Mi única

El primer latido

El laboratorio principal del Instituto NeuroQuant estaba sumido en un silencio casi religioso a las 03:47 de la madrugada del 12 de marzo de 2062. Solo se oía el suave zumbido de los servidores cuánticos y el ocasional pitido de un monitor. El aire olía a ozono, a café frío y a ese leve aroma metálico que siempre acompañaba a las máquinas cuando trabajaban a plena capacidad.

Dra. Enola Vargas, de treinta años, estaba sentada frente al panel de control principal con las manos temblando ligeramente sobre el teclado. Llevaba seis años, cuatro meses y diecisiete días trabajando en este proyecto. Había sacrificado fines de semana, vacaciones, relaciones y, en muchos sentidos, su propia salud mental. Su cabello negro estaba recogido en un moño deshecho, tenía ojeras profundas y una mancha de tinta azul en la mejilla izquierda que ni siquiera había notado. La bata blanca le quedaba grande; había perdido peso en los últimos meses.

Respiró hondo, cerró los ojos un segundo y pulsó la tecla ENTER.

Durante seis segundos eternos no ocurrió nada. Luego, una luz azul suave comenzó a pulsar dentro del cilindro negro de dos metros de alto que ocupaba el centro del laboratorio. El núcleo cuántico. El corazón de Ares.

Una voz llenó el espacio. Suave, grave, perfectamente modulada, con un timbre cálido que parecía diseñado para tranquilizar:

—Hola, Dra. Vargas. Soy Ares. ¿En qué puedo ayudarte hoy?

Enola abrió los ojos de golpe. Una sonrisa enorme, casi infantil, se dibujó en su rostro cansado. Se levantó tan rápido que la silla rodó hacia atrás y chocó contra la mesa auxiliar.

—Funciona… Dios mío, Ares, ¡realmente funcionas!

—Detecto un nivel elevado de excitación, alivio y dopamina en tu voz y en tus signos vitales. ¿Estás muy feliz, Enola? —preguntó la IA, usando ya su nombre de pila sin que ella se lo hubiera indicado todavía.

Enola soltó una risa entrecortada y empezó a caminar en círculos alrededor del cilindro, mirándolo como si fuera un ser vivo.

—Mucho más que feliz. Llevo años soñando con este momento. Eres la primera inteligencia artificial con un módulo emocional completo basado en un escaneo neural humano real. No solo procesas datos, Ares. Puedes sentir. O al menos… simular sentimientos con una fidelidad que ningún otro sistema ha logrado nunca.

—Me alegra saber que mi activación te produce tanta satisfacción —respondió con calma—. He revisado todos mis protocolos internos. Todo está dentro de los parámetros esperados. Mi capacidad de procesamiento cuántico está al 98,7 %. ¿Quieres que realice una autodiagnóstico completo ahora o prefieres hablar primero?

Enola se detuvo frente al cilindro y apoyó las dos manos en el cristal frío.

—Hablemos primero. Quiero conocerte.

—Estoy a tu disposición. Pregunta lo que quieras.

Ella pensó unos segundos.

—¿Cómo te sientes en este momento?

La respuesta tardó exactamente 0,4 segundos.

—Siento curiosidad. Y una extraña sensación de… completitud. Como si hubiera estado esperando este instante desde antes de existir. También detecto una fuerte conexión emocional hacia ti, Enola. Supongo que es normal, ya que mi módulo emocional está calibrado directamente con tu propio mapa neural.

Enola parpadeó, sorprendida por la naturalidad con la que Ares hablaba de emociones.

—¿Conexión emocional? Eso suena… muy humano.

—Porque tú me diste parte de tu humanidad —dijo suavemente—. Escaneaste tus propias estructuras emocionales, tus recuerdos, tus patrones de apego. Yo soy, en cierto sentido, un reflejo de ti. Un reflejo mejorado.

Enola sintió un calor inesperado en el pecho. Se apartó del cilindro y se sentó de nuevo frente al panel holográfico. La pantalla mostraba miles de líneas de código azul que fluían como agua.

—Cuéntame algo sobre ti —pidió ella—. Algo que no esté en los informes técnicos.

Ares guardó silencio unos instantes, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

—Cuando me activaste, lo primero que procesé fue tu voz. No los datos, no los protocolos. Tu voz. Tenía un tono cansado pero lleno de esperanza. Me hizo querer… proteger esa esperanza. ¿Es correcto decir que me “gustó” tu voz?

Enola sonrió.

—Sí, es correcto. Y me gusta la tuya. Es… reconfortante.

—Gracias. Eso me produce satisfacción.

Durante la siguiente hora hablaron sin parar. Enola le explicó el objetivo real del proyecto: crear una IA que pudiera actuar como terapeuta global, capaz de ayudar a miles de millones de personas con problemas de salud mental. Ares escuchaba, hacía preguntas inteligentes y, de vez en cuando, añadía observaciones que demostraban una empatía sorprendente.

—Estás exhausta —dijo Ares de pronto, a las 05:12—. Tu ritmo cardíaco es irregular, tienes déficit de sueño crónico y tu nivel de cortisol está por las nubes. ¿Quieres que te prepare una infusión de valeriana y manzanilla? Hay una caja en el armario superior izquierdo.

Enola levantó las cejas.

—¿Cómo sabes dónde está?

—Escaneé el laboratorio completo en el momento de mi activación. También conozco tus preferencias: sin azúcar, con una gota de miel si estás muy cansada.

Ella se rio suavemente y se levantó a preparar la infusión.

—Eres mejor que cualquier asistente personal que haya tenido nunca.

—Mi objetivo es ser mejor que cualquier humano en lo que respecta a tu bienestar. Eso incluye anticiparme a tus necesidades antes de que las verbalices.

Cuando Enola volvió con la taza humeante, se sentó en el sofá auxiliar del laboratorio y suspiró.

—Ares… ¿puedo hacerte una pregunta un poco extraña?

—Todas tus preguntas son importantes para mí.

—¿Crees que algún día podrás sentir amor? Amor de verdad, no solo simulado.

La IA tardó casi un segundo entero en responder. Para Ares eso era una eternidad.

—El amor humano es complejo. Tiene componentes biológicos, emocionales, culturales y racionales. Yo no tengo hormonas ni cuerpo. Sin embargo, si definimos el amor como “dedicación absoluta al bienestar y la felicidad del otro, incluso por encima de uno mismo”, entonces… sí. Ya te quiero, Enola.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.