Mi piedra preciosa

Corriendo a la empresa

Prólogo
Esta es la historia de una mujer cuya belleza y riqueza parecen infinitas. Todo lo que desea, lo tiene... menos una cosa: la felicidad. No la dejan tener pareja, nunca ha tenido un amor verdadero, pero bueno... que sea a través de esta historia que ustedes se enteren de su destino.
​Capítulo 1: El brillo de la discordia
​Era un día espectacular, de esos en los que las ganas de hacer de todo y la felicidad invaden los corazones. La joven Mía, nuestra protagonista, ya estaba acostumbrada a su soledad amorosa, pero siempre se decía a sí misma que debía seguir adelante.
​Esa mañana se duchó y se arregló muy fashion para ir a la empresa. Bajó con mucha prisa las escaleras de su hogar, "La Mansión Serrano Vílchez", donde afuera la esperaba el transporte como de costumbre. Su "Nona del alma", la señora María Gabriela Landaeta, le dio un beso de despedida.
​—Que Dios te bendiga, hija. Te espero para que salgamos a comprar los trajes de esta noche —dijo la Nona.
—¿Qué trajes, Nonita? —preguntó Mía, distraída.
—¡Los trajes de la fiesta de esta noche! ¿O ya olvidaste que tu madre celebra hoy el triunfo de su nueva colección de joyas?
—Ay, sí, Nonita, ya lo olvidaba. Pero bueno, sabes que no tengo muchas ganas de estar presente.
—Pero tienes que estar —insistió la Nona con firmeza.
—Sí, haré lo posible. Hablamos más tarde, mira la hora que es, y no porque mis padres sean los dueños voy a estar llegando tarde. ¡Bendición!
—Dios te bendiga, hija mía.
​Mía salió a toda prisa, encontrándose con el típico colapso de carros. Mientras tanto, en la empresa todo marchaba a mil por hora: diseñadores de aquí para allá y un movimiento frenético. La señora Evangelina Vílchez de Serrano y su esposo, Mauricio Alejandro Serrano, esperaban impacientes a su hija.
​—Por eso es que no quería que Mía Alejandra fuera la creadora de este proyecto —sentenció Evangelina con amargura—. Como siempre, es una irresponsable.
—Ya, Evangelina —replicó Mauricio—. Tú más que nadie tienes que reconocer el talento de nuestra hija. No se hable más del tema.
​En ese momento llegó Mía con mucha alegría:
—¡Papi! —exclamó dándole un fuerte abrazo.
—Mi amor, ¿dónde te habías metido? —preguntó Mauricio con ternura.
​Su madre, con mucha ironía, intervino:
—Sí, ¿dónde estabas metida? ¿Cómo ahora te la das de importante?
—Ya, mamá. Había un tráfico enorme, ¿qué querías que hiciera? ¿Qué pasara por encima de todos?
—Ya, Eva, me tienes harto de todo esto —cortó Mauricio—. Vamos a revisar los diseños y ya, por favor.
—Sí, papi, vamos.
​Pasaron las horas revisando las joyas para sacar las más bellas y costosas para la exhibición. Todo marchaba de lo mejor. Al llegar la hora del almuerzo, Mía se reunió con sus mejores amigas, Karen Ramírez y Estefanía Salas, dos chicas completamente diferentes.
​Karen es sencilla, tierna y delicada al hablar; es bella, un diamante en bruto que oculta su belleza tras un uniforme cubierto por un jersey y el cabello siempre recogido en forma de cebolla. Estefanía, por el contrario, es muy sexy y liberal; vive soltándole los botones al uniforme para mostrar sus "razones de vida". Usa minifaldas, es esbelta y muy lanzada. Su lema es: "Vive todo lo que puedas y como quieras, porque nunca sabes cuándo dejarás este mundo".
​Mientras almorzaban, llegó el más "sobrado" de todos: "Jobi" (Jobanny).
—¿Cómo están, nenas? —saludó con arrogancia.
Las chicas se rieron.
—Sé que mi presencia les causa alegría, pero lamento decirles que solo pasé a saludarlas.
—Gracias, Jobi, gracias —respondió Mía con sarcasmo.
​Jobi se retiró y Estefanía, siempre pícara, soltó:
—¿Cómo será Jobi en la cama?
—¿En dónde tienes la cabeza, chica? ¡Tú estás loca! —le reclamó Karen.
—No sé, no sé... —rió Estefanía.
—Bueno, chicas, yo las dejo —dijo Mía levantándose—. Necesito hablar con mi hermanito.
—Vale, hasta luego —se despidieron.
​Antes de irse, Estefanía le gritó:
—¡Dile a tu hermanito que estaré disponible para él toda la vida!
Mía solo movió la cabeza, se despidió de sus amigas y se fue.
​Camino a la oficina de su hermano, Mía se topó con el villano de este cuento: "Chilo" (Cecilio Durán). Bello, bien vestido, el hombre perfecto ante los ojos de todos, pero con el corazón de piedra. Todas lo desean, pero él solo desea a Mía... y el poder. Es el administrador de la empresa y su trabajo es impecable porque, según él: "Tengo que hacer que la empresa tenga muchos frutos para que, cuando me case con Mía, no nos falte nada".
​Al verla, Chilo le dijo con voz provocativa mientras le agarraba el brazo:
—Hola, Mía...
Ella se le acercó con ganas de matarlo y le sentenció:
—Que sea la primera y la última vez que me pones un dedo encima. ¿Me escuchaste?
​Mía se soltó bruscamente y se fue. Chilo se quedó sonriendo, viéndola alejarse:
—Algún día serás para mí —murmuró.
​Mía continuó su camino hasta donde su hermano, Alejandro Serrano Vílchez, quien es su adoración. Al verla, él le dijo:
—Hermanita linda... ¿Qué tal? ¿Por qué traes esa cara?
—El idiota de Cecilio, me cae tan mal... Pero estoy bien. Mira, aquí traigo todas las fotos de las joyas que estarán esta noche en exhibición. ¡Mira qué bellas!
—Están muy lindas —asintió Álex—. ¿Pero tú estarás presente?
—Creo que es lo correcto... ¿por qué lo preguntas?
—No, por nada. Allá estaremos.
​Por otro lado, en un apartamento muy colorido y bien acomodado, viven Anabella, Daniela, Salma y Olga: cuatro monumentos que vuelven loco a cualquiera. Anabella es secretaria de la señora Evangelina, Daniela de Mauricio, Salma de Mía y Olga de Álex.
​Y por si fuera poco, están sus vecinas envidiosas: Marta y Carlota. También son bellas, pero inconformes con todo. Trabajan como recepcionistas y su meta es conquistar al "papi" de Alejandro. Siempre están envidiando todo lo que sus vecinas tienen...



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En el texto hay: drama, piedras magicas, drama amor

Editado: 08.04.2026

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