(Voz de Mateo)
Voy a ser honesto sobre el beso porque ya no tengo energía para no serlo.
No estaba en el guion. No era técnica. No era metodología aplicada ni Stanislavski, ni Meisner, ni dos semanas de ensayos produciendo el resultado esperado. Era otra cosa completamente distinta que empezó en algún lugar que no tiene nombre técnico, y que llegó antes de que la cabeza tuviera tiempo de intervenir con sus argumentos racionales, sobre acuerdos profesionales.
Pasó porque Valentina nos miraba con esa mirada de quien busca una grieta y yo llevaba días viendo esa mirada, y la noche olía a jazmín y la banda tocaba algo lento y Lucía estaba a exactamente la distancia donde el olor a vainilla existe y el cuerpo tomó una decisión antes que la cabeza y para cuando la cabeza llegó al lugar donde estaba el cuerpo ya era demasiado tarde para el análisis.
También pasó porque quería que pasara. Eso también.
Quisiera mirarla preguntarle, a donde va cuando se siente sola, quiero saberlo todo, recuperar el tiempo que perdí en guerras, aunque divertidas, pero quiero saberlo todo, cuáles son sus sueños y saber si encajo en alguno de ellos.
Después del beso volvimos a la mesa. Pedimos algo de tomar. Hablamos de cosas que no recuerdo, me embelesaba en sus sonrisa y la besaba, no tuve freno, esta noche no actuaba, vivía, la amaba, si la amaba sin decírselo, solo demostrándolo, lo que no sé es si ella entiende que la actuación termino, que en verdad me enamore de ella en su totalidad y que quiero ir en sus curvas y sin frenos para siempre.
Valentina nos observaba desde su lado de la terraza con una expresión que había cambiado. Ya no era la búsqueda de grietas. Era algo más difícil de leer, más complejo, con capas que no terminé de analizar esa noche porque tenía otras cosas procesando.
Cuando subimos a la habitación, Lucía se cambió en el baño y yo me senté en la sala con una copa en la mano y sin saber que hacer, no sé donde quedo mi seriedad y mi análisis, si lo ven me cuentan para no pasar por ahí y no ir por el.
Lucía salió del baño con el cabello suelto y el pijama y se sentó en el borde de la cama con el teléfono. Escribió algo. Sonrió con esa sonrisa. La real. La de adentro. La que no es conmigo y me molesta
Apagué la luz de mi lado y Me prometí no involucrar sentimientos.
El teléfono vibró. La pantalla se iluminó. Cuarenta centímetros. Oscuridad completa.
"¿Cuándo vuelves?, te Necesito en mi día a día 🥺"
Odie totalmente ese celular, odie ese hombre que le dice con tanta facilidad esas cosa, odio no saber quién es, odio odiarlo, pero más odio que después de besarnos, aun le sonría a el teléfono al sonar, pero lo que más odio es… que me enamore de mi socia y debo verla a diario y cuando ya no estemos ca, no tendré excusa para besarla, todo volverá a ser como antes. Mierda, no quiero volver, no quiero romper esto que siento tan mío, no quiero perder más, quiero ser feliz y ella es mi sonrisa. Lo aceptó, ella es mi locura, mi tentación, mi perdición, mi amor.
Al día siguiente por la mañana bajamos al bufet del jardín. El sol estaba en ese ángulo de mañana temprana que hace que todo parezca más manejable de lo que es. Había fruta fresca y pan recién horneado y café que olía bien, aunque no tan bien como el café de Lucía.
Valentina y Rodrigo ya estaban en una mesa. Por supuesto.
Nos sentamos. Pedimos. La conversación fue la de siempre, Rodrigo hablando de algo financiero, Valentina haciendo preguntas que parecían casuales y no lo eran, yo respondiendo con la precisión de alguien que sabe que cada respuesta es evaluada.
Hasta ahí todo manejable.
Lucía se levantó a buscar más fruta. Dejó el teléfono en la mesa. Cosa que nunca hacía. Cosa que en dos semanas de ensayos y tres semanas de local compartido yo no le había visto hacer una sola vez, me llamo desde la barra para ayudarle a traer cosas a la mesa, sin pensarlo me levante y tampoco tome su teléfono, ni el mio.
De regresó vi como Valentina lo miró. Vi el momento exacto en que tomó la decisión, ese instante donde el impulso supera el criterio, y extendió la mano y tomó el teléfono de Lucía de la mesa.
Abrí la boca para decir algo. No tuve tiempo.
El teléfono vibró exactamente en el momento en que Valentina lo tenía en la mano y la pantalla se iluminó con una notificación que se abrió automáticamente en la pantalla de bloqueo porque era una foto y las fotos se despliegan en preview.
Valentina me miro con ojos abiertos, con furia y se levantó tirando el teléfono al suelo, en ese acto se escucho que la pantalla se había roto.
Lucia corrio a levantar su celular, dejando primero toda la comida con rapidez en la mesa, al levantarlo, lo tome entre sus manos y vi la imagen
Un hombre. Treinta y pico, guapo con esa cosa de guapo que no requiere esfuerzo, con un dedo señalándose el torso desnudo, sonriendo desde lo que parecía ser una cama o un sillón, con una sonrisa que era de alguien cómodo y feliz y en confianza total con la persona a quien le mandaba esa foto. El texto debajo decía: "Necesito mi postrecito, me estoy adelgazando de más. Mírame, estoy desnutrido, abandonado, solo, sin tus sándwiches diarios, sin tu lápiz labial olor a frambuesa, sin ti ¿ Cuándo vuelves? 🥺"
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Editado: 04.08.2026