Un día cualquiera, sin aviso previo,
el amor llamó suave a su puerta,
desarmando en un segundo el recelo
de una alma que no estaba despierta.
Ella creía, con ciega certeza,
que el amor era solo tormenta y dolor,
un cuento lejano, lleno de tibieza,
incapaz de echar raíces en su interior.
Pero el destino cambió la partida,
dejando recuerdos que hoy vuelve a extrañar:
esa forma tan pura de sentirse viva,
esa urgencia inocente de querer amar.
Hoy solo desea que el tiempo se detenga,
que la promesa no se apague jamás,
que sea siempre esa misma persona
la que la sostenga en su caminar.
Porque ignoramos cuánto dura un cariño,
o qué día el destino se pueda llevar,
pero su alma pide, como pediría un niño:
que esta historia bonita nunca llegue al final.
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Editado: 04.08.2026