(Voz de Mateo)
Quiero establecer algo desde el principio con total claridad: los ensayos eran trabajo. Técnica. Metodología aplicada a un objetivo específico con términos acordados y compensación definida. Era exactamente lo que hago cuando preparo un papel: estudio, practico, construyo desde adentro hacia afuera hasta que el personaje existe con independencia del actor.
Eso era lo que estaba haciendo. Técnica. Que quede claro.
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El lunes empezamos con el contacto básico le tomé la mano a Lucía sobre el mostrador, luego de un rato se tranquilizó y su mano se relajó en la mía y pasó de ser un objeto tenso a ser una mano real, con la temperatura que tienen las manos de las personas que trabajan cerca del calor toda la mañana, que es un calor específico y distinto al calor de una mano que no hace nada en particular.
Le pedí que hablara mientras sostenía la mano, para practicar la naturalidad. Me contó algo sobre el horno con una energía que claramente tenía doble intención. No reaccioné porque soy profesional.
Luego le pedí algo personal. Algo que una pareja sabría. Me dijo que le daba miedo el mar, específicamente El agua profunda donde no se ve el fondo.
También me conto que a pesar de ser pastelera, se toma el café sin azúcar, pero con un toque de vainilla.
Que detesta fumar, que lo intento cuando algo grabe le paso a su mejor amigo, cuando lo nombro bajo la mirada, mas no indague mucho, me dijo que el cigarrillo le bajaba la presión y la hacia tener daño estomacal de manera inmediata, por eso jamás volvió a fumar.
La señora Carmen nos miraba desde su mesa con una taza de café a mitad de camino un tipo de mirada que yo he recibido en escena cuando el personaje está haciendo algo que el actor todavía no comprendió completamente.
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El martes Lucía estaba decorando una tarta cuando me acerqué. Tenía un mechón escapado del moño, como siempre, porque el moño de Lucía es una estructura arquitectónica optimista que sobrevive la mañana con intención, pero no siempre con resultado. Extendí la mano, tomé el mechón con dos dedos y lo puse detrás de la oreja.
Fue un gesto de dos segundos.
Lucía tiene los ojos de ese café con leche claro que a la distancia parece un color uniforme y que de cerca tiene capas, marrón y dorado y algo verde en el borde que no es verde exactamente sino la ausencia de marrón en ese punto específico. Esto es una observación técnica de caracterización. Un actor de método necesita conocer los detalles físicos del personaje con quien trabaja. Es metodología. Nada. Diooooooooos a quien trato de convencer esta mujer me esta despertando cosas que no admitiré.
Luego me miro ella tal como se lo indique.
—Bien —dije, cuando terminaron los siete segundos—. Aunque estás pensando demasiado. Se nota en el ceño.
—Estoy concentrada —dijo.
—Una pareja no está concentrada cuando se mira. Está presente.
Y entonces llegaba el jueves y Samuel recogía el paquete y Lucía se quedaba mirando la puerta dos segundos y el teléfono vibraba y ella sonreía antes de mirar la pantalla.
Todos los días. Sin falta.
Llevaba semanas observando ese patrón y llevaba días de ensayos mirándola a los ojos y tomándole la mano y apartándole el mechón del moño y en ningún momento de esos días el patrón de las 7:00 AM había cambiado. Samuel llegaba. Samuel se iba. El teléfono vibraba. Ella sonreía.
Y yo apretaba la mandíbula. No por celos. Eso sería irracional dado el contexto. Apretaba la mandíbula por una razón que en ese momento no tenía nombre preciso, pero que se sentía como cuando estás en escena y otro actor hace algo que no estaba en el ensayo y tienes que improvisar en tiempo real sin que el público note que improvisas.
Esa sensación. Eso era nada más. Nada más, nada mááááááááááás…. Huy me hierve la sangre de verla sonreír a si y no sé por quién.
El jueves específicamente fue peor porque llevábamos tres días de ensayos y el jueves Lucía se tapó la boca para no reírse a carcajadas con algo del teléfono y la risa que contuvo fue la risa grande, la real, la que viene de adentro, la misma que yo había estado construyendo pacientemente durante la semana con resultados que la señora Carmen y el señor Rodrigo y Bruno y los señores de mediana edad del gimnasio podrían confirmar.
Esa risa. Para alguien del teléfono. Que yo no conocía. Que ella no mencionaba. Que aparecía todos los días a las 7:00 AM con un asistente de traje oscuro y un sándwich de centeno y una nota con un beso de labios frambuesa.
Ella me miró y Desvié la mirada. Lo cual era exactamente lo contrario de lo que le había enseñado a hacer tres días antes y que por lo tanto era una inconsistencia técnica que no debería haber ocurrido y que archivé bajo "error de ejecución a corregir" aunque sabía perfectamente que no era un error de ejecución.
La miré molesto, me gire y no le dije nada.
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Editado: 15.07.2026