Mi Reina Anne

VII CAPITULO

La fiesta de los XV Lobunos

Melodie ya yacía dormida en la cabaña, bueno, todos los del campamento. No sé qué había sucedido con ellos, si realmente siguieron con las actividades, supongo que nadie lo notó. Hace unas horas llegamos, solamente tomé un portal, pero al caer en la entrada del campamento mi nariz sangró, mi hermano apareció sin duda, le conté todo, estaba furioso pero él no pudo hacer nada, mis tías lo retuvieron en el reino.

Necesitaba dormir, no conseguía tener una gota de sueño.

La cabeza me daba vueltas, había olvidado la fiesta a la que fui invitada. Si no le recuerdo a una sirena durmiente me matará por no ir con el mejor vestido para la fiesta.

—Ven, levántate —le hablé a mi amiga.

Se removió sin fuerzas, sé que estaba agotada, demasiado a decir verdad.

—No jodas, que acabo de ir hasta el fin del mundo por ti, loca— a veces su carácter me sorprendía cuando despertaba o dormía, siempre tiene sueños locos peores que la realidad.

—Al diablo, Melodie, levántate ya que tienes que ayudarme con ese maldito vestido— dije irónicamente. —Oh, tomaré unas botas y te advierto, no me pondré nada a último momento.

Ella se paró en segundos de la cama buscando como loca las maletas, volteó a verme alzando los hombros y señalé de golpe dónde estaban en la mesa del comedor que ya hacía dentro de la cabaña.

—Espero me hayan mandado los vestidos que pedí —dijo ella. Pero ambas sabíamos cómo eran mis tías y su mamá en específico.

No podemos representar a nuestro reino con cualquier vestimenta, debemos marcar la diferencia donde quiera que vayamos, aunque mi amiga es hermosa aun despeinada, yo por otro lado con estar vestida es suficiente.

—Si me mandan un vestido de color rojo lo quemaré— a ella se le abrieron los ojos como platos cuando abrí la boca.

—Estás loca, o no eres Anne la que habla sino la fastidiosa de tu demonia— la miré fríamente, sé que cambié mi manera de pensar desde la noche del eclipse.

—Loca estarás tú si crees que usaré los vestidos que usamos en el reino— en serio, ¿quién iba a usar esos vestidos largos pomposos? —Hazle unos cambios y ya— le dije mientras ella sacaba vestidos de las maletas.

Y si habían 15 vestidos, como si serían dos semanas casi que nos quedaríamos, solamente es un día, ¡demonios!!!
Me agarré la cabeza porque me iba a dar algo, aunque un vestido sí me llamó la atención, todos eran tonos finos y reales excepto ese, estaba de color negro y tonos rojos, ya sé qué dije, pero estaba increíble, hacían una combinación perfecta, pero lo malo que era un gran vestido, así que espero Melodie arregle eso con su magia.

Ella sin duda encontró un color lindo, era de tonos celestes, sé que le agregaría su toque de sirena.

—Me encanta —chilló. Sin duda se le vería precioso. —Yo tengo unas opciones para ti —dijo emocionada. Lo cual me disgusta porque son demasiado extravagantes y yo tenía uno en mente.

—Espera, ya elegí uno, puedes cortarle— ella rodeo los ojos e hizo muecas.

El vestido está hermoso pero parece de la misma reina Isabel, a ella sin duda le quedan perfectos, pero si tendríamos que pelear como siempre estoy a la defensiva todo el tiempo, entonces no podría ser así, está enorme.

—Vamos Anne, déjame crearte algo, si no te gusta me quemas viva junto con todos los vestidos —en serio estaba decidida a que no usara ningún color que fuera negro.

—Pero… —traté de sacarle esa idea de la cabeza.

—Ningún peros, señorita, ahora verás que aprendí de tus tías cuando tú quieres hacerlo a tu manera.

—Vamos, no creas que puedes manipularme con sus tontos juegos.

—Te propongo algo, acepto portarme bien en esta fiesta y que no termines en los brazos de ese lobito buenorro —está loca, maldita sea, como si yo fuera capaz de tal cosa.

—¿Y quién crees que sería más fácil en estar entre sus piernas? —la vi fijamente, no dudaría en decirlo— Obviamente tú, maldita enferma sexual —cayó a carcajadas sabiendo muy bien que tenía razón.

—Es un trato, mi demonia, te amo, vale —me dio un beso en la mejilla. Insinúa que va a ganar, pues no, definitivamente no.

Antes muerta que caer en su barril sin fondo de tonterías, primero lo descuartizaría mi demonio y lo quemaría con mis propias manos.

Luego de unos minutos arreglando los vestidos, que seguro Melodie los escogería, salimos para poder comer algo, ya que desde anoche no tragábamos nada.

Todos en la cafetería se veían cansados, como si las actividades fueran no de un solo día. Habrían más actividades, pero sin duda no participaríamos en ellas. Esto no califica en nuestras notas, así que no importa.

—¡Hey! Edmond, ¿cómo va todo, amigo? —grita alguien al fondo de la cafetería mientras el Lobo entra a la cafetería dirigiéndose a donde lo llamaron.

Nuestras miradas chocaron como un rayo. Él sonrió, sí, el maldito había sonreído, como si fuera un moja bragas, pues no, yo no sentí ni cosquillas. Por otro lado, mi amiga era la que babeaba, qué vergüenza.

Venía vestido con unos jeans y camisa negra, llevaba una cadena. Sí, me encantó su estilo, pero se borró la idea cuando el idiota engreído me guiñó un ojo.

Melodie, como siempre, fue por nuestras comidas, aún seguía haciendo fila. De la nada alguien se sienta en la mesa que estaba; una brisa de superioridad y helada recorrió la cafetería. Todos quedaban asombrados porque al parecer es como un Dios griego y otros susurraban cosas indecentes.

Sí, habían círculos en esta escuela, como hermandad, y no se acercaban nunca a mí por mi mal genio.

En ocasiones se corrió el chisme de que había matado un conejo y lo había enterrado junto a mis otras víctimas, lo cual yo devoraba y no dejaba ni un hueso. Pero mi amiga es ingeniosa y cada Halloween siempre hacía una travesura diferente, pero no los mataba, simplemente encontrábamos muertos algunos animales en el bosque, muy raro todo eso.




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