Mi Peor Pesadilla

Capítulo 26

Austin

Mi plan estaba a la espera de ser ejecutado en dos días, ese era el lapso de tiempo que había decidido dar. Tuve que pagar una fuerte cantidad de dinero para que despidieran a Mel, iba a enseñarle que con un Parker no se juega.

—Jessica no quiere aceptar— habló Scott —dice que suficiente cargo de consciencia lleva ya, como para agregarle otro más.

—Así que Ray no está dispuesta a ayudarme.

Veremos de qué lado masca más la iguana.

Me ayudaba porque me ayudaba, si no era por las buenas era por las malas, porque quisiera o no hasta ella estaba salpicada de mierda.

Iba a tener que ir a visitarla para convencerla en persona, eso hará que me desequilibre un poco, para ninguno de mis amigos era secreto que ante Jessica soy tan débil, no puedo verla llorar, puedo gritarle por llamada, pero no frente a frente.

Primero tenía que ir con Alfred y daba por hecho de que si me ayudaría, ¿Por qué? Ya estábamos juntos en esto desde hace dos años. Y así fue, me dijo que sí podía contar con él, siempre y cuando me alejará de Tamara, es un romántico empedernido.

Salimos de casa de Alfred para dirigirnos a la de Ray.

— ¿Crees que Jessica, acepte? — en este momento hasta yo dudaba.

—No lo sé Matt. Intentaré convencerla.

En ese momento me llamó Amelia.

LLAMADA

—¿Qué quieres?

—Necesitamos hablar, te lo suplico.

—Tú y yo no tenemos de qué hablar. Si me disculpas estoy ocupado.

—Espera, te amo Austin y nunca me perdonaría si te pasara algo.

—Gracias. No te preocupes por mí que nada me va a pasar y si eso era todo, adiós.

—No, necesito verte, voy a terminar con Nick porque no es con quién quiero estar.

—Está bien, te llamo luego voy hacer unas cosas y después de eso nos vemos.

FIN DE LA LLAMADA

Esa llamada me dejó algo pensativo, podré tener cara de tonto, pero a qué realmente lo sea hay un gran abismo. Espero no quiera jugar conmigo porque haré que se arrepienta de haber nacido.

—Espérenme aquí en lo que hablo con Jess— los dejé en el living.

—Señor, sí señor— hizo un saludo raro, Matt.

Estaba tan familiarizado con Jessica que entraba y salía como si fuera mi propia casa, sus padres me trataban como un hijo más, al igual la servidumbre como si fuera parte de la familia.

—Josefina, podrías llevarle botanas y refrescos a mis amigos uno de ellos es Scotti. — le guiñe el ojo. —Por cierto ¿En dónde está Jess?

—Si joven en un momento. La señorita está en su habitación.

Me preparé mentalmente en lo que subía las gradas para generar presión en ella y no terminar diciéndole, te excluyó de esto.

Abrí lentamente la puerta y escuché unos sollozos por un momento estuve a punto de darme la vuelta, hasta que la vi en su cama estaba en posición fetal.

Me fui acercando poco a poco hasta quedar frente a ella. Tal parece que estuviera esperándome porque no se sorprendió, se limitó únicamente a observarme.

—Hasta mucho tardaste en venir— dijo de repente.

— ¿Acaso me esperabas? —

Se levantó, caminó hacia la puerta le puso pestillo y regresó a sentarse a la cama mientras jalé la silla giratoria y me senté en ella. Evadió mi mirada una y otra vez, no hablaba solo estaba ahí viendo un punto fijo en la habitación.

—Me dijo Scott que no me vas ayudar, ¿Es eso cierto?

—Si, aún no supero lo sucedido hace dos años. Eres mi amigo y te quiero, solo no estoy dispuesta a ayudarte otra vez.

Que ganas de mencionar lo ocurrido, tenía que hacer como yo borrón y cuenta nueva, pero no, tenía que complicar todo el plan con su maldita debilidad, con su cargo de conciencia que ni yo tenía.

—TÚ, NO ESTÁS EN PLAN DE ELEGIR JESSICA— la señalé con el dedo —ME VAS AYUDAR Y PUNTO. —

—Por una vez en tu puta vida Austin, déjame en paz y déjame tomar mis decisiones, no necesito que las tomes por mí. Te dije que NO y NO es NO. ¿O también me vas a ...? — no la dejé terminar porque la tomé por el cuello con una mano.

—Callate o te voy a callar a— levante la mano.

Empezó a llorar y vi en sus ojos miedo, miedo hacia mí, entonces me di cuenta que estaba encima de ella con una mano ahorcándola y con la otra levantada a punto de pegarle. ¿Era posible que estuviera dispuesto a pegarle a mi propia amiga? Estaba perdiendo la cordura y la ira me estaba cegando en totalidad.

—Perdóname nena— me bajé y la abracé —perdóname por favor.

Tocio finalmente y se sobo el cuello, en ningún momento me rechazó al contrario se quedó entre mis brazos y yo me aferre a ella como si mi vida dependiera de ello.

—P-por favor no me obligues hacerlo de n-nuevo Austin— habló con dificultad.




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