✨ Capítulo 6
La distancia no siempre separa
Mi pequeña Aby — Brizza
El campus era perfecto.
Demasiado.
Edificios antiguos, normas claras, horarios estrictos y un clima que invitaba a encerrarse. Para todos los demás, era un privilegio. Para mí, solo otro lugar donde aprender a estar solo sin que nadie lo notara.
Me adapté rápido. Siempre lo hacía.
Clases exigentes. Profesores que veían en mí al apellido antes que a la persona. Compañeros que me respetaban sin conocerme. El heredero Porter encajaba sin esfuerzo.
Connor… no tanto.
Amalia fue la constante inesperada.
Llegaba sin avisar, como si temiera que darle tiempo a pensarlo pudiera hacerme cambiar de opinión. Traía comida casera, libros que creía que me gustarían, y ese silencio suyo que no exigía nada.
—No tienes que venir tan seguido —le dije una vez.
—Lo sé —respondió—. Pero quiero.
Nunca me pidió que le contara cómo estaba.
Solo se sentaba conmigo.
Y eso bastaba.
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Las primeras vacaciones llegaron antes de que pudiera prepararme para ellas.
La casa olía igual que antes. A hogar. A cosas que permanecen.
Aby me esperó en la puerta, más alta, con el cabello recogido de otra forma y una seguridad nueva en la mirada.
—Tardaste —dijo, fingiendo reproche.
—Tú creciste —respondí.
Sonrió, satisfecha.
Mi hermano que ya caminaba. Se aferró a mi pantalón como si me conociera de toda la vida. Amalia lo observaba con esa sonrisa tranquila que ya no me dolía tanto.
Ya no.
Las vacaciones se llenaron de rutinas nuevas.
Aby hacía preguntas más difíciles.
Mi hermano aprendía palabras nuevas.
Yo me acostumbraba a volver.
Una tarde, mientras los veía jugar en el jardín, entendí algo que me tomó años aceptar: el tiempo no había borrado nada. Solo lo había transformado.
—¿Vas a quedarte más esta vez? —preguntó Aby.
—Todo lo que pueda.
—Siempre dices eso.
—Porque siempre es verdad.
Me creyó. O quiso hacerlo.
Volver al campus fue más difícil de lo que esperaba.
La ausencia ya no era un estado natural.
Era una herida abierta.
Amalia siguió visitándome. Menos seguido, pero igual de presente. Hablábamos de cosas simples. De Aby. De Benjamín De lo que no sabíamos cómo nombrar.
—Estoy orgullosa de ti —me dijo una noche, antes de irse.
No respondí.
Pero no olvidé.
Los años pasaron así.
Idas y vueltas.
Vacaciones que llegaban y se iban demasiado rápido.
Aby creciendo entre cartas que ya no eran dibujos y llamadas que duraban más de lo previsto.
Dejó de preguntarme si volvería.
Empezó a preguntarme cuándo.
Y eso…
eso era cada vez más díficil de contestar.
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Editado: 02.03.2026