CAPITULO 4
"Avancé, corrí y, contra todo pronóstico, me volví a enamorar. Esta vez ya tenía 17 años. Fue un amor virtual. Qué tonta, pensarán algunos, pero no fue nada simple: me enamoré perdidamente de unas palabras. Me enamoré de una chica.
¿Una chica? Sí. Aunque en la religión de mi familia esto sea considerado un pecado y sé que casi nadie de mi entorno podría entenderlo, yo me enamoré de su trato. A veces me pregunto si fue por falta de afecto o si es solo mi justificación, pero en ese momento el sentimiento era real. Aunque todo aquello estuviera destinado a ser pasajero, yo quería verla. Hubiera viajado hasta Marte si ella viviera allá, cruzando rayos y tormentas con tal de estar a su lado. Tenía tanto que decirle y, al mismo tiempo, nada que poder contarle a los demás por miedo a ser juzgada.
Al final, todo acabó. Terminamos. Pero hoy entiendo que ella fue una pieza clave en mi despertar. Y aunque sé que jamás volvería a enamorarme de una chica, esa experiencia me dejó una gran lección: me demostró que soy capaz de esforzarme y de mover el cielo y la tierra cuando amo lo suficiente."
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Editado: 27.05.2026