Capitulo 34.
POV SIENNA
Salgo del baño con los ojos un poco rojos y la dignidad sostenida con alfileres. Camino directo hacia la puerta de embarque, decidida a no mirar el móvil, a no mirar atrás, a no pensar en él.
—¿Ya estás mejor? —pregunta Marlon cuando me ve. —No —respondo—. Pero funcional.
Alargo la mano para tomar el transportín de Burbuja.
No está.
Parpadeo.
—¿Dónde está Burbuja? —pregunto, lenta. —Ah… —Marlon se rasca la nuca—. Detalle menor.
—¿Qué detalle, Marlon? —mi voz sube peligrosamente.
Antes de que pueda responder, alguien se aclara la garganta detrás de mí.
Una garganta que conozco. Demasiado.
Me giro.
Y el mundo se detiene.
Ahí está.
Mick.
Con MI maleta. MI mochila. MI abrigo colgado del brazo. Y a Burbuja, mirándome desde su transportín como si esto fuera lo más normal del universo.
Mi cerebro tarda tres segundos en procesarlo. Mi corazón, cero.
—…¿Qué haces aquí? —susurro.
—Hola, Sienna —dice, nervioso pero firme—. Vas tarde para ignorarme.
Marlon da un paso atrás. Literalmente se esfuma.
—¿MARLON? —grito.
—¡BUEN VIAJE! —responde a lo lejos—. ¡QUE ÑES VAYA SÚPER EN LA BODA!
Traidor. Asesino. Ex–amigo.
Vuelvo a mirar a Mick. Está cansado. Nervioso. Con esa expresión de no me eches ahora, por favor.
—Por favor vete —digo sin rodeos—. No necesito tu compañía.
Sus labios se aprietan. Pero no se mueve.
—Sé que no la necesitas —responde—. Pero quiero estar contigo.
Me arde el pecho.
—¿Y con Jane? —escupo.
Da un paso más cerca, bajando la voz.—Te lo explicaré. No es lo que piensas.
—No pienso nada —respondo, fría—. Permiso.
Le arrebato el transportín de Burbuja y camino hacia la fila de embarque.
No miro atrás.
No puedo.
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POV MICK
Me sigue. No me echa. No grita. No llora.
Eso es peor.
Pasamos los boletos. Caminamos por el túnel. El avión nos traga.
Sienna se sienta junto a la ventanilla. Yo, a su lado.
El infierno tiene asientos numerados.
Y Diecisiete horas.Eso es lo que dura este castigo divino llamado vuelo intercontinental… y yo me las paso contando cada respiración de Sienna como si fuera oxígeno prestado.
No me mira.
No me habla.
No me reconoce.
Tiene los audífonos puestos, el cuerpo rígido, la frente apoyada en la ventanilla como si el cristal fuera más confiable que yo.
Intento no invadirla.
Intento no moverme.
Intento no existir demasiado.
Fracaso en todo.
—Si quieres cambiar de asiento… —murmuro en algún momento, sin mirarla.
Nada.
Ni un parpadeo.
Me paso la mano por la cara. Estoy agotado. No he dormido en días. Jane, el hospital, el aeropuerto, el TikTok maldito… y ahora esto.
Ella.
Siempre ella.
La miro de reojo.
El perfil que conozco de memoria.
Las pestañas largas.
La pequeña arruga entre las cejas cuando finge que no siente nada.
Eso es lo que más duele:
sé exactamente cuándo está fingiendo.
Quiero explicarle.
Decir su nombre.
Contarle todo.
Pero no hay momento.
No hay espacio.
No hay permiso.
Así que me quedo quieto.
Presente.
Disponible.
Aunque me ignore.
Las luces del avión se atenúan. La gente empieza a acomodarse, a dormirse, a rendirse.
Yo no puedo.
Hasta que, poco a poco…
la respiración de Sienna cambia.
Se vuelve más lenta.
Más profunda.
Se ha quedado dormida.
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POV SIENNA
No planeaba dormir.
Planeaba ignorarlo durante diecisiete horas completas, bajar del avión con dignidad y desaparecer.
Pero el cuerpo traiciona.
Cuando despierto a medias, el avión está oscuro, silencioso. Solo el murmullo lejano de los motores.
Me quito un poco el audífono.
Mick está despierto.
O eso creo.
Tiene la cabeza apoyada hacia atrás, los ojos cerrados, la mandíbula relajada por primera vez desde que lo conozco. Las ojeras marcadas. El cansancio tatuado en la cara.
Se ve…
derrotado.
Mi pecho se aprieta.
—Idiota… —susurro sin voz.
Lo miro con cuidado, como si pudiera romperse.
Recorro su cara con la mirada: la nariz que siempre me pareció demasiado perfecta, las cejas que se fruncen incluso dormido, la boca entreabierta como si aún tuviera cosas que decir.
No debería.
No quiero.
Pero mi mano se mueve sola y acomoda un poco su abrigo para que no tenga frío.
Él se mueve.
Instintivamente.
Y entonces ocurre.
Su cabeza cae lentamente…
hasta apoyarse en mi hombro.
Mi cuerpo se tensa.
—Mick… —susurro, lista para despertarlo.
Pero no puedo.
Porque en cuanto su peso se acomoda, suspira.
Uno suave.
Tranquilo.
Como si por primera vez en días estuviera a salvo.
Y algo dentro de mí se rompe.
Me quedo quieta.
Demasiado quieta.
El calor de su cuerpo atraviesa la tela. Su respiración me roza el cuello. Siento cómo se relaja del todo.
Mi corazón late demasiado fuerte.
Paso un brazo… solo un poco… para que no se caiga.
Eso es todo.
Solo para ayudar.
Cierro los ojos.
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POV MICK
No sé cuándo me dormí.
Solo sé que huele a ella.
Que estoy cálido.
Seguro.
Sostenido.
Mi mejilla descansa sobre algo suave. Firme.
Sienna.
Aunque no estoy despierto del todo, sonrío.
Y no me muevo.
Aterrizaje — Realidad golpeando fuerte
—Disculpen… —una voz femenina irrumpe—. Hemos llegado. Son los últimos pasajeros.
Abro los ojos.
Y tardo exactamente un segundo en darme cuenta de dos cosas:
Uno: el avión está vacío.
Dos: Sienna me está abrazando.
Su brazo rodea mi espalda. Su cabeza inclinada hacia la mía. Estamos completamente enredados, dormidos como si este fuera nuestro lugar natural.
Ella también despierta.
Me mira.
Mira su brazo.
Mira mi cara.
Y entonces—
—¡DIOS! —se separa de golpe como si le hubieran puesto electricidad— ¡NO, NO, NO!
Se aparta tan rápido que casi me caigo del asiento.
—Esto no pasó —dice roja como dinamita—. No pasó. Borra eso de tu memoria. YA.
La aeromoza sonríe como si hubiera visto el final de una comedia romántica.—Bienvenidos a Hawái.
Yo me estiro, aún medio dormido, mirándola con una sonrisa suave.
—Dormiste abrazándome cuatro horas —digo.
—¡MENTIRA!
—Roncabas un poco.
—¡TE ODIO!
Pero no me mira.
Y aunque me empuja, aunque se aleja, aunque vuelve a levantar muros…
Yo sé algo.
Ella bajó la guardia.
Aunque no se haya dado cuenta.
Y esta vez…
no pienso rendirme.
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Editado: 23.12.2025