Mi venganza contra el amor

Efecto

Ciertamente, Thomas había sido el primer hombre en la vida de Alice: su primer novio, su mejor amigo, y fuera de él no tenía a nadie más. Desde que salió de Nueva York y dejó a sus seres queridos, Alice se aisló completamente de todo. Dejó de hacer lo que le gustaba, de hablar con su familia y de ser ella misma, con tal de ver a su esposo feliz, pues él nunca se llevó bien con sus padres y, en un mal momento, ella lo puso en primer lugar. Su mundo se había estado viniendo abajo desde hacía dos años, cuando todo su infierno comenzó, pero terminó de derrumbarse cuando confirmó las sospechas de que Thomas la engañaba con Borg.

Así que tener a un hombre tan guapo frente a ella le parecía irreal. Era tímida, porque desde hacía muchos años no se había relacionado con ningún otro chico. Hans era un completo desconocido, pero por alguna razón no se sentía en peligro. No estaba segura si debía fingir indiferencia respecto al físico de Hans o si tenía que ser honesta con lo ridículamente atractivo que le parecía su nuevo compañero de venganza.

—¿Tan difícil te es responder? —le preguntó Hans, con el ceño fruncido.

—Cuando me casé con Thomas, me fijé en su forma de ser. Era prácticamente el hombre perfecto. Me había guardado toda mi vida para estar con un solo hombre; él era mi vida entera… no tenía ojos para nadie más. Físicamente me gustaba, pero lo que más me atraía era su personalidad cálida y amable… Ahora estoy tan enojada y decepcionada que no encuentro rastros de amor o atracción por él… En cuanto a ti, no te conozco, solo puedo darte una respuesta superficial y nada profunda, lo siento… —le respondió Alice con un rostro afligido.

—Aun así, quiero escuchar qué piensas de mi aspecto —dijo Hans mientras cruzaba los brazos.

—Eres… hermoso —expresó Alice casi tartamudeando.

—¡Pff! Jajajaja… ¿Te parezco hermoso? Jajajaja.

Hans se estaba muriendo de risa. Sus ojos estaban llorosos y no podía parar. Alice no comprendía su humor extraño y solo podía pensar que ese tipo tenía la sonrisa más bonita y brillante de todo el lugar.

—¡Ay! Sí que me hiciste reír jajaja… pero acepto que tu percepción no está nada alejada de la realidad jaja.

—Aquí tienen su comida, ¿desean otra copa de vino? —les preguntó el mesero con cordialidad.

—Sí, pediremos mucho vino esta noche —le respondió Hans, relajado.

—Muy bien, en un momento se los traemos —dijo el mesero, y se fue dejándolos solos otra vez.

—Ahora enséñame una foto de la persona con la que te engañó —le dijo Hans con seriedad mientras estiraba la mano.

—No estoy segura… me da un poco de vergüenza —expresó Alice, desanimada.

—Vamos, estoy seguro de que le dolerá ver que le regresaste el golpe con alguien mejor que su amante.

Alice le dio el celular y le enseñó las fotos de Borg. En ese momento, Hans se quedó estupefacto. Creyó que Thomas había engañado a Alice con una mujer más joven o más hermosa que ella, pero se sorprendió al ver que su rival de amor era un hombre.

—¿Ahora entiendes mi vergüenza? ¿El por qué acepté tu propuesta como una loca desesperada? Yo no hago este tipo de cosas impulsivas, y menos con alguien que no conozco… es realmente vergonzoso —los ojos de Alice se llenaron de una profunda tristeza.

—¿Él… es amigo suyo? —preguntó Hans, incómodo.

—Es su mejor amigo… —la expresión de Alice era de total decepción y asco. Se podía ver lo mucho que le dolía, y añadió conteniendo sus ganas de llorar—: Me estuvieron viendo la cara durante mucho tiempo… lo peor de todo es que yo ya lo sospechaba, pero Thomas siempre lo negó. Me hizo creer que estaba enferma de celos, que estaba loca, que era una mala esposa… y lo peor de todo es que me lo creí…

Alice tomó vino como si fuera agua, mientras Hans no le quitaba la mirada de encima.

—Como lo supuse, tu futuro ex esposo es un imbécil y un ciego de mierda.

—¿Cómo se supone que voy a competir contra un hombre por su afecto? ¿Sabes lo desgastante que es eso? Jamás podría ganarle… y no es como que ahora quiera competir contra Borg por él… es solo que no pensé que Thomas me viera como tan poca cosa y… —Hans la interrumpió de golpe.

—Ahora es mi turno de expresarte lo que pienso de ti, aunque también seas una completa desconocida.

—¿Lo que piensas de mí? —murmuró Alice mientras lo escuchaba con atención.

—Eres atractiva —Alice se sorprendió al escuchar esto de un tipo tan guapo como Hans.

—Tienes una cintura angosta y unas caderas anchas. Tus muslos se ven cómodos. Tu cabello largo es encantador. Tienes un bonito trasero. Tu piel es lisa y tersa. Y, como podrás notarlo, no he dejado de verte los labios desde que estamos aquí; me parecen tentadores y me dan ganas de mordisquearlos. Superficialmente hablando, puedo decirte que me gustas, me gusta tu físico. No entiendo cómo ese imbécil te cambió por un gorila lleno de pelo.

La franqueza de Hans la dejó sin palabras. Era tan halagador escuchar piropos de alguien tan bien parecido como él, pero se hubieran sentido mejor si esos cumplidos se los hubiera dado su esposo. Aunque era demasiado pensar en eso: si lo hacía, más dolor sentía. Así que trató de disfrutar del momento. Su rostro cambió de mil colores en menos de treinta segundos y su corazón palpitaba con locura. Estaba ruborizada y, al mismo tiempo, feliz de escuchar que era linda.

—Gracias… —Alice sonrió con ternura de manera involuntaria y después se tapó la boca.

—¿Quieres que comencemos con la venganza? —le preguntó Hans, quien se notaba agitado.

—¿Qué? —Alice podía ver los ojos de Hans arder; su mirada profunda la estaba penetrando.

Hans pidió la cuenta, pagó con su tarjeta negra y se llevó a Alice de la mano de aquel lugar. Todos en el restaurante los miraban. Hans llamaba mucho la atención; las personas creían que era un actor famoso, mientras que pensaban que Alice era alguna estrella extranjera de alguna marca de ropa importante.




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