Mi piedra preciosa

Capitulo 2, luces, sombras y un encuentro inesperado

Mía salió de compras con la Nona. Al entrar a una tienda, quedó deslumbrada por un vestido rojo que, de inmediato, supo que le quedaría perfecto a su amiga Karen. Mía prometió cambiarle el look a su mejor amiga; no se preocupó por Estefanía porque ya se imaginaba cómo iría: despampanante, como siempre. Al contrario, llamó a Estefanía y le pidió que viniera a la tienda "XXX", que necesitaba hablar con ella urgentemente, pero le advirtió que no le dijera nada a Karen.
​Cuando se encontraron, Mía fue directa:
—Vente, Estefanía, mira lo que vamos a hacer...
​Mía le contó todo el plan.
—Es una excelente idea —respondió Estefanía entusiasmada—. Yo le doy los últimos toques, ¿sí?
—Okey —asintió Mía.
—¿Qué se están tramando ustedes? —preguntó la Nona con curiosidad.
​Compraron un vestido espectacular: rojo, con toda la espalda afuera. ¡Ya se lo imaginaban puesto! Todos se estaban preparando para el magno evento. Mientras tanto, en la mansión, acechaba una sombra: Denis Vílchez, la prima de Mía. Denis odia a su prima y a sus amigas. Es adicta, pero en la mansión nadie lo sabe. Todo parece estar de maravilla en la superficie.
​Mía y Estefanía llamaron a Karen:
—Karen... necesito que te vengas para la mansión de Mía ya. Te vamos a arreglar —dijo Estefanía.
—Creo que no voy, porque no tengo un traje adecuado... —respondió Karen con timidez.
—Tranquila, despreocúpate por eso. Te esperamos aquí.
—¿Pero qué? De verdad no tengo nada que ponerme.
—Vente chica, vente que todo lo tenemos bajo control —sentenció Mía tomando el teléfono.
​Karen llegó y comenzaron a arreglarla. Al terminar, ella no lo podía creer; se veía espectacular, parecía una doncella.
—Les agradezco mucho lo que han hecho, amigas —dijo Karen emocionada.
—Tranquila, amiga. Relájate y disfruta —le respondió Mía.
—Parece mentira este cambio, aunque creo que me voy a resfriar con toda la espalda afuera —bromeó Karen.
—¡Ay boba! Yo soy tu consuelo... mírame a mí, me siento espectacular —soltó Estefanía con seguridad.
—¿Y tú estás lista? ¿Vas a salir así? —preguntó Karen asombrada.
—¡Claro! ¿Qué creías, chica? Lo bello se exhibe, así que ¡manos a la obra!
​La fiesta comenzó. La bienvenida estuvo a cargo de la familia Serrano Vílchez. Alejandro tomó el micrófono:
—Bienvenidos sean todos los presentes. Gracias por estar en nuestra quinta exhibición de joyas Vílchez. Esperamos que les guste y que disfruten al máximo esta noche preparada con muchas ganas para ustedes. A todos los empresarios, diseñadores y clientes que desean comprar alguna de nuestras joyas, por favor, tengan el placer de comunicárnoslo. Buenas noches y nuevamente, que disfruten. Gracias.
​La fiesta era de lo mejor: comida, bebidas y un trato cordial. De repente, apareció un "príncipe" espectacular, bien vestido y con una sonrisa de ángel. Llegó en un convertible negro; todos notaron su presencia. Las chicas se preguntaban entre sí: "¿Quién es ese tipo? ¡Guao, por Dios, qué hombre!". Él se presentó ante todos.
​—De verdad, mis disculpas por haber llegado tan inoportunamente —dijo el galán—. Familia Serrano Vílchez, cuando me enteré de esta exhibición de joyas, no quise por nada del mundo perdérmela y viajé directo hasta acá. Mucho gusto, mi nombre es Roberto Euli Piepoli Marcano, hijo del empresario que fue en vida el más importante en Europa: Roberto Eli Piepoli Montalbán. Dueños legítimos de la cristalería "Cristales de Luz" labrados a mano. Me gustaría quedarme y ver sus joyas... quizás llegaríamos a ser socios. Eso sí, si ustedes me lo permiten.
​Evangelina quedó sin palabras, completamente muda. Su reacción lo dijo todo: tomó de la mano a Roberto y lo presentó ante todos como un gran empresario. Entre sí, pensó: "Con este es que Mía se casará. Este va a hacer el hombre de mi hija... quiera o no quiera".
​Mía, al verlo, quedó flechada. Roberto continuó presentándose ante los empresarios, pero siempre con su cara bien en alto. Roberto la miraba también; no olvidaba esa mirada dulce y tierna. Evangelina, para saber si estaba comprometido, le preguntó:
—Y tu esposa y tus hijos... ¿Por qué para ser tan guapo y tener tanto dinero me imagino que tendrás a alguien, ¿no?
—Soy un hombre soltero —respondió Roberto con la respuesta que Evangelina quería escuchar—. Aunque quizás no sea por mucho tiempo.
​Evangelina se quedó pensando y continuó:
—¿Y estás de paso por aquí en Venezuela?
—No, tengo pensado ubicarme aquí en Caracas como empresario. Mis padres ya están muertos y soy hijo único. Además, este es un país lleno de muchas bellezas y, con las expectativas que tengo en mente, creo que me va a ir muy bien.
—Qué bien, te felicito —dijo Evangelina.
—Disculpe, ¿señora?
—Evangelina Vílchez.
—Evangelina Vílchez, ¿la joven que estaba con ustedes es su hija? —preguntó Roberto.
—Sí, se llama Mía y es una mujer encantadora. Es bellísima y también es diseñadora; casi todas las joyas que están en exhibición las ha diseñado ella.
​Roberto quedó flechado por tanta belleza. Mientras tanto, Mía estaba impactada, sin saber que Roberto se le acercaba. Estefanía, con una copa de champagne, la observaba.
—Mía, Mía... ¿viste? ¿Detallaste a ese príncipe? —dijo Estefanía llena de alegría.
Pero Mía no escuchaba; seguía viendo a Roberto.
—Amiga, por fin, esto es increíble —insistió Estefanía.
—¿Qué pasó? ¿Qué dices? —reaccionó Mía nerviosa.
—Mía, no me digas que te gusta el "príncipe"...
—¿Qué es Estefanía? Estás loca... ¿No lo ves? Que es un entrometido, llegó sin que lo invitaran.
—Pero pidió disculpas, amiga... y dos veces. Además, tu madre anda de gancho con él presentándolo a todo el mundo.
—Deja de estar diciendo locuras y ocúpate de lo que debes —sentenció Mía—. ¿Dónde está Karen?
​Mía estaba muy nerviosa. Olga y Daniela se fueron al baño a retocarse y conversaban sobre Roberto.
—¿Hablas del tal Roberto? Está buenísimo, ¿verdad? —dijo Olga.
—¿Cuánto quieren perder a que me lo llevo a la cama hoy mismo? —desafió Daniela.
Las demás murmuraron: —Por Dios, Daniela... ubícate. ¿Qué le puede gustar de ti?
—No es mala idea —añadió Olga—. Hagamos un trato: la que se acueste primero con él tendrá un mes sin pagar nada en el apartamento. ¿Quién se une?
​Todas aceptaron. Mientras tanto, afuera, Tadeo, un chico humilde pero bueno y muy enamorado de Karen, intentaba acercarse a ella. Mía y Estefanía estaban escondidas detrás de unos muros viendo la escena.
—¡Miren a Karen pues! —susurró Estefanía.
—Cállate, mejor nos vamos —dijo Mía.
—Ay no, vamos a esperar el beso...
—Vámonos, chica... necesito contarte algo.
​Cuando iban hacia la mansión, a Estefanía la invitaron a bailar y ella no se negó.
—Está bien, pero no te vayas a perder —le dijo Mía—. En lo que termines subes, te espero en mi cuarto.
​Camino a su cuarto, Mía encontró a su prima Denis en el piso, pasada de droga y sin conocimiento.
—¡Denis! ¡Denis! ¿Qué tienes? ¡Auxilio! ¡Es Denis, por favor ayúdenme! —gritó Mía desesperada—. ¡Denis se está muriendo, no reacciona!
​Nadie la escuchaba por el ruido de la fiesta. Mía bajó corriendo e interrumpió a su madre, que hablaba con Roberto.
—Discúlpeme, mamá... Denis está muy mal. No reacciona.
—¿Qué dices? ¿Dónde está? —reaccionó Evangelina.
—Está arriba, la encontré en el piso. ¡Vamos!
—¿Puedo ayudar? ¿Es grave? —preguntó Roberto.
—Gravísimo, es mi prima. ¡Vamos que no hay tiempo!
​Llegaron a la clínica. Mauricio, Alejandro y Mía esperaban noticias. Roberto se quedó con ellos dándoles apoyo. El doctor salió finalmente:
—La señorita Vílchez sufrió un ataque debido a una sobredosis —informó el médico—. Está estable, pero deben esperar a que pase a su habitación.
—¿Sobredosis? ¿Doctor, está seguro? —preguntó Mía en shock.
—Completamente.
—No puede ser... ¿será que alguien quiso abusar de ella? —intervino Roberto—. Ella no es una drogadicta.
—Lamento no estar de acuerdo —respondió el doctor—. Los estudios indican que tiene tiempo en esto de las drogas.
​La fiesta concluyó de la peor manera. Evangelina, furiosa por el "escándalo" y por ver su evento arruinado, despidió a los invitados con frialdad. Mientras tanto, en el otro lado de la ciudad, en un barrio humilde, la realidad era otra. Allí vivían dos familias: los López y los Pacheco. Nicki y Adán López, hijos de doña Agustina y Thomas, eran jóvenes trabajadores, pero siempre en conflicto con los hijos de doña Teresa: Tadeo, Linda, Cristóbal y Yorwin.
​Tadeo acababa de entrar a trabajar como chofer en la empresa Vílchez, mientras que su hermana Linda trabajaba en el cafetín de la misma empresa. Yorwin y Alfonso, por su parte, ayudaban a sus padres en un kiosco de empanadas. A pesar de las diferencias sociales, el destino estaba tejiendo hilos: Tadeo estaba enamorado de Karen, y Linda se deleitaba con la mirada de Alejandro.
​Mía y Roberto, por su parte, ya sentían que algo muy fuerte los unía, aunque ninguno se atrevía a decirlo. Evangelina estaba feliz de que su hija se casara con fortuna, pero Chilo... Chilo se moría de la rabia al ver al nuevo rival.



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En el texto hay: drama, piedras magicas, drama amor

Editado: 08.04.2026

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