Estaba acostada boca arriba en la alfombra de mi cuarto, rodeada de ropa tirada y peluches.
Ya me había bañado, la ropa mojada estaba en la lavadora y ahora estábamos en modo chismosas.
Le conté todo.
Absolutamente todo.
Porque mi hermana, aunque gruñona, era mi mejor amiga y la única que sabía darme los mejores consejos.
—Es una arpía —dijo cuando terminé de contarle lo de Natalia.
—Es su novia, Karo —la defendí.
—¿Y? Eso no le da derecho a hablarte así.
Suspiré y me tapé la cara con un peluche.
—No estaba mintiendo...
—Kiara.
—José nunca me vio de otra forma. Y ya está. Lo acepté hace tiempo.
Mi hermana me miró en silencio unos segundos.
—Ajá. ¿Y el beso?
Silencio.
—... ¿Qué beso?
—El de Eduardo, dramática.
Me giré en la alfombra.
—No sé qué fue eso.
—Claro que sabes.
—No. En serio. No sé por qué me besó. No sé porque apareció allí. Ni siquiera se porque esta actuando si.
—¿Acaso te ganaste un acosador? —se incorporó de golpe.
—eres muy graciosa...
—Siempre.
Me miró con esa cara que da miedo.
—Le gustas.
—¡No!
—Le gustas.
—¡Que no!
—Kiara... —se inclinó hacia mí—. Ese chico te besó, te cargó, te trajo a casa... ¿Qué más necesitas?
Le lancé un peluche.
—Solo me está molestando... sabes que siempre lo ha hecho.
—Claro, hermanita porque a un chico le encanta molestar de esa formar.
La miré.
—Esas exagerando y lo sabes.
—No lo estoy.
Silencio.
—Kiara... —dijo más suave—. ¿Todavía sigues enamorada de José o solo es la idea de estar enamorada de el por todos estos años?
La pregunta me cayó pesada.
Pero de ella no me molestaba porque siempre... desde que murió mama era quien me había protegido del mundo.
—Sí... —susurré—. Karo... José me gusta mucho. Mucho de verdad... No es algo que pueda apagar solo porque alguien más apareció. No sé por qué Eduardo me besó, pero José me gusta... y todavía tengo esa ilusión de ser alguna vez la chica que él vea.
Mi hermana me miró seria.
Era la única que sabía el caos emocional que vivía desde hacía muchos años.
La que me consoló esos meses.
La que siempre me apoya... y me grita cuando estoy equivocada.
—Kiara, ¿no te gustaría empezar a sentir mariposas por otro chico? Llevas años mirando solo a José. ¿No crees que es momento de empezar a mirar alrededor?
Tomé un peluche de conejo y acaricié su orejita.
—¿Cómo hacerlo? José es guapo, amable, cariñoso, detallista... cuando se enoja se le frunce el ceño, si le pega mucho el sol sus mejillas se ponen rojas...
Dejé de hablar porque mi hermana tomó un cojín y me lo estampó en la cara.
—Ok. Vamos a hacer un plan porque, hermana... estás perdidísima por ese chico.
Levantó tres dedos.
—Uno: ignoras a Natalia.
Dos: no corres detrás de José.
Tres: observar a tu al redor miles de chicos mueren por una chica como tu.
—¿Qué tipo de plan es ese?
—El tipo de plan que no dejará a mi hermana recogiendo migajas de un imbécil que no ve lo hermosa que es.
Rodé los ojos.
—Hermosísima.
—Claro que lo eres, Kiara. Si José no lo ve, el idiota es él.
—Sí, sobre todo mis ojos que son muy "hermosos".
—Te he dicho que puedes usar lentes de contacto.
—Pican mucho.
Mi hermana suspiró como si yo fuera un caso perdido.
—Karo... ¿En serio el solo entro y se fue?
—¿Te preocupa que quede traumatizado por el desastre de tu cuarto?
Le lancé otro peluche.
—No. Solo es curiosidad.
—Fue rápido. Te lo prometo. Subió, te dejó en la cama... y se fue, yo lo estuve vigilando todo el tiempo.
Escuchamos la puerta principal abrirse.
—¡Llegué! —gritó mi papá.
—Bueno, se acabó la charla —dijo mi hermana, levantándose y tirándome otro muñeco.
Ok, sé muy bien lo raro que se ve... pero desde pequeña mi papá siempre me compraba uno antes de volver del trabajo.
Ahora tengo tantos que invaden todo el cuarto.
Y bueno... la limpieza no es precisamente mi fuerte.
Antes de salir, la llamé:
—Karo.
Se volteó.
—Gracias. No sé qué haría sin ti.
—Cuando quieras. Pero no quiero más escapadas bajo la lluvia, ¿entendido?
Sonreí y asentí.
Se fue.
Me quedé sola en el cuarto.
Mi teléfono vibró.
Lo acerqué entrecerrando los ojos.
José:
¿Llegaste bien a casa?
Otro mensaje apareció debajo.
Número desconocido:
¿Estás viva?
Me quedé mirando la pantalla.
Uno... era el chico que me había gustado durante años.
El otro... el que me había besado bajo las gradas.
Suspiré.
Responderle a cualquiera de los dos...
iba a complicar mi vida.
El teléfono volvió a vibrar.
José:
¿Qué está pasando? Estoy preocupado.
Apreté el celular entre mis manos.
Y por primera vez...
no supe a quién quería responder primero.
Nota:
Si esta historia ya te está haciendo sentir cosas… ven a mis redes, ahí hablamos sin filtros sobre lo que acaba de pasar.
