Mi Segunda Elección

CAPÍTULO 03

Estaba avanzando en mi laptop cuando tocaron la puerta de la oficina.

—Buenos días, señorita Fherran.

—Buenos días —dije—. Por favor, solo Eloise.

—Está bien, Eloise —sonrió—. En media hora comienzan a llegar las postulantes para el puesto. Quisiera saber cómo serán las evaluaciones para organizarlas.

—Hazlas pasar una por una. ¿Cuántas son aproximadamente?

—Solo cuatro.

—Vale, perfecto. Avísame cuando llegue la primera.

No tenía un perfil específico en mente, pero sí sabía lo que necesitaba: alguien discreto, capaz de pensar por sí misma, con criterio propio. No solo alguien que respondiera correos: necesitaba una aliada que pudiera debatir ideas, aportar soluciones y anticiparse.

Crisi me avisó que había llegado la primera candidata.

—Hazla pasar, gracias.

—Buenos días.
—Buenos días —dije mientras revisaba el CV—.
—Terana, ¿cierto?
—Sí, así es.
—Cuéntame, ¿qué experiencias tienes en el puesto?

Era una mujer de unos 35 años, con experiencia sólida según decía.

—También trabajé liderando el equipo de Vox Hea sobre los últimos modelos de bolsos.
—Si sabes que el puesto es para dispositivos tecnológicos, ¿no? —levanté una ceja.
—Claro, justamente me emociona ser parte de una gran empresa. Además, ya les conté a mis amigas que trabajaría aquí —mientras hablaba, noté que sacaba fotos con su celular. Esto no era serio… pensé.

—Por supuesto, la discreción es fundamental. ¿Y cómo manejas fechas y organización del flujo de trabajo?
—Siempre organizo todo bien… He trabajado para otras empresas muy grandes…
—Claro, pero…
—Sí, sí, como le decía, lideré grandes proyectos…
—Entiendo…
—Pero soy muy capaz.

No me dejaba hablar. Horror.

La siguiente era Azucena, de unos 28 años:

—Mucho gusto.
—¿Ya has trabajado antes en el rubro?
—Sí, en varias empresas.
—¿Y cómo te fue?
—Muy bien.
—¿Cómo te destacabas?
—Era muy organizada.

Casi no hablaba. Necesitaba a alguien que pudiera debatir, aportar ideas, no solo un asistente de correos. La chica me miraba algo asustada.

El tercer candidato, un joven extrovertido, tampoco cuadraba: demasiado serio o distraído. Me agarré la cabeza: ¿qué voy a hacer? Ninguno encajaba…

—Que pase la siguiente —dije a Crisi.
—Eloise, esos son todos.
—No me digas eso…
—Ok, los evaluaré y me comunicaré. Hazles saber, gracias.

Me senté de nuevo y, tras unos veinte minutos, tocaron otra vez la puerta.

—Adelante.
—La última postulante acaba de llegar —dijo Crisi—. Habían pasado más de dos horas desde la hora pactada.

Entró una chica con blazer, gorro y lentes negros.

—Buenos días.
—Buenos días.
—Disculpe la tardanza, tuve un inconveniente.
—Entiendo. Cuéntame, ¿qué experiencia tienes?
—Acabo de terminar la universidad. No tengo mucha experiencia, pero estoy dispuesta a aprender todo lo necesario.

Era tranquila, casi tímida. Lo único extraño eran los lentes y el gorro.

—Disculpa… Sé que hace calor, ¿pero el ambiente está temperado? —pregunté.
—Tuve un inconveniente —se quitó los lentes y levantó el gorro—.

Sonreí, entendiendo la situación.

—¿Has seguido los proyectos próximos al lanzamiento de Aurora en un año?
—Sí, me emociona mucho. He seguido varios, y rescato especialmente los de Hesatc.

Eso me sorprendió; la mayoría no opina igual.

—¿Por qué? —pregunté, intrigada.
—Porque aunque el concepto es sólido, algunos puntos podrían optimizarse. Por ejemplo, la interfaz del prototipo no es tan intuitiva; además, el flujo de información debería priorizar la experiencia del usuario y la sincronización con el reloj. Ajustando eso, el proyecto tendría mucho más impacto.

Su explicación era clara, técnica y lógica. Tenía criterio propio; justo lo que buscaba.

Le mostré la presentación en mi laptop.

—¿Qué opinas de este proyecto? —pregunté.
—Es original —dijo, observando cada gráfico—. Pero se podrían hacer modificaciones: un sistema de notificaciones más inteligente, la interfaz de selección de destinos más visual con iconografía intuitiva y compatibilidad con distintos dispositivos antiguos.

Asentí, impresionada. No solo hablaba con bases, sino con visión estratégica. Podría crecer conmigo en este equipo.

—Me gusta tu forma de pensar —dije finalmente, intentando sonar firme—. No busco solo una asistente; busco alguien con quien compartir ideas y llevarlas a cabo juntas.
—Me encantaría ser parte del proyecto.
—Ve con Crisi, y que mañana seas puntual —dije firme.
—Eso quiere decir…
—Bienvenida al grupo.
—¡Aaa! —gritó emocionada, sonriendo mientras salía.

En ese momento tocaron la puerta:

—Adelante.
—¿Quién es la recién salida? —preguntó Luca.
—Mi asistente.
—¿Ella?
—Sí, acaba de salir de la entrevista.
—Parece que iba de espía vestida así.
—Jajaja, digamos que tuvo un problema con el tinte.
—Entiendo.




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