Mi última elección

Mi último recuerdo

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Lo primero que sintió fue el frío.

No era un frío que pudiera compararse con el del invierno o con la lluvia de una madrugada. Era una sensación extraña, profunda, que parecía haberse instalado directamente en su pecho. Cada respiración pesaba, como si el aire se negara a entrar en sus pulmones, y durante unos segundos Noah permaneció inmóvil, sin atreverse siquiera a abrir los ojos.
Todo era demasiado silencioso.
No escuchaba motores, ni el murmullo de personas caminando, ni el canto de los pájaros que cada mañana despertaban cerca de la residencia del campus. Tampoco escuchaba la voz de Alex llamándolo por su nombre ni el insistente ladrido de Pucky cuando quería salir a pasear.
Nada.
Solo un silencio tan absoluto que resultaba inquietante.
Con dificultad abrió los ojos.
Una luz blanca lo obligó a entrecerrarlos de inmediato. Tardó varios segundos en acostumbrarse y, cuando por fin logró enfocar la vista, sintió cómo su corazón daba un vuelco.
No reconocía aquel lugar.
El suelo era completamente blanco, liso como un enorme espejo de mármol, aunque no reflejaba su imagen. No había paredes, ni puertas, ni ventanas. Sobre su cabeza se extendía un cielo del mismo color, infinito, sin nubes ni sol. Era como si el mundo hubiera sido borrado y solo quedara aquel inmenso vacío.
Noah apoyó una mano sobre el suelo para incorporarse. Todo su cuerpo le dolía. Tenía los músculos entumecidos y la cabeza le daba vueltas, como si hubiera permanecido dormido durante una eternidad.
Miró lentamente a su alrededor.
No había nadie.
—¿Hola...? —preguntó con cautela.
Su voz sonó débil, casi irreconocible.
Esperó una respuesta.
Nada.
Tragó saliva y volvió a intentarlo.
—¿Hay alguien aquí?
Otra vez, el silencio.
Por primera vez en mucho tiempo, Noah sintió miedo.
No entendía dónde estaba. No recordaba cómo había llegado allí. Lo último que conservaba en su memoria era una sensación difusa de calor... unas manos abrazándolo con fuerza...
Entonces, como un relámpago que atravesó su mente, una imagen apareció frente a sus ojos.
Un automóvil.
El chirrido de unos neumáticos.
Una bocina ensordecedora.
Un camión perdiendo el control.
Y después...
Alex.
Las pupilas de Noah se dilataron.
Su respiración comenzó a acelerarse.
No...
No...
Las imágenes empezaron a regresar una tras otra con una claridad insoportable.
El viaje.
Las canciones que habían cantado riendo mientras recorrían la carretera.
Pucky quedándose con Daniel.
La caja de regalo escondida en el asiento trasero.
El anillo.
El impacto.
El cuerpo de Alex cubriéndolo para protegerlo.
La sangre.
Sus últimas palabras.
"Prométeme que vivirás por los dos..."
Un sollozo escapó de su garganta.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
—Alex...
Sus manos empezaron a temblar violentamente.
—No...
Recordó el hospital.
La sábana blanca cubriendo el cuerpo de Alex.
La carta.
El anillo.
Y aquel dolor insoportable que le había destrozado el alma.
Después recordó a aquellas figuras envueltas en luz.
Los dioses.
"¿Aceptarías cualquier precio con tal de volver a encontrarlo?"
"Sí..."
"¿Aunque ese camino esté lleno de sufrimiento?"
"No me importa..."
"¿Aunque debas cargar con una maldición durante incontables vidas?"
"Mientras pueda volver a verlo..."
Noah llevó ambas manos a su cabeza.
—El trato...
Su respiración era cada vez más agitada.
—¡El trato!
Se levantó de golpe.
Miró desesperadamente hacia todas partes.
—¡Alex!
Su voz resonó en aquel inmenso vacío.
—¡Alex, ¿dónde estás?!
Corrió sin rumbo.
No sabía hacia dónde iba.
Solo necesitaba encontrarlo.
Si los dioses habían cumplido su promesa, entonces Alex también debía estar allí.
Tenía que estarlo.
No podía haber soportado todo aquello para nada.
—¡Alex!
Las lágrimas nublaban su visión.
—¡Respóndeme!
Entonces...
Una voz profunda rompió el silencio.
—Sigues buscándolo incluso antes de entender dónde estás.
Noah se detuvo en seco.
Giró lentamente la cabeza.
A varios metros de distancia había un hombre.
Vestía una túnica oscura adornada con finos hilos dorados que parecían moverse por sí solos. Su cabello plateado caía hasta la cintura y sus ojos, de un intenso color ámbar, transmitían una calma imposible de describir.
No parecía humano.
Su sola presencia hacía que el aire se sintiera pesado.
Noah retrocedió un paso sin apartar la vista de él.
—¿Quién... eres?
El desconocido sonrió apenas.
—Nos vimos hace poco.
Noah frunció el ceño.
Y entonces lo recordó.
Aquel rostro.
Aquella voz.
Era uno de los dioses.
Sus puños se cerraron de inmediato.
—¡¿Dónde está Alex?!
El dios lo observó durante unos segundos antes de responder.
—Está vivo.
El mundo pareció detenerse.
Noah sintió que las fuerzas abandonaban su cuerpo.
Vivo...
Alex estaba vivo.
Una sonrisa temblorosa apareció en su rostro mientras las lágrimas seguían cayendo.
—Lo sabía...
Sus piernas cedieron y cayó de rodillas.
—Sabía que cumplirían su promesa...
—La hemos cumplido.
Noah levantó la vista.
—Entonces... llévame con él.
El dios guardó silencio.
Aquello bastó para que el corazón de Noah volviera a llenarse de miedo.
—¿Qué ocurre...?
El dios caminó lentamente hasta quedar frente a él.
—Antes debes comprender una cosa.
—No necesito comprender nada.
—Sí lo necesitas.
Noah negó con la cabeza.
—Solo quiero verlo.
El dios cerró los ojos durante un instante.
—Alex ya no pertenece al mundo que conociste.
Noah sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
—Ambos han renacido.
Noah permaneció inmóvil.
—Este ya no es el mundo donde vivieron como estudiantes.
—Aquí, Alex nació hace muchos años.
Creció.
Vivió.
Formó una nueva vida.
Tiene una historia distinta.
Un destino diferente.
Y tú...
Acabas de llegar.
Noah no entendía.
O quizás no quería entender.
—No importa...
murmuró.
—Mientras él siga vivo...
El dios abrió lentamente los ojos.
—Hay algo más.
Noah sintió cómo su pecho se oprimía.
—¿Qué...?
El dios habló con una serenidad que resultaba cruel.
—Cuando lo encuentres...
Él no sabrá quién eres.
El silencio volvió a envolver aquel lugar.
Noah dejó de respirar por un instante.
—¿Qué...?
—Para él serás un desconocido.
Un simple extraño.
Jamás compartieron una vida.
Jamás fueron novios.
Jamás caminaron bajo la lluvia.
Jamás leíste con él en una biblioteca.
Jamás cantaron juntos durante un viaje.
Todo eso...
Solo existe en tus recuerdos.
Las lágrimas comenzaron a caer otra vez.
Noah apretó los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula.
—No...
Su voz era apenas un susurro.
—No me importa.
El dios lo observó en silencio.
—Volveré a conquistarlo.
Si hace falta empezar desde cero...
Lo haré.
Si debo esperar años...
Los esperaré.
Si tengo que hacer que vuelva a enamorarse de mí...
Lo conseguiré.
Porque él..
E-El me prometió que siempre estaríamos juntos.
Y yo pienso cumplir esa promesa.
Aunque tenga que buscarlo..




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