Mi Perdida De Tiempo

POR MIA:

Voy hasta el cuarto de Jeremy. La incertidumbre de saber quién es la persona que vino a buscarlo me invade; los celos y la posesividad me atacan.

¿Y si es ella quien vino a buscarlo?
¿Y si vino a luchar por el magnífico hombre que tuvo la dicha de conocer?

Si fuera ella, no dejaría que me lo arrebataran tan fácilmente. Yo no estaba dispuesta a ceder ante nadie.

Me vestí con unos shorts y una remera de Jeremy, ya que no tenía ropa limpia para ponerme. Todo me quedaba muy grande, pero no me importaba. La necesidad de salir de aquel lugar rápidamente se imponía por sobre la imagen que iba a mostrar. Si tenía que salir y pelear por él, lo haría sin dudarlo.

Fui rápidamente al baño, me acomodé la larga melena con las manos sin darle mayor importancia, me cepillé los dientes y lavé mi cara. Sin más preámbulos, salí de la habitación para enfrentarme a lo que fuera que me aguardaba en la sala de estar.

Siento varias voces mientras me dirijo con paso seguro hasta allí y quedo estática al ver a los padres de Jeremy, que se voltean hacia mí con caras de asombro y una expresión de preocupación en sus rostros. Jeremy, al notar mi incomodidad, viene a mi rescate: me pega a su costado, estrechándome con fuerza, y me guía para quedar frente a ellos.

—Papá, mamá… Mia y yo estamos juntos. Esperamos que puedan darnos su apoyo y su bendición, pero aunque no sea así, nadie va a poder interponerse entre nosotros.

Lo dijo de manera segura, mirándolos a los ojos, sin aceptar réplica alguna.

—Hijo, no puedes tirar a la basura una relación tan segura y estable como la que tenías con Samanta por algo que no tiene futuro.

Dijo su madre, mirándome con súplica en los ojos, tratando de hacernos entrar en razón. Eso me enfurecía muchísimo. ¿Quién se creía para venir a imponer sus pensamientos entre nosotros? No necesitábamos su aprobación, pero conocía a Jeremy como la palma de mi mano y, para mi pesar, sabía que él siempre buscó la validación de sus padres. Aunque sabía que me pondría primero antes que a nadie, no me gustaba ponerlo en una situación tan comprometida.

Quitando los nervios de mi voz, tratando de sonar segura y armándome de valor, hablé:

—Lamento no estar de acuerdo con ustedes, pero el futuro es incierto para cualquier persona. Nosotros nos amamos y queremos estar juntos. Sé que para Jeremy es importante su aprobación porque los ama muchísimo, y sé que ustedes también lo aman a él. Por eso deben poner la felicidad de su hijo por encima de todo. No pueden obligarlo a estar con alguien que no lo haga feliz.

Jeremy apretó suavemente mi brazo, dándome ánimos, mientras me miraba con mil emociones en sus hermosos ojos y una sonrisa demoledora que me hacía temblar de pies a cabeza. Seguí hablando sin apartar la mirada de él.

—En este momento sé que él es mi felicidad. Voy a intentarlo todo para que sea feliz a mi lado el tiempo que esto dure. No les puedo asegurar que será eterno, porque nadie puede estar seguro de ello, pero me comprometo a amarlo, sea el tiempo que sea.

El padre de Jeremy, que se había mantenido al margen observando la escena sin mostrar emoción alguna, sonrió de forma genuina ante mis palabras. Se acercó y abrazó a su esposa antes de hablar, con una felicidad evidente.

—Cariño, no creímos vivir lo suficiente para ser testigos de este momento. Siempre supimos que nuestro hijo te amaba profundamente, pero también sabíamos que tú no aceptarías tan fácilmente estar a su lado. Eres un alma libre, llena de vida y felicidad. Claro que aceptamos esta relación y nos llena de alegría poder ser testigos de todo esto. ¿Verdad, amor?

Dijo mirando a su esposa, que aún se mostraba algo reacia.

—Solo espero que seas sincera, Mia. No queremos que el futuro de nuestro hijo esté arruinado por algo pasajero. Si de verdad estás dispuesta a darlo todo por él, nosotros no pondremos objeción… Quizás es momento de que leas la carta que dejó Samanta para ti.

Dijo su madre, mirándolo con seriedad, para luego agregar:

—No tienes nada de qué preocuparte. Samanta canceló la fiesta y avisó a todos los invitados. No sé qué habrá sucedido, hijo, pero esa chica sí que estaba enamorada. Se le notaba en los ojos cuando se despidió.

Terminó de hablar mientras tomaba su abrigo y su cartera para salir del lugar, dándonos una última mirada cargada de molestia.

El padre repitió la acción, tomando su abrigo, pero antes de marcharse nos dio un cálido abrazo a cada uno mientras se despedía.

—Chicos, no le presten atención. Después de todo, ella se había entusiasmado muchísimo con la boda y los preparativos. Era algo que queríamos desde hace mucho y se nos estaba cumpliendo un gran sueño. Es normal que se sienta mal con todo esto, pero se le pasará pronto.

No pude decir nada. Después de todo, tenía derecho a sentirse así conmigo. Era más que evidente que yo no inspiraba confianza cuando se trataba de una relación seria, pero estaba dispuesta a cambiar su opinión. Amaba a Jeremy y lo haría por él.

Sentí sus manos en mi cintura; me abrazó por detrás y depositó un beso en mi mejilla para reconfortarme. De verdad funcionaba. Tenerlo cerca, sentir la calidez que emanaba su cuerpo, me hacía sentir protegida y segura. Me olvidaba de todo con un simple roce suyo.

—Vamos a sentarnos, así leemos esta carta y salimos de dudas.

Nos dirigimos al sofá más grande. Se sentó y luego me jaló suavemente para acomodarme sobre sus piernas, rodeándome con sus fuertes brazos. Yo me acurruqué contra él mientras comenzaba a leer la carta:

“Mi querido Jeremy:

Necesito expresar lo que mi corazón ha sentido durante todo este tiempo. A estas alturas, ya debo estar regresando a mi país; de verdad no tuve el valor de despedirme de ti en persona.

Quiero confesarte que me he enamorado profundamente. Sé cuáles eran las condiciones de nuestro acuerdo, pero sobre el corazón y los sentimientos —tú mejor que nadie— sabes que no se puede mandar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.