Amelia
Desperté en el nuevo apartamento de Austin, estiré la mano donde él debía estar acostado y estaba vacío.
¡Rayos! Se supone que no debía de haber salido.
Entre a bañarme rapidito, al salir me cambié y bajé a la cocina, para mí sorpresa no estaba ni en el living, ni en ningún lado.
Encontré una nota pegada en el refrigerador.
En el microondas está tu desayuno. Salí hacer unas cosas importantes, te dejo dinero para que compres almuerzo, no me esperes regreso por la tarde-noche. Te quiere. Austin.
Y junto a la nota había dinero.
¿Y ahora? Tenía que llamar a Alfred, el juro avisarme de cualquier cosa que sucediera y falta un poco más de veinticuatro horas para que todo se cumpla.
Uno, dos, tres, cuatro pitidos y no contestó, lo más seguro que este con Aus, volví a intentar unas tres veces más y no respondió.
Necesitaba saber cómo estaba Nick, terminé con él por su bien porque él merece un amor completo y no a medias como se lo estaba ofreciendo yo.
Caminaba de un lado a otro en el living, estaba nerviosa y asustada, por mi mente pasaban miles de cosas, con eso lo único que conseguía era aturdirme más. Tranquila, respira, inhala y exhala repetía sola como si fuera loca, pero nada funcionaba y comenzaba a desesperarme aún más.
Mi móvil empezó a sonar y en la pantalla me indicada una llamada de Jessica.
LLAMADA
—Hola.
—Mel, soy Jessica. Necesito verte rápido es sobre lo que viniste a preguntar el otro día.
—Estoy en el nuevo apartamento de Austin. ¿Conoces?
—Si, si conozco, pero no nos podemos ver ahí.
—¿Entonces?
—Escúchame bien, a dos cuadras de ahí hay un café, yo estoy cerca. Sal sin levantar sospechas con el portero y dile que irás a dar una vuelta.
—Jess, el portero ni me conoce.
—Es lo que tú crees Mel, estoy segura que Austin dejó instrucciones de que si tú salías inmediatamente le avisaran a él. Rodea la cuadra para llegar al café.
—Voy saliendo en este momento para allá.
—Otra cosa disimuladamente voltea a ver, si ves que alguien te sigue llámame, y lleva puesto tus audífonos como si escucharás música.
FIN DE LA LLAMADA
Empecé a buscar cámaras ocultas, pero no encontré ninguna, así que me puse los audífonos, busqué las llaves de repuesto que justamente estaban sobre la isla las agarre, tomé el dinero y salí del apartamento bajé por el ascensor con las piernas temblando.
Parecía bambi intentando caminar.
—¡Buenos días señorita! Disculpe ¿Va usted a salir?
Me animaba a decirle, no fíjese solo estoy probando el ascensor para ver si funciona bien y también vine hacerle compañía, pero nombre como cree no voy a salir.
—Si, voy a ir a dar una vuelta. — sonreí sin mostrar los dientes.
—Veo que encontró las llaves que el joven Parker le dejó por si usted salía. Que le vaya muy bien señorita Amelia y tenga usted mucho cuidado.
Al escuchar lo último no pude evitar tragar grueso, acaso era una advertencia.
—Gracias. Regreso en un momento— salí como alma que lleva el diablo.
Tal como me lo dijo rodeó la manzana y en un ágil movimiento veo a un chico que viene tras de mí, empecé a disminuir el paso para ver si se me adelantaba, pero lo mismo hizo él. No me quedó de otra más que llamar a Jess.
Me dio instrucciones de acercarme al parque y mezclarme entre las demás personas y funcionó porque lo perdí de vista. Cansada llegué al café por más que busqué con la mirada no encontraba a Jéssica, claramente ella me dijo que ya estaba aquí.
Veo como una chica pelirroja levanta la mano, lleva unas gafas de sol, su cabello es extremadamente rojizo, lacio y largo, fruncí las cejas en modo confusión, llevaba un traje de esos que usan las mujeres que son dueñas de alguna empresa y labial color corinto, esa chica era la misma Jess disfrazada de ejecutiva. Me costó mucho reconocerla llevaba muchas capas de maquillaje.
—Linda peluca— sonreí.
—Tocó vestirme así si quería hablar contigo. Austin desaparecerá hoy a Nick, adelantó el plan.
Me quedé estática. Mi cabeza no procesaba esa información, Nick no puede morir y yo lo voy a impedir. Haré todo lo que esté en mis manos.
— ¿Cómo hago para impedirlo? — Ella hizo un gesto.
—Tu no harás nada. Seré yo quien lo impida, solo necesito que estés cerca con el auto que te voy a dar, compré un boleto con destino a Canadá para él, después de lo que haré no puede quedarse aquí. — hizo una pausa. —Ayer al enterarme, le pedí ayuda a mi papá, se irá con otro nombre.
Esto no podía estar pasando, porque seguir con el plan si ya estaba con él de nuevo, es algo que no iba a comprender.