Mi Peor Pesadilla

Capítulo 37

Amelia

Dos meses después.

Mis amigas y hermanos me convencieron de no dejar el instituto, había conseguido trabajo en una librería le ayudaba a Greta la dueña a ordenar o atender a las personas que llegaban en busca de un buen libro para leer, eran tres horas las que trabajaba, me pagaba muy bien, entraba a las cuatro de la tarde y salía a las siete de la noche lo mejor de todo que no me quedaba lejos, le había pedido a Jess que retirara la seguridad y el chófer pensando que nada me podía pasar.

Siempre que me encontraba al padre de mi hija trataba de ignorarlo, cuando me enviaba mensajes me limitaba a responder lo necesario, mis amigas han estado todo este tiempo apoyándome, eso se los agradezco mucho.

Iba en el taxi de camino al apartamento este día había amanecido con un mal presentimiento se lo comenté a Skyler quien me dijo que cualquier cosa no dudará en llamarla o llamar a la policía, seguro son tonterías mías y nada malo va a pasar.

Ya estaba frente al edificio así que le pagué al taxista para poderme bajar, en ese momento presentí como si alguien me estuviera controlando de lejos, vi para todos lados y no observé nada que me hiciera sospechar.

Llegué a mi apartamento dejé mis cosas del instituto para subir a cambiarme de ropa, al bajar tome una manzana y mi bolso que uso para ir a la librería. Al poner un pie en la calle volví a sentir esa sensación de estar siendo observada no le puse mayor importancia y seguí mi camino hacia mi trabajo.

— ¡Buenas tardes Greta! — saludé en cuanto entre a la librería.

— ¡Buenas tardes Amelia! — devolvió el saludo.

Se encontraba cobrando algunos libros así que me dispuse atender a unos chicos que veían la estantería. Después de tanto pensar dispusieron cuáles se iban a llevar cada uno, pasaron a caja mientras empaquetada los libros.

—Niña desde que entraste te noto extraña y ahora no dejas de ver para afuera ¿Todo está bien? —

Greta es una señora de cuarenta y cinco años desde que me vio la primera vez cuando vine a solicitar trabajo me tomo confianza y no le importó que estuviera embarazada. Tiene dos hijos uno estudia medicina y la otra estudia auditoría las pocas veces que los he visto se han portado muy bien conmigo.

—La verdad desde la mañana cargo un mal presentimiento, cuando bajé del taxi que venía del instituto sentí que me observaban y al salir de nuevo para acá tuve la sensación de ser perseguida, tal vez sean cosas mías.

—No niña, debes poner atención a eso sobre todo por los antecedentes del padre de tu hija, hoy le diré a mi hijo que te vaya a dejar, por favor prométeme que te cuidarás. —

Se lo prometí no quería estar más preocupada así que di por terminado el tema.

La hora de salida se iba acercando algo dentro de mí me decía que iba a tener que correr por mi vida y por la vida de mi bebé.

La campanita que indicaba que alguien había entrado sonó, era un chico alto, cabello castaño oscuro, ojos cafés y algo robusto, en cuanto lo vi un escalofrío recorrió por todo mi cuerpo. Recorrió los estantes y se detuvo en la sección de misterio ahí estuvo observando libro por libro, de un momento a otro se encontraba viéndome fijamente.

— ¿Tú trabajas aquí o solo ayudas? — acaso era algo que importaba, no claro que no.

—Si, aquí trabajo— mi respuesta fue cortante.

—Pronto nos volveremos a ver, Amelia— dicho esto salió.

Este hombre me conocía y sabía mi nombre, vi mi reloj faltaban diez minutos para poder irme a casa.

No le comenté nada a Greta porque sabía que insistiría en que su hijo me fuera a dejar, llegada la hora me despedí y salí casi que disparada. No voltee a ver para atrás en ningún momento hasta que sentí que alguien iba muy cerca de mí estaba por pasar un callejón que apenas tenía iluminación como pude le envié un mensaje a Skyler con mi ubicación, sentí que me empujaron gracias al cielo no perdí el equilibrio, mi instinto fue correr lo más rápido que mis piernas y embarazo me permitieron, gritaba que me ayudarán para mi mala suerte la calle estaba desierta, me estaba cansando de correr sentía que fuerzas ya no tenía y empezaba a ver borroso.

Al ver para atrás pude darme cuenta que había perdido al hombre que me perseguía, corrí un poco más hasta llegar a un área iluminada ahí me quedé parada tratando de recuperar mis fuerzas, mis piernas me temblaban y mi respiración era entrecortada.

— ¡Aquí estás preciosa! — esa voz la conocía.

Hasta que lo tuve frente a frente me di cuenta que era el chico que había llegado a la librería ahora la pregunta del millón era ¿Qué quería de mí?

— ¿Q-quién eres y por qué m-me persigues? — tenía miedo al ver que en la mano llevaba un cuchillo.

Esbozo una sonrisa maquiavélica de nuevo ese escalofrío recorrió mi cuerpo sintiéndome presa de un felino del que posiblemente no pueda llegar a escapar.

—Si sabes rezar, entonces hazlo porque de aquí no sales con vida, encomienda tu alma y la de tu hija. No tengo nada contra ti, pero hay una persona que desea verte muerta, eres muy hermosa lástima que tengo que mandarte para el otro mundo.

Vi las luces de un auto que se iban acercando sin pensarlo dos veces corrí para ponerme a salvo, fue un gran error haberlo hecho porque tropecé con mis propios pies después de eso no vi más claridad sino más bien todo se volvió oscuro.




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