Mi Socio Es Un Fraude

Capitulo 46

Aquella noche Alejandro hizo exactamente lo que habíamos acordado. Cuando llegó a su apartamento, apagó todas las luces y dejó únicamente encendida la pantalla de su teléfono. No quería que la vecina supiera que estaba despierto, mucho menos que estaba observando.

La cámara que había instalado enfocaba la entrada y el enchufe exterior, justo donde ella conectaba habitualmente el cable del automóvil.

El resto del apartamento permanecía completamente oscuro y silencioso, salvo por el zumbido lejano de algún aparato eléctrico y el sonido ocasional de un vehículo pasando por la calle. Alejandro se sentó en el sofá con el teléfono en la mano y esperó.

A las diez y media no ocurrió nada.

A las once tampoco.

A las once y veinte escuchó el primer ruido.

La lavadora

Alejandro cerró los ojos.

—Como siempre —murmuró.

La máquina comenzó a moverse en el apartamento superior con aquel ruido que ya había aprendido a odiar. Primero se escuchó el motor, después el arrastre y finalmente una serie de golpes secos contra el piso. Alejandro miró el teléfono y comprobó que la cámara seguía grabando. Por lo menos tenía una prueba más.

A las once cuarenta y siete, la lavadora se detuvo.

Silencio.

Alejandro soltó el aire.

—Gracias a Dios.

No habían pasado ni cinco minutos cuando escuchó el ruido de la aspiradora

Se quedó mirando el techo.

—Claro. Porque sería demasiado pedir una noche normal.

Alejandro tomó el teléfono y abrió la aplicación de la cámara. La imagen mostraba la entrada completamente vacía. Esperó. A las doce y siete, una sombra apareció en el borde de la imagen.

Alejandro se incorporó.

Era ella.

La mujer salió y luego volvió a entrar al edificio arrastrando un cable largo, caminó hasta el enchufe y comenzó a conectarlo.

Alejandro acercó el teléfono.

—Vamos...

La vio manipular el cable, introducirlo y después caminar nuevamente hacia su automóvil. El vehículo respondió inmediatamente. Varias luces se encendieron y, casi al mismo tiempo, comenzó a sonar la alarma.

Alejandro se puso de pie.

—¿Qué...? grito la señora alarmada y asustada, su auto estaba enloqueciendo

El sonido de la alarma llenó la calle.

La mujer se quedó quieta.

Entonces se escuchó un fuerte estallido.

No hubo una llamarada, pero una nube de humo salió rápidamente de la parte delantera del vehículo. La mujer retrocedió gritando y después corrió hacia el automóvil.

Alejandro miró la pantalla del teléfono , todo estaba grabado

—No, no, no...

La mujer comenzó a gritar que llamaran a los bomberos.

Alejandro seguía mirando la grabación. La cámara había captado absolutamente todo: la hora, el cable, la conexión y el momento exacto en que el automóvil comenzó a fallar.

Minutos después llegaron los bomberos. Revisaron el vehículo, retiraron el cable y comprobaron que no hubiera fuego. Uno de ellos levantó el capó mientras otro examinaba la conexión.

—¿De qué voltaje es el enchufe donde estaba conectado? —preguntó.

La mujer, todavía alterada, respondió sin pensarlo.

—El normal. Siempre lo conecto ahí.

Alejandro abrió los ojos. La frase quedó grabada. Evidencia todo era evidencia

No había sido una confesión formal. No había sido una declaración preparada. Había sido simplemente una respuesta espontánea, dicha delante de los bomberos y, sin que ella lo supiera, registrada por la cámara.

Uno de los bomberos levantó la mirada.

—¿Siempre?

—Sí.

El hombre volvió a mirar el vehículo.

—Bueno, primero necesitamos revisar la instalación antes de sacar conclusiones.

Poco después tocaron la puerta del apartamento de Alejandro.

Él abrió.

Dos bomberos estaban frente a él.

—Señor, necesitamos revisar la caja de fusibles de su vivienda para asegurarnos de que no haya daños internos.

Alejandro se hizo a un lado.

—Claro. Pasen.

Uno de ellos entró y revisó rápidamente las instalaciones mientras el otro se dirigía hacia la caja.

—¿Ha notado algo extraño? ¿Luces que no funcionen? ¿Algún aparato que haya dejado de encender?

Alejandro negó con la cabeza.

—No. A mí todas las luces me sirven.

El bombero abrió la caja y observó los interruptores durante unos segundos.

—Aquí está.

—¿Qué?

—Este fusible se explotó. Corresponde a la zona exterior.

Alejandro se acercó.

El hombre señaló la instalación.

—Y aquí aparece una modificación reciente.

La vecina, que había subido detrás de ellos, escuchó la conversación y entró furiosa.

—¡Lo hizo a propósito!

Alejandro la miró.

—¿Qué?

—¡Usted cambió eso! ¡Ayer mi carro cargaba perfectamente y hoy se dañó! ¡Usted dañó mi carro!

El bombero levantó una mano.

—Señora, todavía estamos revisando.

—¡Él lo hizo!

Alejandro respiró profundamente.

—Esta es mi casa. Ese es mi fusible , el de mi cocina se daño y lo cambie fui practico, conecte a un fusible que tenia a la mano el enchufe de afuera que nunca utilizo y no me es útil.

—Además necesitábamos comprobar si al estar ese enchufe sin uso, externamente alguien lo estaba usando, porque la luz se nos subió sin explicación alguna—dijo valentina saliendo de la habitación simulando como si acabara de despertar dejando la mujer con la boca abierta cuando la vio

—¿Usted conecta el carro ahí, señora? ¿Con la luz de otro apartamento? ¿Usted no vive en este apartamento]?

La mujer lo miró con furia.

—¡Yo no robé nada!

Alejandro levantó el teléfono.

—Tengo una cámara.

La mujer se quedó callada.

—Tengo grabado cuándo sale, cuándo conecta el cable y a qué hora empieza a cargar el carro. También tengo grabado lo que acaba de decir delante de los bomberos.

Ella palideció.

—Eso no significa nada.

—Significa bastante —dijo uno de los bomberos—. Sobre todo si se confirma que el vehículo estaba conectado a una instalación que no correspondía a su contador.




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