Mi Socio Es Un Fraude

Capitulo 17

La música fue mi favorita. Lo admito sin reservas.

El jueves, Mateo tenía programada una sesión de entrenamiento intenso con Bruno y dos clientes nuevos a las 8:00 AM. Era su primera sesión grupal oficial, la primera que había anunciado en el letrero pequeño que había puesto en la ventana de su lado con el programa semanal. Era importante para él. Lo sabía porque había llegado el miércoles por la noche a revisar el espacio con una concentración que no le había visto antes y que reconocí como la concentración de alguien que está nervioso aunque no lo admita.

A las 7:55 AM, cinco minutos antes de que empezara la sesión, conecté mi teléfono al parlante bluetooth del local, que era de uso compartido según la cláusula once, y seleccioné con mucho cuidado una playlist que había preparado la noche anterior con el título, visible en mi pantalla para cualquiera que mirara, de "Ambiente relajante para concentración profunda."

La primera canción fue "Duérmete mi niño", versión caja de música, a volumen moderadamente alto.

La segunda fue "El patio de mi casa", versión orquesta de cuerdas suaves.

La tercera fue "Estrellita dónde estás", versión piano solo con eco de sala de conciertos.

Los dos clientes nuevos de Mateo llegaron a las 8:00 AM en punto, escucharon la música, se miraron entre sí, miraron a Mateo y miraron a Bruno con una expresión que era una pregunta sin palabras sobre el ambiente del establecimiento.

Bruno, que a esta altura del conflicto había desarrollado una habilidad notable para estar presente sin estar involucrado, dijo con su voz de caverna submarina: "Es el local compartido. El ambiente es... variado."

Mateo se me acercó con una velocidad que sugería urgencia contenida.

—Lucía —dijo, en voz baja pero con una intensidad que habría servido perfectamente para el segundo acto de cualquier obra de teatro.

—¿Sí? —dije, sirviendo un café con la concentración de alguien que no tiene ninguna playlist activa en ningún parlante.

—La música.

—Es relajante —dije—. Los estudios dicen que la música tranquila mejora la concentración.

—Es música de cuna.

—Es música clásica infantil. Hay una diferencia cultural importante.

Me miró durante tres segundos con la expresión de alguien calculando opciones.

—Cláusula once —dijo finalmente—. Uso compartido del sistema de audio con turnos alternos de dos horas.

—Correcto —dije—. Y son mis dos horas.

—¿Desde cuándo?

—Desde las 7:00 AM. —Señalé el reloj—. Te quedan cincuenta minutos.

Volvió a su sesión. Puso cara de que todo estaba bien para sus clientes. Bruno empezó la clase con la energía de alguien que ha decidido que "Estrellita dónde estás" en versión piano con eco es perfectamente compatible con las sentadillas.

Empezó con la rutina y con cada acorde cambiada de paso se sincronizo mejor de lo que me imaginaba.

Por mas que ponía música de niños, o relajante nada servía para hacerlo desesperar, incluso puse una canción de Britney Spears y fue cuando más los hizo sudar.

no lo negar, eso me encanto, me pareció fascinante su forma de sobresalir a pesar que alguien se la ponía difícil.

Incluso le dijo a los clientes que en la vida, y me miro fijamente, siempre van a haber cosas que les quiera impedir entrenar, pero que si se organizan tiempo es lo que les va a sobrar.

Resultó que sí lo era. Los clientes terminaron la sesión, sudados y satisfechos, y uno de ellos le dijo a Mateo que la música relajante había sido "una experiencia diferente" y que volverían el jueves siguiente.

Mateo me miró con una expresión que era imposible de clasificar con precisión pero que tenía elementos de derrota, de irritación y de algo más pequeño y más difícil de nombrar que aparecía cada vez más seguido cuando me miraba y que yo había empezado a notar con una atención que no me había pedido permiso para instalarse.

No dije nada. Serví otro café.

--

El viernes por la tarde estaba terminando el pedido de la semana cuando escuché el teléfono de mi bolsillo. Lo saqué. Era mi madre.

Dejé que sonara dos veces mientras decidía si tenía energía suficiente para esa conversación. Concluí que no, pero que posponerla solo haría que la siguiente fuera peor porque mi madre tiene una memoria perfecta para las llamadas no contestadas y las usa como munición en las conversaciones siguientes.

Contesté.

—Lucía. —Su voz tenía ese tono específico que usaba cuando había algo que quería decirme y había decidido de antemano cómo iba a reaccionar yo—. Te llamo por la boda de Valentina.

Valentina. Mi hermana. La perfecta. Cuerpo perfecto, pero también la borracha a la que mama le incuria todo, la misma que robo dinero de la empresa de mi padre, y ahora La del prometido millonario y los planes de boda que llevaban dieciocho meses siendo el tema central de cada reunión familiar como si el resto del universo hubiera decidido pausar sus actividades para contemplar su felicidad.

—¿Qué pasa con la boda? —pregunté, con la voz de alguien que ya sabe que la respuesta no va a ser agradable.




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