Mi problema.

Capitulo 6: Entre dos.

Abrí el mensaje del número desconocido.

La foto era de Eduardo.
Estaba en su camioneta, recostado, mirando al cielo como si no le importara nada.

Me quedé mirando la pantalla.

Escribí.
Borré.
Volví a escribir.
Borré otra vez.

Suspiré... y salí del chat.

Abrí el de mi mejor amigo y respondí rápido:

Sí. Estoy bien solo cansada.

En cuanto envié el mensaje, el celular vibró.
Una llamada.

Ok.

NO DRAMATICES.

Deslicé el dedo.

—Hola.

—Cuatro ojos, ¿cómo te encuentras?

—Bien. Ahora estoy a punto de empezar a hacer tarea.

—Tan aplicada como siempre.

Me quedé en silencio unos segundos.
Cuando hablaba, sentía un cosquilleo raro en los labios.

Inconscientemente pasé un dedo por mis labios... como si todavía pudiera sentirlo

¿Acaso... quiero besarlo?

NO!!

—¿Cuatro ojos?

—¿Sí?

—No estás escuchando nada, ¿verdad?

—Lo siento... es que estoy buscando mis lentes. Sin ellos no veo nada y...

Empezó a reír.

—¿Qué te causa tanta gracia? ¿Mi desgracia o qué?

—Tranquila. Los tengo yo.

Separé el teléfono de la oreja y lo miré como si pudiera verlo a través de la pantalla.

—¿Tú? ¿Y por qué?

—Cuando te encontré no los tenías pero estaban en el suelo... Me acordé cuando te dejé en tu casa... y tuve que volver a buscarlos. Pero mi hermano me necesitó y no pude llevártelos.

—Ah... —fue todo lo que logré decir.

Hubo un silencio corto.

—Descansa, cuatro ojos... —su voz bajó un poco—. Y abrígate.

—Chao —respondí como boba.

Colgué.

Me llevé la mano al corazón.

Escuché una risa detrás de mí.

Me volteé.
Mi hermana estaba apoyada en la puerta, con una sonrisa enorme.

—¿Cuánto escuchaste? —la acusé.

—Nada. —Levantó las manos.

—Ajá.

—Nada, señora desgracias. Ven, vamos a comer. Papá trajo hamburguesas.

La seguí, pero mi mente no estaba en la comida.

Estaba en mis lentes.

En su camioneta.

Y en el hecho de que... no me había escrito.

Me había llamado.

Llamado!!!

—Ahí está mi princesa —dijo mi papá cuando entré a la cocina.

Me acerqué y lo abracé.
Él dejó un beso en mi cabello.

—¿Cómo estuvo la escuela hoy?

—Bien. Mucho estudio —mentí un poco.

Mi hermana empezó a repartir las hamburguesas.

—¿Y tú, mi reina? ¿Cómo estuvo la universidad? —le preguntó papá.

—Muy entretenida. Muchos cálculos —respondió ella. Estaba estudiando ingeniería, su sueño de toda la vida.

—Mis dos chicas son las mejores —dijo papá, dándole una gran mordida a su hamburguesa.

Empezamos a comer.
Hablamos de cosas al azar, reímos, compartimos ese momento tranquilo que siempre me hacía sentir en casa.

Después recogí la mesa.
Papá encendió el televisor para ver su partido de béisbol y yo me senté en la alfombra a hacer tarea junto a mi hermana.

Tuve que usar lentes de contacto.
Sin mis lentes...

A las diez de la noche, papá apagó la tele y cada uno subió a su habitación.

Tomé el teléfono para revisar la alarma.

Tenía un mensaje.

Número desconocido.

¿Puedo pasar por ti mañana?

Lo había enviado hacía una hora.

Mi corazón tembló.

¿Pasar por mí?
Pero siempre me iba con José.
Era nuestra rutina desde hacía años.

Abrí el chat.

Me quedé mirándolo...
treinta segundos.
O más.

Escribí.

Voy con José.

Envié el mensaje.

Me quité los lentes de contacto y me acosté.

Cerré los ojos.

Y traté de ignorar esa sensación incómoda en el pecho...

como si acabara de elegir lo correcto...
pero no lo que realmente quería.

Nota.

Si esta historia ya te está haciendo sentir cosas… ven a mis redes, ahí hablamos sin filtros sobre lo que acaba de pasar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.