Mi Segunda Elección

CAPÍTULO 22

Entré al laboratorio sin necesidad de esconderme. Conocía los protocolos de seguridad de Mandtec porque yo misma los había ayudado a optimizar. Usé la terminal de servicio del muelle de carga, un punto ciego que el sistema de auditoría aún no había terminado de blindar.

El aire dentro del laboratorio estaba viciado, cargado de esa electricidad estática que precede a las grandes tormentas tecnológicas. Andrés estaba en el centro de la plataforma circular, con los lentes de Aurora puestos y las manos apretadas sobre los controles de su silla con tal fuerza que sus nudillos se veían blancos bajo la luz azulada.

—Te dije que no volvieras, Eloise —su voz, filtrada por el micrófono de la interfaz, sonó distorsionada y metálica, pero el dolor era real.

—Andrés, mírame —subí a la rampa, ignorando la alerta de proximidad que empezó a pitar en mi tablet—. No mires mi apellido. Mira los datos.

Él se quitó los lentes con un movimiento brusco. Su rostro estaba bañado en sudor y la línea roja de su frente parecía una cicatriz abierta por el cansancio. Sus ojos azules me recorrieron con una mezcla de odio y una súplica silenciosa que me partió el alma.

—¿Qué datos? —preguntó Andrés, señalando la pantalla principal—. Luca ya me mostró los registros. Hay una transferencia activa desde tu cuenta de desarrolladora hacia un servidor externo en las oficinas de Fherran Global Holdings.

Sentí que el mundo giraba. No podía ser.

—Eso es imposible —dije, conectando mi laptop a la consola central—. Michael rastreó la IP y el usuario Admin_02 se activó desde este edificio. Andrés, alguien está usando mi firma digital para incriminarme.

—¡¿Michael?! —Andrés soltó una carcajada amarga, golpeando el apoyabrazos de su silla—. ¡Sigues confiando en el hombre que ha intentado comprar mi empresa durante años! Eloise, eres brillante, pero tu lealtad familiar te ha cegado.

—¡Andrés, escúchame! —grité, desesperada, mientras mis dedos volaban sobre el teclado—. Mira la secuencia de comandos. Se ejecutó a las dos de la mañana. Yo estaba contigo hace unas horas, ¿cómo podría haberlo hecho?

—Existen las ejecuciones programadas, Eloise —respondió él, su voz volviéndose peligrosamente fría—. Lo sabes mejor que nadie.

En ese momento, las puertas del ascensor se abrieron. Luca entró al laboratorio, con la respiración entrecortada y una expresión de horror en el rostro que parecía demasiado genuina para ser fingida.

—¡Andrés! ¡Eloise! —Luca corrió hacia nosotros, ignorando la tensión—. Acabo de ver los registros de la terminal de Lirio. Michael Fherran no solo está extrayendo datos, está intentando bloquear el núcleo de Aurora.

Luca se detuvo frente a mi laptop y miró la pantalla con una mueca de pesar.

—Eloise... por qué lo hiciste —susurró Luca, y por un segundo, su voz se quebró—. Traté de defenderte frente a los auditores, traté de decirle a Andrés que Michael te estaba manipulando, pero esto... estos registros de Admin_02 están vinculados a tu hardware personal.

—¡Eso es mentira! —me giré hacia Luca, con la rabia quemándome el pecho—. ¡Tú estuviste en la terminal de Lirio! ¡Yo te vi!

Luca retrocedió un paso, mirando a Andrés como si yo me hubiera vuelto loca.

—Eloise, estuve allí para borrar tus huellas antes de que la auditoría las viera. Quería protegerte. Pero Michael es más listo que nosotros; usó tu propio acceso para que todo el rastro muriera en ti si el plan fallaba.

Andrés miró a Luca y luego a mí. La duda en sus ojos era una herida abierta.

—Luca me ha mostrado los pagos, Eloise —dijo Andrés, su voz bajando a un susurro devastador—. Hay una cuenta a tu nombre con depósitos mensuales desde que entraste a Mandtec. Depósitos que vienen directamente de la cuenta personal de Michael.

—¡Son mis ahorros familiares! —grité, pero sabía cómo sonaba aquello—. Andrés, Michael me enviaba ese dinero para que no tuviera que trabajar mientras estudiaba, ¡pero yo nunca lo toqué!

—Basta —Andrés cerró los ojos, y por un momento, el laboratorio se sumió en un silencio sepulcral—. Luca, saca a la señorita Fherran de aquí. Llama a la policía. No puedo seguir escuchando esto.

—¡Andrés, no! —me abalancé hacia él, pero Luca me sujetó por los hombros con una firmeza que me sorprendió—. ¡Mira los logs de latencia! ¡Luca los está modificando ahora mismo!

—¡Eloise, detente! —Luca forcejeó conmigo, tratando de alejarme de la plataforma—. Estás nerviosa, estás diciendo locuras. Solo empeoras las cosas para Michael y para ti.

Andrés no volvió a mirarme. Accionó el mando de su silla y se alejó hacia la oscuridad del fondo del laboratorio, dejándome sola con Luca.

Luca me soltó y me miró con una tristeza infinita.

—Vete, Eloise —me susurró al oído, tan bajo que solo yo pude escucharlo—. Vete antes de que la policía llegue. Michael te ha metido en un pozo del que nadie puede sacarte. Incluso si yo quisiera ayudarte, los datos son los datos.

Salí del laboratorio destrozada. ¿Era posible que Michael me estuviera usando? ¿O era Luca el genio más grande de la manipulación que había conocido? Mientras bajaba por el ascensor, mi celular vibró. Un mensaje de Michael:

"Eloise, no entres a Mandtec. Luca ha hackeado mi servidor para que parezca que yo soy el origen de la fuga. Es una trampa."

Miré la pantalla y luego las puertas del ascensor. Ya era demasiado tarde. La trampa se había cerrado, y yo acababa de perder al hombre que amaba en medio de un código que ya no podía descifrar.




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