Mi Reocorrido: Un Viaje de Emociones en Versos.

HAY RECUERDOS QUE NO SABEN COMO QUEDARSE

Todavía te recuerdo.
Recuerdo tus manos con las mías,
echados aquella tarde,
tratando de llevarnos bien sin pensar en un futuro.

No hablábamos de promesas,
ni de para siempre,
ni de lo que vendría después.
Solo queríamos estar bien.
Queríamos que ese momento no se perdiera,
que no se volviera uno más de esos instantes
que el tiempo arrastra sin pedir permiso.

O quizás te esté incluyendo en mi “queríamos”
y solo yo era la que intentaba guardar cada segundo
como si presintiera que sería irrepetible.

No hablábamos tanto,
pero había algo en el silencio
que no incomodaba.
A veces pienso que eso era lo que más me gustaba:
no necesitábamos demasiadas palabras
para sentir que estábamos ahí.

Ahora, cuando sé de ti,
cuando me cuentas tus cosas,
cuando apareces de pronto en una conversación sencilla,
me emociona más de lo que debería.
Y no es por lo que dices,
porque eres poco de palabras,
sino por el simple hecho de que sigues estando,
aunque sea así,
aunque sea de lejos.

A veces siento que solo somos
dos personas que no se vieron en mucho tiempo
y que ahora vuelven a hablar
con cierta cautela,
con cierta nostalgia,
pero sabiendo que más allá
no podemos ir.

Porque hay algo que nos detiene.
Tal vez miedo.
Tal vez orgullo.
Tal vez historias que ya no encajan igual.

Bueno…
en esta parte no me incluyo del todo,
te dejo a ti esa respuesta.

Intento entender que no necesariamente
es que no sepamos encajar,
sino que nos conocimos de otra manera,
en otro momento,
con otras versiones de nosotros.
Y cuando las versiones cambian,
también cambia lo que pudieron haber sido.

Eso duele un poco,
pero estoy aprendiendo a no pelear con ello.

No todo lo que te encuentra en esta vida
está destinado a quedarse para siempre.
Algunas personas llegan
solo para compartir un instante,
para enseñarte algo,
para acompañarte un tramo corto del camino
y luego seguir.

Y eso está bien.
Eso es normal.

Quizás algunas palabras de esta carta
no las entiendas,
o quizá sonrías y pienses:
“¿Qué le pasa ahora?”

Pero no pasa nada grave.
Solo me puse a escribir recordándote.
Recordando esa tarde.
Recordando lo que fuimos,
o lo que yo creí que éramos.

Y entendiendo, con calma,
que hay recuerdos que no vuelven,
pero tampoco saben como quedarse...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.