Eloise
El frío de la lluvia no era nada comparado con el vacío que sentía en el pecho mientras caminaba hacia mi auto. Cada paso me pesaba como si llevara la estructura completa de Mandtec sobre los hombros; la arquitectura de mi vida se estaba desmoronando y yo no tenía planos para reconstruirla. Subí al vehículo, cerré la puerta y grité hasta que me dolió la garganta, golpeando el volante con una rabia que no sabía que poseía.
Andrés me había comparado con Sofía; me había reducido a un simple apellido, ignorando todo lo que habíamos construido. Pero lo que más me quemaba era la imagen de Luca allí, alimentando su paranoia y moviendo los hilos de su desconfianza como un titiritero experto. Miré su último mensaje: "Traté de convencerlo". La hipocresía me provocó náuseas físicas.
Andrés
Cuando escuché el motor del auto de Eloise alejarse, el silencio en la sala se volvió insoportable. Me quedé inmóvil, con las manos aún apretadas sobre los apoyabrazos de mi silla, sintiendo cómo la espasticidad en mis piernas aumentaba por la tensión emocional. Mi cuerpo, traicionero y reactivo, estaba procesando el desastre mucho antes que mi propia mente.
La puerta del estudio se abrió y Luca entró con dos vasos de whisky y esa expresión de "amigo que sufre contigo" que ahora me resultaba asfixiante.
—Se fue —dijo Luca, dejando el vaso frente a mí—. Andrés, de verdad lo lamento. Nunca imaginé que llegaría tan lejos.
—Ella sabía lo de mi accidente, Luca —susurré con la voz quebrada—. Le hablé de mi vulnerabilidad, de todo ... y se burló mientras me robaba en la cara.
—Es una Fherran, Andrés. Crecen aprendiendo que el fin justifica los medios —respondió él, sentándose frente a mí con una calma sospechosa—. Pero no te preocupes. Ya bloqueé sus accesos de nivel uno. Mañana los abogados se encargarán del resto. Aurora está a salvo.
Lo miré fijamente. Luca era mi ancla, el único que no se había ido cuando mi mundo se detuvo años atrás. Pero, por primera vez, algo en su tono me pareció demasiado perfecto, demasiado ensayado.
—¿Cómo supiste que era una Fherran antes que la auditoría? —pregunté, escrutando sus ojos.
Luca no parpadeó: —Vi un correo en la terminal de Lirio que no debía estar ahí. Ella es descuidada con su sesión iniciada. Investigué un poco y todo cuadró. Solo quería estar seguro antes de romperte el corazón, amigo.
Asentí, intentando convencerme de que su explicación era lógica. Pero el recuerdo de Eloise de rodillas, llorando con una sinceridad que no se podía fingir, seguía ahí, grabado bajo mis párpados.
Eloise
Llegué a mi departamento y, en lugar de hundirme, encendí mi laptop. Si Andrés quería una guerra legal, le daría una guerra de ingeniería. Michael tenía razón: el enemigo estaba durmiendo en casa.
Llamé a mi hermano por altavoz mientras mis dedos volaban sobre el teclado, rastreando logs y entradas de sistema.
—Michael, necesito que entres al servidor de registros de Lirio. Luca dice que encontró el rastro ahí, pero Lirio es leal; ella jamás habría filtrado nada.
—Estoy en eso, peque —respondió Michael con voz de hielo—. Pero hay algo más: el auditor jefe que te presionó recibió una transferencia anónima hace tres días. Alguien le pagó para acelerar tu "descubrimiento" hoy mismo.
—Fue Luca —dije, sintiendo una claridad aterradora—. Él sabía que vendrías el lunes, sabía que Andrés estaba enamorado y sabía que, bajo presión, Andrés no escucharía razones.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Michael.
—Voy a entrar a Mandtec. Ahora mismo. Luca cree que Aurora es lo único que importa, pero olvidó que yo diseñé la interfaz de usuario y los módulos de "espejo". Dejé una puerta trasera para pruebas de latencia que solo yo conozco.
Manejé de regreso al edificio, estacionándome a dos cuadras para evitar las cámaras principales. Caminé bajo la lluvia torrencial, mirando esa imponente torre de vidrio que antes sentía como mi refugio y que ahora se erigía como una fortaleza enemiga.
De pronto, mi celular vibró. No era un mensaje, sino una alerta del sistema de Aurora:
"USUARIO ANDRÉS MORSS - SESIÓN ACTIVA EN LABORATORIO".
Eran las tres de la mañana. Él estaba allí, solo, quizás buscando en el código la paz que yo no pude darle. Era mi única oportunidad: entraría, le mostraría los registros en tiempo real y, si después de eso seguía sin creerme, me iría para siempre. Lo que no sabía era que, dentro de ese laboratorio, la lealtad de Luca estaba a punto de mostrar su verdadera cara.