Mi problema.

Capitulo 3: Dolor...

Salí de la dirección como alma en pena.
La profesora me miró con esa cara que decía claramente: estás metida hasta el cuello en problemas.

Yo sabía que me odiaba... siempre lo he intuido.

—Créela... —murmuré para mí misma mientras caminaba rápidamente.

Pero dejé de pensar en la profesora en cuanto lo vi.

Al culpable de que mi cabeza estuviera completamente distraída.

Estaba hablando con una chica.
Sonriendo.
Demasiado cerca.

Algo incómodo se apretó en mi pecho.

Ok... esto duele un poco.
Entiendo que no somos nada.
Que ni siquiera sé por qué me besó.
Pero, en serio...
¿solo pasó una hora?
¿Una sola... y ya estás coqueteando con otra?

No era nada.
No debía ser nada.

Pero aun así...
no pude evitar fijarme en cómo se inclinaba hacia ella, en lo fácil que le salía esa sonrisa.

Esa misma sonrisa.

La que hace apenas una hora había sido mía.

Tragué saliva.

Claro... ¿por qué no?
Seguramente para él no había significado nada.

Solo... un momento.
Uno más.

Creo que me quedé mirándolo demasiado tiempo, porque la chica le dijo algo y él se volteó.

Me vio.

Le dijo algo a ella y empezó a caminar hacia mí.

No lo dejé acercarse.
Antes de que llegara, me di la vuelta y me fui directo a la última clase.

Entré al salón de química.

Y sorpresa.

La novia de José.

Por favor, Dios... no quiero más drama en mi vida.

Pero no.
Claro que no.

Ella se acercó.

—¿Puedo sentarme contigo hoy?

—Claro —respondí.

Caminamos juntas y nos sentamos en los últimos asientos.

—José es un grandísimo idiota —dijo en voz baja, pero lo suficientemente alta para que yo la escuchara.

—Sí... es algo de fábrica en los chicos, parece —respondí irritada.

—Ja. Y lo peor es que se hacen los idiotas porque según ellos nunca hacen nada.

—Déjame darte la razón. Porque simplemente quieren complicar todo cuando una está en paz. No pueden... no sé... desaparecer.

Ella me miró y aplaudió suavemente.

—Son unos imbéciles.

Choqué su mano. Nos miramos... y reímos.

Cuando la risa se apagó:

—¿Estás bien, Natalia? —pregunté porque en su mirada se veía no se.. apagada.

Suspiró.

—Sinceramente no... tengo un problema. Y... eres tú.

Me quedé de piedra.

—¿Yo?

—Sí. Entiendo que José sea tu mejor amigo y lo respeto mucho. Pero... ¿no crees que es un poco cansado que estén encima del otro siempre?

QUE!!!!

—¿Estás celosa? lo dije sin pensar y después me arrepenti.

—No.

Me miró.
Sonrió.

—No debería estarlo. Él... —se encogió de hombros—. Bueno, ya sabes.

—¿Saber qué?

—Que no se fijaría en ti. Me lo ha dicho muchas veces. Te ve como una hermana. No eres su tipo.

Auch.

Eso dolió.

Y mucho.

Natalia suspiró otra vez, como si estuviera siendo sincera.

—Kiara, en serio te aprecio. Pero... ¿no te cansa seguirlo a todos lados como si fueras... no sé... su mascotita? No lo digo mal, de verdad... pero a veces parece que giras en torno a José.

Dejé de escuchar.
Sus labios seguían moviéndose... pero ya no entendía nada.

No era su tipo.
Una hermana.
Su mascota.

—Tú eres importante para él, claro. Pero de la forma segura. La que no confunde. La que siempre estará allí... para cuando necesite su lugar seguro.

No supe qué decir.

Había luchado más de cuatro años para que mis sentimientos por José se apagaran.
Y sí, me dolió.
Me dolió mucho.
Me sigue doliendo que nunca se haya dado cuenta.

Cuando Natalia apareció en su vida y él aceptó que ella era la chica que quería... eso me destrozó. Pasé meses triste, intentando superarlo, obligándome a verlo solo como mi mejor amigo.

Y ahora ella simplemente venía... y me atacaba.

porque me ataca, yo siempre e respetado su relación con José.

—Kiara —continuó en voz baja—, como te aprecio mucho y eres la mejor amiga de mi novio, tienes que estar pendiente. Los chicos son crueles... y ningún chico se acercaría demasiado a alguien como tú si no es por aburrimiento o curiosidad. Ten mucho cuidado Si?

El profesor entró en ese momento y Natalia se calló como si no hubiera dicho nada.

No escuché una sola palabra de la clase.

Me quedé mirando la mesa, apretando los dedos contra mis rodillas, tragándome las lágrimas.
No iba a llorar ahí.
No delante de nadie.

Cuando el timbre sonó, tomé mi mochila y salí casi corriendo del salón.

Choqué con alguien en el pasillo.

—¡Hey!

Levanté la cara.

José.

—Kiara... ¿qué ocurre?

Las palabras de Natalia gritaron en mi mente.

No era su tipo.
Una hermana.
Su mascota.

Tragué saliva.

—Nada.

Intenté pasar de largo, pero él me tomó del brazo.

—Oye, mírame.

No quería.
Si lo hacía... iba a romperme.

—En serio, ¿qué pasó? —insistió.

Negué con la cabeza.

—Solo estoy cansada.

Mentira.

Él frunció el ceño.

—¿Kiara que tienes en el labio?

En serio, ¿eso era lo que le importaba?

—Nada importante

Su expresión cambió.
Primero confusión.
Luego molestia.

—¿Eso es un mordisco?

—No es nada importante, José. De verdad. Suéltame.

—Kiara.

Su voz salió más firme.

Me solté jalando mi brazo.

—Tengo que irme.

empecé a correr a la salida

—Kiara espera...

Pero lo último que necesitaba era quedarme.
Explicarle.
Mirarlo.

Porque entonces... iba a tener que aceptar algo que llevaba años evitando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.