Mi Socio Es Un Fraude

Capítulo 29

(Voz de Lucía)

Hay momentos donde el tiempo hace algo extraño. Se estira. Se comprime. Los segundos duran minutos y los minutos pasan en un parpadeo y uno queda en el centro de todo ese desorden temporal tratando de procesar demasiadas cosas al mismo tiempo sin que ninguna espere su turno.

El momento en que Valentina contestó mi teléfono en altavoz fue uno de esos momentos.

Lo vi todo en cámara lenta y a máxima velocidad simultáneamente: Valentina con el teléfono en la mano y esa sonrisa de quien cree que acaba de ganar, Mateo con la maleta a medio llenar y la mandíbula apretada y los ojos de alguien que ya tomó una decisión y está esperando que el universo confirme que fue la correcta, y yo en el centro, llorando porque me enamore y con el pánico específico de alguien que ve dos mundos a punto de colisionar y no tiene manera de desviar ninguno de los dos.

—¿Aló? —dijo Valentina, con esa voz—. ¿Quién habla?

Hubo un segundo de silencio al otro lado. Luego la voz de Samuel, confundida pero controlada como siempre:

—¿Con quién hablo? Llamé al teléfono de Lucía.

—Soy la hermana de Lucía —dijo Valentina, con la dulzura elaborada de sus peores momentos—. ¿Quién es usted?

—Samuel. Asistente de Julián Restrepo. Necesito hablar con Lucía urgente, por favor.

Valentina me miró con esa sonrisa irónica, molesta y desafiante. Me extendió el teléfono con la condescendencia de alguien haciendo un favor.

Lo tomé. Mis manos temblaban.

—Samuel —dije, y mi voz salió más tranquila de lo que estaba por dentro—. Dime.

Y entonces Samuel habló. Y el mundo que ya estaba desorganizado se reorganizó de golpe en un orden completamente diferente.

—Lucía, por favor ven. Julián acaba de convulsionar El médico dice que está muy débil lo van a trasladar al hospital. Pero necesitan tu autorización para proceder por si deben operar o algo, esta vez lo veo muy mal.

El silencio en la habitación fue absoluto.

No el silencio de antes, que era tenso y cargado. Este era diferente. Era el silencio de cuando algo cambia de peso en el aire y todos en el cuarto lo sienten aunque no sepan exactamente qué cambió.

—Voy —dije—. Dile que voy.

Colgué. Levanté los ojos.

Mateo estaba completamente quieto con la ropa en la mano y una expresión en la cara que no era la de antes, no la mandíbula apretada de la furia contenida. Era otra cosa. Era la expresión de alguien a quien le acaban de mover el piso y está procesando.

Valentina tenía una expresión diferente también. Pero la de Valentina la voy a contar después porque primero necesito contar lo de Mateo porque lo de Mateo era lo que importaba en ese momento.

No planifiqué lo que dije. Salió porque era la verdad y la verdad a veces sale sola cuando uno está demasiado cansado para seguir custodiándola.

—Julián es mi mejor amigo desde los ocho años —dije, mirando a Mateo, solo a Mateo, porque era a él a quien necesitaba que llegara—. Tiene cáncer. Lleva meses en tratamiento. No se lo dijo a casi nadie porque no quería que lo miraran con lástima. Solo lo sabemos Samuel, Dante y yo.

Mateo no dijo nada. Siguió quieto con la ropa en la mano.

—Los mensajes son de él —seguí—. Se ríe de su enfermedad para no deprimirse. Me manda memes y audios riéndose de cosas absurdas que pasan en el hospital cuando va por las quimios, porque es así, porque prefiere reírse a llorar, y yo me río con él porque es lo que necesita y porque si no me río con él me quiebro y no puedo quebrarme porque él me necesita entera.

—La foto del torso desnudo era para mostrarme cuánto peso había perdido con la quimio. Me la mandó para que viera que necesitaba que volviera a cocinarle. Para pedirme el sándwich. Para decirme que se estaba adelgazando de más porque su cuerpo no toleraba mucho más que lo que yo le preparaba.

Mateo bajó la ropa despacio.

—Yo a él no le gusto, solo soy su mejor amiga, él es un poco antisocial. Por eso en la adolecencia mi hermana lo dejo en el altar. Y Samuel va todos los días a las 7AM a buscarlo porque Julián es el dueño de AuraTech y Samuel es su asistente y su mano derecha, y la persona que lo cuida mientras Dante maneja la empresa y Julián intenta no morirse. Y le digo a Samuel que es la luz de él porque Julián me dice que mi sándwich es lo único que le da ganas de desayunar los días malos. Eso es todo. Por eso a diario me vez haciendo ese sándwich con tanta dedicación.

Mateo me miró durante un tiempo que no supe medir.

Luego miró la maleta. Luego me miró a mí. Y en su cara pasó algo que reconocí porque era lo mismo que había sentido yo muchas veces en los últimos meses: el momento en que uno entiende que estuvo mirando algo desde el ángulo equivocado durante tanto tiempo que la imagen correcta cuesta un momento procesarla.

—Pues… apúrate muñeca, dijo que es de afán, así que esta vez yo iré contigo, porque debo conocer a mi contrincante de sonrisas, porque no me a alejar de ti y si es como dices, debe aceptarme también en su vida, porque roba tus sonrisas, pero no robara mi novia




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