Mi Peor Pesadilla

Capítulo 25

Amelia

Catorce días han pasado desde que Austin me puso a elegir. En ese momento me derrumbé por completo nunca estuvo en mis planes sacarlo de mi vida, lo único que le pedí fue que me dejara ser feliz ¿Acaso no tengo derecho hacerlo? Pero ¡Genial! Lo había alejado de una manera que me dolía hasta los huesos.
Y para colmo cinco días después pierdo mi empleo la razón que me dio el jefe es que fue por las quejas de los clientes, pero eso que se lo crea su abuelita. No es que fuera la mejor atendiendo a las personas, tampoco lo hacía mal.
Conseguiré otro trabajo, no me daré por vencida. Mamá piensa que quizá algún cliente se fue insatisfecho con mi trato y por eso pidió mi despido, pero ya hice memoria y no trate mal a nadie.
Mi móvil suena avisando un mensaje.
Desconocido:
¡Ten cuidado! Austin no es lo que parece, tiene un lado oscuro que tú no conoces, que pronto conocerás. No confíes en Tamara ella no es tu verdadera amiga.

Me quedé estática ¿Quién se atrevía a enviarme un mensaje anónimo? Pues un desconocido es obvio. Pero que rayos era eso de Austin no es lo que parece y del lado oscuro, no entendía nada. Lo más seguro es que me estuvieran jugando una broma. Sí eso, una broma.
Hay una persona que lo conoce como la palma de su mano y ella de seguro sabe que significa ese mensaje. No la llamé, ni le escribí, iba a ir directo a buscarla, sabía muy bien que ella no había ido a vacacionar a otro país y la encontraría en su casa.
¡Alto, ahí! Y bájale dos monos a tu show, amiguita.
Ahí también dice que Tamara no es mi verdadera amiga, ¿De qué se trata todo esto? Luego recordé las miradas que me daba en casa de Sophie y la conversación que escuché, hacía ya días que andaba muy extraña conmigo. ¿Será posible que? Oh no, no, no, no, no, alejé todo mal pensamiento de mi mente.
Iría en taxi hasta la casa de Jessica Ray, ella era la persona que podía despejar mis dudas. Durante el camino mi cabeza era un lío intentando entender lo que me habían querido decir o en todo caso alertar.
—Llegamos señorita. —
—Sí, gracias— le pagué y bajé lo más rápido que pude.
Las piernas me temblaban, estaba parada frente a la casa de los Ray y una vez que tocara el timbre no habría vuelta atrás. Reuní todas mis fuerzas y toqué ese botón, una voz del otro lado se escuchó.
— ¿En qué le puedo ayudar? —
— ¿Se encuentra Jessica? — parecía sicópata viendo para todos lados.
—Sí. ¿Quién la busca? — ¿En serio me estaban jodiendo? Porque no solamente me decían pase adelante y ya.
—Amelia. Dígale que necesito hablar con ella, es urgente— una vocecita en mi cabeza me dijo ¿Y los modales mija? —por favor, necesito verla— añadí.
—Esperé un momento señorita Amelia. — y ya no se escuchó ni el respirar.
En preciso momento mi móvil suena, un mensaje nuevo.
Desconocido:
Mantente alejada de Nick en las próximas cuarenta y ocho horas, no vaya ser tu suerte y su desgracia te arrastre a ti también. No busques respuestas porque tú misma causaste todo esto, despertaste al demonio y estas son las consecuencias igual a las de hace dos años o peor.

Me quedé agarrada de las rejas, sentía que todo me daba vueltas, aparte que no estaba preparada para escuchar una verdad que desconozco.
—Pase adelante y espere en el living por favor en un momento baja la señorita Jessica— solo asentí.
A los minutos estaba frente a mí una Jess sonriente que a los segundos puso una cara seria. Esta chica si podía ser bipolar cuando se lo proponía.
—Amiga, me dijeron que era urgente. ¿Qué pasa? ¿Estás bien? — ladeó un poco la cabeza para ver si me encontraba algún golpe o indicio de algo malo.
No encontraba las palabras para decirle lo del mensaje, tampoco sabía si estaba siendo paranoica o solo se trataba de una broma. Abrí la boca y la volví a cerrar.
La verdad era que no conocía ni la mitad a Austin. Sabía perfectamente que era un chico malo, recuerdo que el primer día que lo conocí me trató muy mal, siempre tuve la esperanza de que cambiara, al parecer nunca lo va hacer.
—Me enviaron estos mensajes— estiré mi mano con el móvil para que leyera los textos — ¿Tú qué sabes? Dime la verdad por favor. —
Jessica posó sus ojos sobre mí, volvió a ver la pantalla y de nuevo su mirada estaba en mí, en su rostro no había expresión alguna estaba completamente pálida.
—Yo… no sé nada— fue lo único que dijo.
—Mientes, claro que sí sabes o ¿Porque estás pálida a punto de llorar? —
Por más que intenté no logré que me dijera algo. Que estúpida fui al pensar que iba a encontrar respuestas con ella, es su amiga y nunca lo delataría.
Resignada me largué de esa casa con miedo y mil dudas en mi cabeza. Tuve el presentimiento que alguien me seguía y cuando volteé a ver no había nadie.
¿De qué desgracia me hablaban? ¿Porque me pedían mantenerme alejada de Nick? ¿Qué demonio y porqué lo desperté yo? Y si le llamaba a Austin quizá solo quizá podría responder a alguna de mis preguntas.
Le llamé tres veces y ninguna me contestó, decidí enviarle un mensaje, nada perdía con hacerlo.
Yo:
¿Podemos hablar? Por favor.

Me senté en la banca de un parque, la cabeza me dolía, todo me seguía dando vuelta y mis pensamientos eran una telaraña. Todo parecía ir en cámara lenta o era yo la que lo veía de ese modo, no lo sé.
Hasta que llegó su mensaje de vuelta.
Austin:
No. Estoy ocupado.

Tan fría y cortante su respuesta, nunca estaba ocupado para mí y si lo estaba, dejaba de hacer lo que estuviera haciendo para dedicarme su tiempo. Pero esta vez fue un rotundo NO.
Mi única esperanza quedaba en Alfred y él tampoco había salido del país. Me encontraba a tres cuadras de su casa así que sin pensarlo mis piernas tomaron vida.
Caminé a paso ligero y torpe, no me importaba tropezar con las demás personas y en ningún momento me disculpé por eso. Solo me interesaba encontrar las malditas respuestas.
Me faltaba una cuadra cuando divisé a lo lejos que Alfred salía de su casa era seguro que de salida iba. Empecé a correr hasta donde mis piernas me lo permitieron, como si en una maratón estuviera y necesitaba ganarla.
— ¡Alfred! Espera— grité cuando estaba por subir a su auto.
— ¡Hey, qué sorpresa! Mujer, cuanto llevas corriendo parece que te viniera siguiendo el mismísimo diablo— me vio con cara de sorprendido.
Logré normalizar mi respiración al mismo tiempo hablé.
—Necesito hablar contigo y es urgente, por favor eres la persona que me puede ayudar.
Curvó hacia arriba la comisura derecha de sus labios.
—Dime, ¿En qué te puedo ayudar? Estaba por salir, pero no importa eso puede esperar, vamos adentro y me cuentas qué sucede.
No me importó disculparme por detener su salida, no me importó nada y entre como flash a su casa.
Era la primera vez que entraba y se preguntarán ¿Cómo es que conozco donde vive? Fácil muchas veces acompañé a Austin a dejarle cosas a él, que nunca supe que eran.
—Siéntate, ¿Te ofrezco agua, café o quieres alguna soda? — su amabilidad era la que lo caracterizaba de los demás.
—Agua, está bien— se dirigió hacia la cocina. —Me han estado enviando mensajes desde hoy, para ser exacta fueron dos mensajes— volvió con el vaso con agua lo puso en la mesa ratona del centro del living y tomo mi móvil que se lo extendí con los chats.
Sus ojos se abrieron a más no poder parecía que se le iban a salir en cualquier momento, se pasó la mano por el cabello y dio unas cuantas vueltas en círculo.
— ¿A quién más le has mostrado estos mensajes? — preguntó de repente.
—No se los he enseñado a nadie.
Me vio fijamente como si buscara en mí alguna señal de que estuviera mintiendo.
—Bien— dijo después de unos segundos. —No sé quién sea él que te esté enviando esto, lo que sí está claro es que es alguien que estuvo presente y solamente estuvimos cinco personas esa tarde de hace dos años. Descarto a tres, pero estará muy difícil descifrar quién de los dos restantes es.
¿De qué me estaba hablando? Esto ya me estaba dando miedo.
— ¿Qué pasó hace dos años? — necesitaba saberlo.
Dudó por un instante y después como si haya pensado muy bien lo que iba a responder.
—Es algo que no te importa. Solo mantente alejada de Nick por ese tiempo, intentaré averiguar porque no tengo idea de que es lo que pueda suceder. Solo dime ¿Tú y Nick son más que amigos?
—Es mi novio. Austin me puso a elegir entre los dos.
— ¿Es en serio? — mostró preocupación —también imagino cuál fue tu respuesta y por ende ya más o menos entiendo porque te mencionan lo de hace dos años.
La verdad era que yo andaba más perdida que saber quién. Era como si hablara en chino.
Sacó su móvil y empezó a teclear en él, me limité a observar sus movimientos. De un momento a otro se escuchó como si un auto se hubiese aparcado afuera, en un ágil movimiento se paró tras de la ventana y con mucha cautela levantó un poco la cortina.
— ¡Mierda! — masculló —debes esconderte en mi habitación y por nada del mundo debes de salir, hasta que yo diga. Ahora sube rápido tercera puerta a la izquierda.
Subí lo más rápido que pude. Escuchaba como Alfred maldecía en bajito mientras tocaron el timbre.
¿Quién es esa persona que lo vino a buscar y por la cual me debo esconder? Al parecer guarda un secreto tan oscuro como la noche que voy a descubrir tarde o temprano.
—Amigo, ¿Acaso nos estabas esperando? — esa voz la conocía.
—No seas imbécil, ni que pudiera leer tu maldita mente y así saber cuándo me vas a visitar— parecía estar molesto.
—Estamos aquí porque Scott y Matt están dispuestos a volverme a ayudar hacer lo de hace dos años, solo necesito que tú y Jessica acepten, para estar los cinco de nuevo.
Me tape la boca para no gritar. Me estaba escondiendo de Austin de mi Austin, estaba hablando de los mismos años y ahora venía a entender porque Jess no me dijo nada, ella también está involucrada en lo que haya sucedido esa tarde.
—Es fácil, ya todo el plan está hecho para desaparecer a Nick McGuire, debe pagar por quitarle la mujer a nuestro amigo que digo amigo, a nuestro hermano Austin.
Si señoras y señores de la boca de Matthew o Matt Miller había escuchado que mi Austin va a desaparecer a Nick en cuarenta y ocho horas.
—Si tú nos ayudas te doy mi palabra de que dejo de acostarme con tu querida Tamara— ¡Auch¡ algo en mí se quebró, mi amiga y el amor de mi vida me han estado engañando.




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