Mi segundo nombre es desastre.

Capítulo 24: Escena de celos y plan de confesión.

Si tuviera que definir la semana que paso con una palabra, esa sería sin duda alguna: Extraña. Y es que después de esos mensajes que intercambie con Sebastian el viernes, él se tomó como misión especial el enloquecerme pues durante el fin de semana prácticamente invadió mi apartamento y cada vez que tenía la oportunidad —es decir, cuando Henry y Tomas no nos veían—, se dedicaba a besarme y decirme cosas tan bonitas que harían suspirar a cualquier mujer.

Durante la semana las cosas cambiaron ligeramente pues Sebastian se unió a todos los almuerzos a los que fui con Karah, David y Faith además de coquetear conmigo cada vez que podía. Realmente no sé qué pretende Sebastian ni a que está jugando por lo que lo único que podía hacer era seguirle el juego.

El sábado en la noche —dos semanas después de la boda de Martha y Tobías—, Henry, Elías, Rissa y yo decidimos salir a un pequeño bar que nos encanta pues este tiene karaoke y es realmente muy calmado. Como lo sospeche, al final Sebastian y Tomas deciden unirse por lo que en estos momentos nos encontramos los 6 de nosotros sentados en un restaurante para cenar antes de dirigirnos al bar.

—Elías, cuéntame cómo te va con Amy —digo con curiosidad refiriéndome a su compañera de trabajo la con la que lleva saliendo ya una semana.

—Muy bien —responde sonriendo—. Realmente me gusta.

—Qué bueno —digo para luego sonreír pues de verdad me alegra que le vaya bien.

— ¿Y a ti como te va con Richard? —le pregunta Henry a Rissa.

—Increíblemente bien —responde Rissa sonriendo—, lo tengo justo donde lo quiero.

— ¿Y eso sería dónde? —pregunto.

—A mis pies rogándome para que salga con él mientras admite que soy la mejor de toda la firma —responde Rissa mientras sonríe siniestramente.

Henry y yo nos dedicamos una mirada entre nosotros para luego encogernos de hombros sin darle importancia, para ser honestos esa no es la cosa más rara que ha dicho Rissa.

—Entonces eso nos deja a Sebastian y a mí como los únicos solteros de esta mesa —digo para luego suspirar.

—Tengo la solución para eso —dice Sebastian—. Simplemente juntémonos y así acabamos con nuestra soltería.

—Esa clase de bromas no me agradan —digo y lo más triste de todo es que no se si está bromeando o no.

—No creo que Andie y tu queden bien juntos —dice Elías mirándonos seriamente.

—Claro que si —replica Sebastian —Andie y yo seríamos perfectos juntos.

—Yo tampoco estoy muy seguro de que se vean bien juntos —añade Henry.

—Por qué son tan malos —dice Tomas—, yo sí creo que se verían muy lindos juntos.

—No entiendo porque todos opinan al respecto como si fuera una decisión popular —dice Rissa

—Exacto —concuerdo con Rissa—, si yo llegara a estar con Sebastian no sería porque ustedes piensan que nos vemos lindos.

— ¿Y por qué sería entonces? —pregunta Sebastian con interés.

—No tengo por qué decírtelo —digo para luego dedicarme a observar el menú.

Ordenamos nuestra comida y mientras esperamos a que esta llegue nos ponemos a hablar sobre la convención de libros y lo que tenemos que comenzar a buscar para nuestros disfraces. Por más que lo intenté no hubo forma alguna en la que Rissa y Elías asistieran a la convención así que ellos nos miraban un poco raro mientras que Sebastian y yo hablamos emocionados sobre prendas de cuero y runas.

—Deberías usar tu falda de cuero —me dice Sebastian sonriendo ampliamente supongo que recordando el evento en su oficina hace una semana.

—En realidad estaba pensando en usar el vestido blanco, siento que es más icónico —replico con seriedad.

—Pero si todos vamos a ir vestidos de negro y con cuero tú vas a desentonar —dice Sebastian.

—Tú lo único que quieres es que yo use la falda de cuero, por qué no lo admites —digo mirándolo.

— ¿Quieres que lo admita? Está bien, lo haré —dice ligeramente ofuscado—. Realmente quiero que vayas con la falda de cuero pues me encanta como luces con ella.

Todos en la mesa nos miran estupefactos mientras yo miro directamente a Sebastian y por la expresión que tiene en el rostro estoy casi segura de que si no estuviésemos rodeados por los chicos hace rato él me hubiese besado.

— ¿De qué hablan? —pregunta Tomas mirándonos sospechosamente.

—De nada relevante —digo rápidamente intentando cambiar el tema—, es solo que nos ponemos un poco emocionados cuando hablamos de la convención.

—Eso no me pareció una discusión por disfraces —dice Tomas con suspicacia.

Miro a Sebastian rogándole con la mirada para que no diga nada más comprometedor y el desvía la mirada para luego suspirar.

—Andie tiene razón, sabes que yo tiendo a emocionarme mucho cuando llega esta fecha —dice Sebastian y por la mirada que le da Tomas puedo afirmar que no le creyó en lo absoluto.

La llegada de la comida interrumpe cualquier charla que pudiera formarse y una vez que todos tenemos nuestra comida servida comenzamos a comer en silencio.




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