Espero que sigas en mis recuerdos
no como una herida abierta,
sino como ese latido antiguo
que aún sabe mi nombre
aunque ya no esté vivo.
Te pienso en los silencios largos,
en esos momentos donde la memoria
se vuelve más ruidosa que el presente.
Ahí apareces tú,
no como fuiste al final,
sino como eras cuando prometías quedarte.
Yo te imaginé futuro.
Te imaginé rutina, cansancio compartido,
días grises sostenidos de la mano.
Te imaginé risa después del llanto
y calma después del caos.
enserio creí que seguirías conmigo en las buenas y las malas,
que conocerías conmmigo la vida misma.
pero solo me queda recordarte...
Y recordar duele de una forma distinta,
porque no sangra,
pero pesa.
Porque no grita,
pero insiste.
Te quise cuando no era fácil,
cuando amar significaba esperar,
confiar, sostener.
Te quise incluso cuando dudé de mí,
cuando mi mundo se desarmaba
y aun así te hacía un espacio.
Ahora te pienso como se piensa lo perdido:
con cuidado,
con nostalgia,
con ese respeto triste
que se le tiene a lo que ya no vuelve.
No te guardo rencor,
te guardo memoria.
Y eso, a veces,
es más cruel.
Porque el rencor se cansa,
pero los recuerdos no.
Ellos regresan cuando menos los llamo,
cuando alguien pronuncia tu nombre sin saber,
cuando una canción suena igual que antes,
cuando el amor intenta empezar de nuevo
y se encuentra contigo en medio.
Si algún día dudas
de lo que fuiste para mí,
solo recuerda esto:
fuiste hogar antes de ser ausencia,
fuiste promesa antes de ser recuerdo.
Y aunque ya no estés,
aunque ya no seas,
espero —de verdad—
que sigas en mis recuerdos,
no para dolerme siempre,
sino para recordarme
que una vez amé
con todo lo que fui.
#6300 en Otros
#1726 en Relatos cortos
#606 en No ficción
amor, amor juvenil rencuentros de la vida, poemas cartas y un poco de tristeza
Editado: 07.01.2026