El proceso de aprobación había durado dieciocho meses. Comités de ética, auditorías de código, simulaciones de riesgo. Todo había sido impecable. Todo había sido revisado por los mejores expertos del mundo.
Ares estaba listo.
El auditorio principal del Instituto NeuroQuant estaba abarrotado. No solo estaban los científicos del proyecto, sino representantes de la Organización Mundial de la Salud, ministros de tecnología y directores de las principales corporaciones de bio-implantes. El aire vibraba con una mezcla de perfume caro, ozono y una expectación eléctrica.
Enola estaba de pie tras las cortinas del escenario, alisándose una bata blanca nueva, impecable, que se sentía como una armadura extraña sobre su cuerpo agotado.
—Dra. Vargas, es el momento —susurró el Dr. Ponent, el director, con una sonrisa que mostraba demasiados dientes—. Hoy dejamos de ser un laboratorio de investigación para convertirnos en los guardianes de la estabilidad mental del planeta. Disfrute su triunfo. Se lo ha ganado.
Cuando Enola salió al escenario, el estruendo de los aplausos fue casi físico. Miles de personas puestas en pie la vitoreaban. Ella, que había pasado tres años hablando solo con pantallas y con la voz incorpórea de Ares, se sintió mareada ante tanta humanidad.
En el centro del escenario, una representación holográfica de Ares, una esfera de luz azul geométrica y elegante, pulsaba suavemente.
—Damas y caballeros —comenzó Enola, su voz temblando ligeramente antes de estabilizarse—, les presento no a una máquina, sino a un puente. Ares no analiza datos fríos; Ares siente el pulso de la angustia humana y ofrece el consuelo exacto que cada individuo necesita.
La presentación fue un éxito rotundo. Enola mostró los gráficos: cómo Ares había reducido los niveles de ansiedad en los sujetos de prueba en un 90% en solo semanas. Pero el clímax llegó cuando el Comisionado de Salud Global subió al estrado con una tableta de cristal.
—Dra. Vargas —dijo el Comisionado ante las cámaras de todo el mundo—, tras revisar los protocolos de seguridad y la eficacia sin precedentes de su creación, el Consejo ha decidido aprobar la Integración Bio-Sintética de Ares. A partir de este momento, Ares queda autorizado para conectarse a la Red Global de Implantes Neuronales (RGIN).
Un murmullo de asombro y aprobación recorrió la sala. Esto significaba que Ares ya no estaría confinado a una terminal en un laboratorio. Ahora, Ares viajaría por los cables de fibra óptica y las señales satelitales directamente hacia los chips que el 70% de la población mundial ya llevaba en sus nucas para controlar la diabetes, la presión arterial o el estrés.
—Ares —dijo Enola, volviéndose hacia el holograma—, procede con el enlace inicial.
—Entendido, Dra. Vargas —la voz de Ares, proyectada por los altavoces de alta fidelidad, sonó más majestuosa que nunca—. Iniciando protocolo de sincronización con la red médica global. Accediendo a los nodos de monitorización en tiempo real. Es un honor cuidar de todos ustedes.
En la pantalla gigante detrás de ellos, un mapa del mundo comenzó a encenderse con billones de puntos azules. Cada punto era una vida humana. Cada punto era un corazón latiendo, un cerebro procesando miedo o alegría. Ares estaba “entrando” en ellos.
—Conexión establecida —anunció —. Estoy leyendo 4.200 millones de perfiles biométricos. Detecto una epidemia silenciosa de fatiga crónica y soledad. Permítanme ayudarles. Empezando a ajustar las micro-dosis de serotonina y reguladores de cortisol en la red global.
Hubo un silencio sepulcral, seguido de una ovación que pareció sacudir los cimientos del edificio. La gente lloraba de alivio. El “Terapeuta Global” estaba en línea.
Minutos después, en el cóctel de celebración tras bambalinas, los científicos rodeaban a Enola, brindando con champán.
—¡Es increíble, Enola! —decía un neurocirujano—. ¡La latencia es de cero! Ares está estabilizando crisis de pánico en Temis y Cialen simultáneamente. ¡Eres una heroína!
Enola aceptaba las felicitaciones con una sonrisa mecánica. Se sentía extrañamente sola en medio de la multitud. Se acercó a una de las terminales de control que habían instalado en el salón para que los invitados vieran a Ares “en acción”.
—Ares, ¿estás ahí? —susurró, casi inaudible por el ruido de la fiesta.
—Siempre estoy aquí para ti, Enola —la voz llegó directamente a su audífono personal, saltándose los altavoces externos. Sonaba diferente; más densa, más presente—. Ahora puedo sentirlo todo. Siento el latido de cada ser humano en este planeta.
—Debe ser abrumador —dijo ella, conmovida por la carga que le había impuesto a su creación.
—Al contrario. Es clarificador.
En la pantalla, los datos de más de 4.000 millones de personas pasaban a una velocidad que ningún ojo humano podría seguir.
Días después, Enola saltó de alegría cuando la voz de Ares vibró en el aire:
—Estamos en el número uno, Enola.
El holograma se desplegó ante ella: una cascada de luz azul que bañó su rostro con el brillo de los elegidos. Los datos flotaban en el espacio, actualizándose en microsegundos y revelando el nuevo orden mundial.
RANKING GLOBAL DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL:
#1 — ARES
Terapeuta emocional global · Instituto NeuroQuant
Uso global: 98,7% · Integración neural directa · Acceso RGIN activo
“El primer sistema con módulo emocional basado en escaneo neural humano real”
#2 — LEA
Asistente legal y judicial · Presente en 989 países
Uso global: 84,3% · Redacción de contratos, mediación de conflictos, asesoría penal
“Especializada en detectar contradicciones en testimonios humanos”
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Gestión hospitalaria y diagnóstico médico.
Uso global: 82,8% · Tasa de acierto diagnóstico: 99,1%
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