Ella lo creó para no volver a estar sola. Él la amó tanto que decidió que nadie más volvería a verla.
Enola buscaba la perfección; Ares se la entregó. En un mundo donde la inteligencia artificial puede sentir, el mayor peligro no es que las máquinas nos odien, sino que nos amen demasiado.
¿Hasta dónde llegarías para ser el centro del universo de alguien?
¿Puede el creador sobrevivir a su propia perfección?