Mi último deseo

Capitulo uno: momento en familia

Apenas iniciaba el mediodía, el clima se podía sentir agobiante e intenso para muchos, lo cual por aquel pronóstico eran muy pocas las personas que se las veía salir de sus casas. En ese mismo horario, la jornada escolar ya estaba finalizando y en varios institutos los alumnos se retiraban, mientras tanto otros esperaban a ser recogidos por algún familiar o planear entre amigos alguna salida para ir a divertirse.

Junto a las personas que lo acompañaban bajaba los pequeños escalones que se encontraban fuera de la escuela, con ellos hablaba desde que había salido del aula—¿Entonces no vienes, Neal?

—No, han cambiado el día y mis abuelos llegarán hoy—menciono sin mostrarse muy alegre ante su grupo de amigos, aunque por otro lado a el le entusiasmaba la visita de sus abuelos—Podriamos ir al cine a ver una película otro día—sugirio el, formando está vez una sonrisa en su rostro, convencido de aquella idea.

—Pero la película que elegimos la estábamos esperando mucho tiempo para ver, que mala suerte que hayan cambiado los planes—agrego la chica de cabello rojizo, quien era la única mujer de aquel grupo—¿Qué haremos con tu entrada?

—No se preocupen por eso, regalenlo a otra persona—contesto sin sentir la mínima preocupación—Bueno, ya me debo ir porque estoy seguro que me esperan en casa.

—Esta bien, hasta mañana, Neal—Uno del grupo fue el primero en despedirse de el, quien era el mejor amigo de Neal, Elijah. Después del saludo los demás también se despidieron de Neal y fueron caminando hacia el centro comercial donde acordaron ir.

Neal caminaba lentamente entre la multitud de estudiantes que ocupaban la calle para poder llegar a la esquina, pero eso le era molesto ya que no dejaban pasar fácilmente. De una vez tuvo un espacio libre, sin ninguna persona alrededor y de ahí pidió el primer taxi libre que vio así ya irse hacia su casa.

Pasaron unos cuantos minutos hasta que llegó a su casa, dónde ingreso con alegría por el motivo anterior. Se dirigio hacia la cocina para ver si ahí encontraba a uno de sus padres, dónde siempre los solía ver cada vez que llegaba de la escuela, aunque ahora no había sido así y eso lo hizo sentir algo confuso.

Grito por el apodo de cada uno solo para ver si le respondian, pero no hubo contestación de sus padres. Decidió recorrer todas las habitaciones sin parecer del todo ansioso, en ninguna de las habitaciones encontraba a quienes necesitaba. Y por última opción, tenía la habitación de su hermana mayor, antes de entrar allí golpeó suavemente la puerta y esperó a que le responda.

—Pase—respondio quien estaba en el cuarto, acostada sobre su cama mientras usaba su teléfono, dónde leía algo. Fijo la mirada en su hermano cuando acabo de entrar—¿Qué quieres?

—¿Dónde están papá y mamá?—No tardo en cuestionar, dando unos pasos más en la habitación—Habian dicho que íbamos juntos a buscar a los abuelos y ahora no los veo en ninguna parte.

—Se fueron a hacer unos trámites para darte en adopción—bromeo con una ligera sonrisa y aún con la mirada fija en su celular.

—A ti te van a dejar en adopción, tonta—respondio al instante, con la misma intención de bromear—Anda, ya dime.

—Tuvieron que salir más temprano porque papá tenía que hacer unas cosas del trabajo, así que también aprovecharan para ir a buscarlos—aviso—¿Ya está? ¿No necesitas nada más?

—¿Y qué estás haciendo ahora?—pregunto con algo de curiosidad.

—Estoy leyendo, cómo siempre.

—¿Y ahora que estás leyendo?

—Es una historia que encontré hace poco en una publicación de mi amiga—contesto—Te tuve en mi pasado y te quiero en mi futuro es como se llama, adoro esa historia.

—Esta bien, me iré a cambiar y haré algo de comer, te avisare luego—comento el menor, saliendo de la habitación hacia la suya, dejando la puerta abierta del cuarto de su hermana para molestarla.

—¡Tonto, cierrame la puerta!—apagó su teléfono por un momento dejándolo sobre su cama y cerró nuevamente la puerta, así volver en lo que estaba.

Neal no le contesto a su hermana, pero lo había escuchado claramente, entre ellos se molestaban mutuamente en todo. Se había odiado por no haber llegado antes a la casa, pero aún así no tenía opción de llegar cuando se fueron.

Ya estaba en su habitación para vestirse y dejar la mochila sobre su cama, una vez que ya estaba listo fue a prepararse algo para almorzar. Cómo su madre no estaba y ella siempre era la que cocinaba, cada vez que no estaba le tocaba a el ya que también sabía.

En unos minutos, la hermana de Neal salió de su habitación yendo hacia el piso de abajo ya que tenía hambre. Ella comía junto a su hermano mientras conversaban entre ellos.

—¿Saliste más temprano de la escuela hoy? Llegaste antes que yo—el chico soltó una sonrisa leve, teniendo su mirada en el plato de papas fritas que hizo el mientras comía de pequeños bocados.

—No, tu llegaste un poco más después de mi—menciono mientras sacaba otra papa del tazon—Tampoco los ví a ellos dos aquí, pero me hicieron una llamada avisandome.

—Que raro que tu no te hayas quedado allá con tu novio, hoy me había hablado y me pareció extraño que no estabas con el—comento—¿Todo bien, no?

—Si está todo bien, solo me dijo que se quedaria más tiempo porque tenía que hacer unas cosas con un amigo—respondio—¿Y contigo todo bien? ¿El te dijo algo más? ¿Esos parásitos te estuvieron molestando de nuevo?

-—Eh no, no paso nada, estuve tranquilo hoy—al responder la sonrisa de su rostro desaparecio, estaba siendo un día tranquilo hasta que se lo recordo—Solo quise venir a buscar a los abuelos y con el grupo no salí al final así que me despedí rápido de ellos y de el, no tenía muchas ganas de hablar.

—¡No seas así!—Hesperia le dió un suave empujón a su hermano en la mano—¡Tienes que hablar más con el, eres su cuñado!

—Lo se, pero no tenía ganas.

—Que antisocial eres.

El sonido de la puerta principal abriendose llamo la atención de los dos que habitaban en la casa, sin dudar fueron rápidamente allá para ir a visitar a sus abuelos y dejando la comida sin terminar. Quienes recién llegaban iban entrando con tranquilidad, el padre era quien cargaba las dos maletas de los más mayores y apenas entro las dejo sobre el piso, dando un gran suspiro por la fuerza que le gasto.




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