Mi Pequeña Aby

Capítulo 9

✨ Capítulo 9
Las preguntas que desarman
Mi pequeña Aby — Brizza

La pijamada no fue planeada.
Nunca lo eran con Aby.

Simplemente apareció en la puerta de mi habitación, descalza, con una manta doblada bajo el brazo y esa expresión suya que mezclaba inocencia con determinación.

—No puedo dormir —anunció—. Y tú tampoco.

No era una pregunta.

Suspiré, pero me hice a un lado.

—Sigues entrando sin permiso.

—Sigo siendo yo —respondió, satisfecha.

Se sentó en el suelo, apoyándose contra la cama, como había hecho cuando era niña. La escena era tan familiar que dolía. Me senté frente a ella, cruzando las piernas, imitando un ritual que creí olvidado.

—¿Emily se va a quedar mucho tiempo? —preguntó, directa.

Ahí estaba.
Aby nunca rodeaba las cosas.

—No lo sé.

—Siempre dices eso cuando no quieres responder.

Sonreí de lado.

—Has aprendido demasiado.

—De ti.

Guardó silencio unos segundos. Luego se envolvió mejor en la manta.

—¿Eres feliz?

La pregunta cayó sin aviso.

Miré el piso. Pensé en el campus, en los títulos, en las reuniones interminables. Pensé en Emily. En el apellido Porter.

—No infeliz —dije al fin.

—Eso no es lo mismo.

Negué con la cabeza.
Nunca podía engañarla.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Eres feliz lejos?

—A veces —respondió—. Cuando cocino. Cuando Amalia me llama solo para saber si ya comí. Cuando vienes.

Me miró entonces, con una intensidad que no recordaba.

—Porque contigo aquí… es distinto.

Sentí el golpe en el pecho. No dolor. Reconocimiento.

Nos quedamos hablando hasta tarde.
De cosas pequeñas.
De recuerdos que compartíamos solo nosotros.

—¿Te acuerdas cuando me prometiste que no te irías nunca? —preguntó, con una sonrisa ladeada.

—Tenías seis años.

—Y tú mentías peor que ahora.

Reí. De verdad.

—Nunca fue una mentira.

Aby apoyó la cabeza en mi rodilla. El gesto fue automático. Antiguo. Peligroso.

—Connor…

—¿Sí?

—¿Por qué no hablas con nadie como hablas conmigo?

Tragué saliva.

—Porque contigo no tengo que ser nada.

—Entonces no cambies eso —susurró—. El mundo ya te pide demasiadas cosas.

Cerré los ojos un segundo. Solo uno.
Pero fue suficiente.

Cuando el cansancio finalmente la venció, se quedó dormida allí mismo. La cargué con cuidado y la acomodé en su cama, cubriéndola como tantas veces antes.

Me quedé mirándola más de lo debido.

Ya no era la niña frágil de corazón nuevo.
Era la mujer que el mundo empezaría a ver.

Era Aby.
La única persona capaz de hacerme bajar la guardia sin pedirme explicaciones.

Y eso…
eso era lo que más miedo me daba.

Porque por primera vez, entendí que mi mayor debilidad
no era el legado Porter.

Era ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.