Mi Reocorrido: Un Viaje de Emociones en Versos.

DESCONOCIDO

Hay días en los que se mira
y no se reconoce.
El espejo devuelve un rostro
que sabe su nombre
pero no su historia.

Antes era maravilla.
No perfecta,
no invencible,
pero viva.
Tenía luz en los ojos
y una forma distinta de caminar el mundo,
como si todo fuese posible.

Ahora se pregunta
en qué momento se volvió esta versión
que duda de todo,
que mide cada paso,
que se cansa incluso de existir.

No recuerda el día exacto
en que empezó a perderse.
Tal vez fue lento,
tal vez fue silencioso,
como se rompen las cosas importantes:
sin hacer ruido.

Ser ella se volvió un esfuerzo.
Sonreír pesa,
explicarse agota,
y reconocerse duele.
Porque no se trata de no gustarse,
sino de no encontrarse.

Hay fragmentos suyos
esparcidos en personas,
en decisiones que no eligió del todo,
en versiones de sí
que creó para sobrevivir.

Busca a la chica que fue
como quien busca casa
después de una guerra.
Con miedo,
con nostalgia,
con la esperanza rota
pero aún respirando.

Le dijeron que cambiar era crecer,
pero nadie le explicó
qué hacer cuando el cambio
se parece más a una pérdida
que a una evolución.

Extraña a quien era
sin saber si quiere volver
o si eso ya no es posible.
Porque regresar
también implica enfrentar
todo lo que la transformó.

Encontrarse a sí misma
no es un acto bonito.
Es sentarse con el dolor,
revisar los restos,
aceptar que no todo se puede reconstruir
como antes.

A veces se reconoce
en pequeños gestos:
en la forma en que aún cuida,
en cómo sigue sintiendo profundo,
en cómo, pese a todo,
no se ha rendido.

Tal vez no volvió a ser maravilla
como antes,
pero sigue siendo alguien
intentando entenderse.
Y eso también es valentía.

Porque encontrarse
no siempre es volver a casa,
a veces es aprender
a habitar el caos
y llamarlo, poco a poco,
yo.




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