Salí de la mansión Fherran como si el edificio estuviera en llamas. Ignoré los gritos de Michael pidiéndome que esperara a que sus hombres me escoltaran. No había tiempo. El correo de auditoría era una sentencia de muerte para la confianza que tanto nos había costado construir.
Manejé por la ciudad como una loca, esquivando autos y saltándome semáforos en ámbar mientras las lágrimas me nublaban la vista. El celular no dejaba de vibrar en el asiento del copiloto con notificaciones de mensajes de Luca y llamadas perdidas de la oficina. Cuando llegué a la urbanización de Andrés, las puertas automáticas tardaron una eternidad en reconocer mi placa. Entré derrapando en el estacionamiento y corrí hacia la entrada, con el corazón martilleando contra mis costillas.
La casa estaba sumida en una penumbra sepulcral. No había música, ni luces cálidas, solo el brillo azulado que venía del estudio.
—¡Andrés! —grité al entrar, con la voz rota—. ¡Andrés, por favor, escúchame!
Él estaba allí, en medio de la sala, en su silla eléctrica. Pero no era el hombre que me había besado con ternura esa mañana; era una estatua de hielo. Tenía la tablet en la mano y la pantalla reflejaba el informe de auditoría que dictaba mi verdadero apellido: Fherran Delacroix.
—¿Es verdad? —Su voz fue un susurro gélido que cortó el aire más que cualquier grito.
—Andrés, Michael es mi hermano, pero yo no tengo nada que ver con las filtraciones...
—¡¿ES VERDAD?! —rugió él, golpeando el apoyabrazos de su silla con una fuerza que me hizo retroceder—. ¡¿Eres la hermana del hombre que ha estado intentando sabotear Aurora desde el primer día?!.
—Sí, soy su hermana —admití, sintiendo que el suelo desaparecía bajo mis pies—. Pero no te lo dije porque quería que me conocieras por mi trabajo, por quién soy yo, no por un apellido que siempre he intentado evitar. ¡Entré a Mandtec para demostrar que valgo por mi cuenta!.
Andrés soltó una carcajada amarga, una que destilaba un dolor que me partió el alma.
—¡Qué ingenuo fui! —dijo, haciendo girar su silla para quedar frente a frente, invadiendo mi espacio con una agresividad contenida—. Me hablaste de "esencia", de "conocernos en todos nuestros aspectos".... Me dejaste entrar en tu cama mientras planeabas cómo entregarle mis códigos a Michael. ¿Cuánto te pagó? ¿O lo hiciste solo por el orgullo de la familia Fherran?.
—¡No me pagó nada! ¡Yo no filtré nada! —me acerqué a él, intentando tomar sus manos, pero él las retiró como si mi contacto fuera veneno—. Michael me advirtió que el traidor está cerca de ti, Andrés. Alguien que está usando su nombre para culparlo y alejarnos. ¡Están manipulando la auditoría!.
—¡Basta de mentiras! —Andrés señaló la puerta con un dedo tembloroso por la rabia—. Luca tenía razón. Él siempre me dijo que eras demasiado buena para ser real. Él fue quien encontró las discrepancias en tu contrato mientras tú me distraías con besos y promesas.
Sentí un escalofrío de puro terror. ¿Luca? Luca era quien le estaba "abriendo los ojos".
—¡Andrés, Luca está detrás de esto! Lo vi en su computadora, él está forzando las pruebas contra Michael —grité, desesperada—. ¡Por favor, confía en mí una vez más!
—¿Confiar en ti? —Andrés me miró con un desprecio que dolió más que cualquier golpe físico—. Te mostré mis debilidades. Te dejé ver lo que nadie ve. Te hablé de Sofía, de mi accidente, de mi falta de control.... Y tú usaste todo eso para hacerme bajar la guardia mientras le dabas las llaves de mi imperio a tu hermano.
—¡Eso no es cierto! —sollozé, cayendo de rodillas frente a su silla, intentando que me mirara a los ojos—. Andrés, te amo. Lo que sentimos es real. No dejes que esto nos destruya.
Él guardó silencio un segundo, y por un instante creí ver una grieta en su armadura. Pero entonces, su rostro se endureció de nuevo.
—Sal de mi casa, Eloise —dijo con una calma aterradora—. Mañana presentaré una demanda legal contra ti y contra Fherran Global Holdings por espionaje industrial y fraude. No quiero volver a ver tu cara en mi empresa ni en mi vida.
—¡Andrés, no hagas esto! —traté de sujetar su pierna, pero él accionó el mando de su silla y retrocedió bruscamente, dejándome sola en el suelo.
—Vete. Antes de que llame a seguridad para que te saquen como a la basura que resultó ser tu apellido.
Me levanté, con el orgullo destrozado y el corazón hecho pedazos. Lo miré una última vez; estaba de espaldas a mí, mirando hacia el ventanal, con los hombros rígidos y las manos apretadas sobre los apoyabrazos. Sabía que estaba sufriendo, sabía que su pasado con Sofía lo estaba obligando a cerrarse de nuevo en ese búnker emocional donde nadie podía tocarlo.
Salí de la casa bajo la lluvia que empezaba a caer con fuerza, igual que la noche en que nos besamos por primera vez. Pero esta vez no había música, ni esperanzas, solo el sonido de mi propia respiración entrecortada y el mensaje que me acababa de llegar al celular.
Era de Luca: "Lo siento mucho, Eloise. Traté de convencerlo, pero la evidencia era demasiado fuerte. Cuídate mucho.".
Apreté el teléfono con rabia. Él sabía. Él lo había planeado todo. Y yo acababa de perder al hombre que amaba por un guion que nunca escribí.