Sentada allí, bajo las gradas, escondida, trataba de ocultar ese pequeño remolino incómodo en el estómago.
El problema no era nuevo.
El problema era que seguía siendo una idiota... soñando con algo imposible.
Dios, Kiara, eres tan estúpida.
Las lágrimas comenzaron a acumularse traicioneras....
—Cuatro ojos, ¿qué haces aquí? —la voz de Eduardo me sacó de mis pensamientos. Se sentó a mi lado.
—No tienes que molestar a otra hoy —le dije con sarcasmo, parpadeando rápido para borrar cualquier rastro de lágrimas.
—En realidad sí, pero... me gusta más molestarte a ti.
—Qué honor —respondí con ironía, acomodándome los lentes que ya estaban resbalando por mi nariz.
Se inclinó ligeramente hacia mí.
Y empezó a observarme.
No de una forma normal.
Como si me estuviera leyendo.
Su mirada recorrió mi cabello (la misma coleta de siempre), la pinza enorme sosteniendo mi pollina, mi cara sin nada especial.
Cuando terminó, rodó los ojos.
—¿Qué?
—En serio, ¿hasta cuando seguras escondiéndote? Ya sabes que es muy ridículo que una chica como tú esté detrás de un idiota que ni se da cuenta.
—Tú no me conoces.
—Te equivocas, Kiara.
Bajé la mirada hacia mis manos. Mis dedos empezaron a jugar entre sí, nerviosos.
Siempre pasaba lo mismo con él.
Aparecía de la nada... me provocaba... y terminaba confesándole cosas que no decía en voz alta ni a mí misma.
—No es tan fácil. Es mi mejor amigo... ¿Cómo aceptas que nunca te mire? Lo veo todos los días. Se ríe conmigo, me apoya, el es mi persona... es todo.
—Pero tú...
—Estoy muy enamorada de él, y no es pasajero enserio el me gusta mucho, no es solo un capricho.
Tragué saliva.
—¿Has escuchado lo que dicen? Que un beso puede abrir una grieta.
—No lo voy a besar, tiene novia y no piens...
Lo único que supe fue sentir sus labios estaban sobre los míos.
Sabes esas partes en las novelas donde la chica describe el beso como lento, donde el chico saborea sus labios... No me está pasando eso... porque los labios de Eduardo se apropian de los míos, ansiosos, con intensidad con ese anhelo de querer saciarse, como si estuviera bebiendo agua después de estar un mes en el desierto.
Siento como su mano sube a mi cabeza y me toca por el cuello como queriendo fundir su boca en la mía, siento como mordisque mis labios. Es intenso, Ansioso, Hambriento... Me envuelve y mi mente queda en blanco porque yo le respondo. El beso es... delicioso. Sabe exactamente qué hacer dónde chupar, dónde moderar, dónde pasar su lengua...
Me besa como si estuviera enojado conmigo.
Y lo peor...
Es que mi cuerpo responde antes que mi conciencia.
Mis manos se aferran a su camiseta.
No para apartarlo.
Sino para que se quede... para que su boca no deje de dominar la mía.
Cuando nos separamos para respirar, no lo hace del todo, queda rozando mi cara. Empieza a darme pequeños picos en los labios mientras nuestras respiraciones se calman.
No sé si fue el beso o que mi mente no conecta, pero suelto:
—Esta es la parte donde suena tu teléfono o alguien grita.
Eduardo se separa un poco de mi y parpadeó, confundido, sus manos bajan de mi cuello hasta mis hombros.
—¿Qué?
Y en verdad creo que mi cerebro dejó de funcionar o se fundió porque empiezo a hablar como loca:
—En las novelas, cuando el chico besa a la chica y van a decir algo, el teléfono siempre suena. Es algo tipo cliché que pasa para seguir al siguiente capítulo o ponerle más drama, pero a mí me parece que en la vida real no pasa eso ¿Sabes? Más bien se busca el segundo beso y...
Se rió.
De verdad se rió.
—Eres rara, cuatro ojos.
Cuando dice eso, ahora soy yo quien rueda los ojos, acomodando mis lentes que empiezan a estorba un poco siendo sincera.
—Nadie ha interrumpido —dice, acercándose otra vez a mi cara.
No digo nada pero trago un poco de saliva..
—Vamos por el segundo —sonríe con picardía.
—Pueden interrumpir, siempre funciona —digo tartamudeando.
¿Por qué dije eso?
—Me arriesgaré —dice y antes de poder decir algo mas, toma mi boca.
El segundo beso fue más lento, pero igual de intenso.
Sus manos subieron por mis brazos hasta mi cuello y se posaron detrás, jalándome un poco más hacia él.
No entendía qué se suponía que estaba pasando ni por qué le estaba siguiendo el beso... pero el besaba muy bien (DELISIOSO) y no era que yo era experto en beso pero solo e besado a dos chicos en mi vida.
Uno en una fiesta por un reto y el segundo fue un accidente con José.
El timbre del recreo sonó.
Nos separamos jadeando, tratando de recuperar el aliento. Yo rompí el silencio:
—Siempre sucede... —dije con una sonrisa nerviosa.
Él soltó una risa baja.
—Te veo más tarde, cuatro ojos.
—¿Por qué? —pregunté, confundida.
—. ¿Acaso no puedo verte más tarde? — me dijo levantando su ceja como si en verdad no creyera que yo estuviera preguntando eso.
—No, sí, claro —respondí como boba. Él volvió a reír.
—Ok, ahora tengo que irme corriendo porque si no, llego tarde.
Se levanto, extendió sus manos y me ayudo a levantarme tomo mi mochila y me la coloco en el hombro, y como si yo fuera su chica, soltó una enorme sonrisa, se inclinó tomó mi mejilla la acaricio y dejo un pecho pico en mis labios y salió corriendo.
Mi cerebro modo: error 0000. ERROR.
¿Pero qué mierda acaba de pasar?
¿Y por qué dejé que me besara?
TE ESTÁS VOLVIENDO LOCA, KIARA.
Me llevé los dedos a los labios.
Ardían.
Mis piernas las se sentían como gelatina.