así por así.
Estaba en lo cierto le había fallado y de la peor manera no solo con Beth sino que también con Tamara, incluso le había pegado en algunas ocasiones enviándola al hospital. Quite sus manos de mi rostro me acomode de nuevo en el asiento y sin interrupción alguna manejé hasta su casa.
Al llegar aparqué, bajé y rodee el auto, todo se había ido a la mierda, mis dramas y mis tácticas no sirvieron de nada. Puse mi mejor cara de culo cuando abrí la puerta de copiloto, si quería quedarse con su Nick que se quedará, eso sí, que lo disfrute mientras pueda porque de un día para otro todo puede suceder.
—Aquí se separan nuestros caminos, ¡Gracias por todo! Espero un día perdones lo hijo de puta que fui. Te deseo mucha felicidad con tu novio Amelia, la misma felicidad que este miserable no pudo darte, un último favor cuando me veas ignórame.
Cerré la puerta para regresar al asiento del piloto y marcharme.
— ¡Austin! — volteé a verla.
— ¡Uhmm! — fue lo único que salió de mi garganta.
—No me pidas que te ignore, no me pidas eso por favor.
Si no quiere ignorarme es porque realmente si me ama. Debo hacer una pregunta y aunque no estoy muy seguro de la respuesta, dicen que el que no arriesga no gana.
— ¡Que cosas, no! Tú misma me dijiste que quieres ser feliz y lejos de mí, ahora dices que no te pida que me ignores ¿Dime quién te entiende? Porque yo no. —
—Por f-favor, no me... — la interrumpí.
—Voy hacerte una pregunta y piensa muy bien lo que vas a responderme, de eso depende lo demás. — asintió. —Elige ¿Nick o yo?
Parpadeó varias veces hasta hubo un momento en que pensé que se le quedarían trabados los ojos de tanto parpadeo.
—No puedo elegir entre tú y él. No me pongas entre la espada y la pared. — prácticamente ya lo había hecho en el restaurante.
—No te estoy poniendo entre la espada y la pared— negué con la cabeza —solo te estoy poniendo a elegir, no es muy difícil ¿O sí? Elige rápido que debo irme.
—Nick.
Escuchar esas cuatro letras hicieron que mi corazón inmediatamente subiera los muros de témpano de hielo que ella misma había derretido. No dije absolutamente nada en ese instante sabía que al hacerle esa pregunta corría el riesgo de no ser elegido. ¿Qué si me dolió? Me dolió como la mierda. Hasta que las palabras salieron por sí solas.
—Que seas feliz. Hasta nunca Amelia.
Intento detenerme agarrándome del brazo, me solté bruscamente como si el contacto de sus dedos con mi piel me hubiese quemado.
Esa noche no dije nada, no la vi de nuevo a los ojos, esa noche al irme fui a planear mi próxima jugada. Esa misma noche empezaba mi venganza, la venganza de Austin Parker contra Nick McGuire por arrebatarme el amor de Amelia Ripoll.
El cielo, las estrellas y la luna fueron testigos esa noche del nuevo pacto que hice con el mismísimo señor del mal. De mi solamente conocían lo que yo quería que conocieran.




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