Mi piedra preciosa

Capitulo 3 Entre traiciones y el Adiós

Pasan los días en la empresa, en el barrio, en la calle... Las ventas están buenísimas, pero Linda está muy triste porque Alejandro se va a casar con Carlota. Aunque lograron conversar y expresar sus sentimientos, no pueden estar juntos. Carlota, en las dos veces que estuvo con Alejandro, le aseguró que "ella se cuidaba", pero no fue así.
​Marta le exige a Carlota que desocupe el apartamento; no la quiere ver ni un día más allí. No soporta la idea de que Carlota esté embarazada del hombre que ella también quería.
—¿Qué te pasa, amiga? —respondió Carlota con ironía—. ¿Ahora vas a arrugar? Yo no tengo la culpa de ser más lista que tú.
—¡Te detesto! Me robaste lo que era mío. ¡Te largas inmediatamente! —gritó Marta fuera de sí.
—Tranquilízate y deja de hablar bobadas —sentenció Carlota tocándose el vientre—. Con esto que tengo aquí, no creo que me falte nada, y ya no voy a necesitar este apartamento.
—¿Estás embarazada de Alejandro? —preguntó Marta, horrorizada.
—Sí, querida. Y me caso dentro de unos días.
—Eres una perra... ¿Cómo te atreves a meterle un hijo al señor Alejandro?
—He estado con muchos hombres, no te lo voy a negar —confesó Carlota—. Pero estoy esperando un hijo de Alejandro Serrano y soy muy feliz. Ahora sí, me largo.
​Marta está llena de ira. Alejandro no se quiere casar y la señora Evangelina se muere de la rabia; por nada del mundo permitiría que su hijo se casara con la recepcionista. Hasta amenazó de muerte a Carlota, pero ella la enfrenta sin miedo.
​Mientras tanto, en la empresa la discordia crece. Las cuentas no dan y todas las sospechas caen sobre Jobi, el contador. Evangelina decide despedirlo, convencida de que él es quien roba, sin darse cuenta de que es Chilo quien está cuadrando todo para vengarse. Chilo no olvida que Evangelina le prometió que, si subía los números de la empresa, dejaría que él cortejara a Mía, algo que nunca cumplió.
​En un acto de crueldad, Evangelina le paga a unos hombres para que le den una paliza a Carlota, deseando que pierda al bebé. Su oscuro deseo se cumple: Carlota pierde al niño y la boda se cancela. Titi, la empleada del servicio, escucha a su jefa hablando por teléfono sobre el "trabajo" realizado y corre a contárselo a la Nona, pero se frena al ver a Alejandro allí.
​El Destino de una Joya
​Por otro lado, la vida parece sonreírle a Mía. Acepta a Roberto como novio; se aman, viajan y bailan. Son la pareja perfecta. Pero el destino tiene otros planes. Mía padece de una enfermedad terminal que ella misma ignoraba: Leucemia. Aunque había notado cambios, no les hizo caso hasta que los dolores de cabeza fueron insoportables.
​Al recibir el diagnóstico, Mía se sintió derrotada. Pidió repetir los exámenes, pero el resultado fue el mismo. El trasplante de médula no era opción; la enfermedad estaba muy avanzada. Se encerró en su dolor, disimulando con maquillaje su palidez para no preocupar a nadie. Finalmente, reunió a su familia para decirles que se casaría con Roberto... más vale tarde que nunca.
​Llegó el día de la boda. Mía lloraba incansablemente mientras se preparaba. Al entrar a la iglesia del brazo de su padre, se desmayó. Todos corrieron a socorrerla. En un susurro agónico, le dijo al oído a Mauricio:
—Papá, me estoy muriendo... me estoy muriendo.
​En la clínica, todos esperaban el diagnóstico. Evangelina, en su egoísmo, pensaba que Mía estaba embarazada y sonreía, creyendo que Roberto se vería obligado a casarse. Pero el doctor salió con cara de lamento.
—Por órdenes de la señorita, solo pasarán Roberto, Mauricio, la Nona, Estefanía y Karen.
—¡Pero yo soy su madre! —gritó Evangelina.
—Son órdenes de la señorita. Síganme, por favor.
​Al ver a Mía pálida y agonizante, todos rompieron a llorar.
—Ustedes fueron gran parte de mi vida y por eso los llevaré en mi corazón siempre —dijo Mía despidiéndose.
—Mi amor, ¿por qué hablas así? Es solo un desmayo —suplicó Roberto besándola.
—Me estoy despidiendo... perdóname por no haberlo dicho antes.
—La joven padece de leucemia avanzada —intervino el doctor—. Le queda poco tiempo de vida.
​La noticia destruyó a todos. Evangelina, al ver truncado su futuro de abuela rica, sufrió un infarto. Pasaron los meses y Mía regresó a su casa para pasar sus últimos días rodeada de amor. Recibía tratamiento, pero ya casi no tenía cabello y su luz se apagaba.
​El Reencuentro
​Un día, Mía se sintió más cansada que nunca. Pidió a la Nona que llamara a Roberto. Cuando él llegó, la encontró peor que nunca.
—Gracias por ser el mejor hombre del mundo —le dijo Mía entre lágrimas—. Jamás amé a nadie como a ti. Te deseo lo mejor, siempre estaré a tu lado... no lo olvides.
—Ya, mi amor, no te esfuerces más —respondió Roberto destrozado—. Siempre te tendré presente en mi vida.
—Bésame... por favor.
​Roberto la besó y, al segundo beso, Mía ya no respondió. La Nona, al escuchar los gritos de Roberto, subió corriendo y lo encontró llorando sobre el cuerpo de su amada.
—¿Por qué? ¡No me dejes, mi amor! —gritaba él.
​Mía murió amando a un buen hombre. La familia Serrano Vílchez quedó de luto; la prensa no hablaba de otra cosa. Pasaron ocho meses. Roberto, incapaz de seguir en Caracas sin ella, decidió regresar a Europa.
—Te puedes quedar aquí, eres de la familia —le ofreció Mauricio.
—Gracias, señor Mauricio, pero ya estoy decidido. Mañana mismo parto.
​Al día siguiente, camino al aeropuerto, Roberto iba distraído. De repente, antes de llegar, vio a una joven idéntica a Mía. Quedó en shock, casi se sale de la carretera. Paró su camioneta y cruzó la calle hacia una heladería. Buscó desesperado hasta que la joven salió del baño. Al verla, Roberto quedó mudo y, tartamudeando, le preguntó:
—Hola... disculpa... ¿trabajas aquí?



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En el texto hay: drama, piedras magicas, drama amor

Editado: 08.04.2026

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