Mi venganza contra el amor

Mi venganza se acerca

Thomas y Borg estaban siendo trasladados a Nueva York. Estaban encerrados y maniatados dentro de unas cajas en un barco. El calor era insoportable; les era muy difícil respirar, pues sentían que en lugar de aire respiraban vapor. El sudor les caía como grandes gotas, dejándolos deshidratados. El camino era largo y tuvieron que hacer sus necesidades ahí mismo. Estaban tan golpeados que no sabían qué parte del cuerpo les dolía más.

Constantemente, Thomas pensaba en Alice de forma negativa, lleno de rencor por todo lo que le estaba pasando. A pesar de que él era responsable de sus actos y solo estaba recibiendo las consecuencias de ellos, culpaba a Alice por la forma en la que había reaccionado ante la infidelidad. Jamás pensó que ella planearía avergonzarlo y humillarlo exponiendo sus preferencias de ese modo. Nunca se imaginó que su tierna esposa se enredaría con un desconocido y que terminaría perdidamente enamorada de él. Ella, quien era devota a Thomas y no tenía ojos para nadie más, ahora estaba casada con un hombre influyente, importante y peligrosamente adinerado.

—Esa ramera… su maldad y lujuria no tienen límites…

Nadie puede explicarse cómo es que un hombre infiel, que termina descubierto y abandonado, termina culpando a su exesposa por las decisiones que lo llevaron a perderla, como si ella estuviera mal y ellos fueran las víctimas. Es el odio, un golpe a su ego, lo que los hace ser como son: bestias irracionales que se mueven por los celos y el orgullo de no querer ver a su mujer con alguien más, aunque ellos la hayan tratado como si no valiera nada. Verla feliz con otro hombre les parece inconcebible e indignante. Esos sentimientos perversos e injustificables terminan moviéndolos a lastimar de formas que jamás imaginaron, todo por no ser hombres de verdad.

Mientras Thomas estaba inconsciente, tuvo varios sueños donde Alice aún seguía a su lado: recuerdos de su vida juntos. Curiosamente, fueron recuerdos de cuando estaban recién casados, antes de que llegara Borg a destruirlo todo. Alice era radiante, amorosa, llena de felicidad, y amaba a Thomas más que a su propia vida. Era la esposa perfecta, pero para Thomas eso no fue suficiente y se entregó a sus oscuros deseos, lo que lo llevó a destruir su matrimonio.

Fue entonces cuando un sentimiento de nostalgia le inundó el cuerpo. Ya no tenía esperanzas; no sabía si saldría vivo de esa situación y comenzó a nacer en él un desprecio hacia Borg. Después de todo lo que estaba pasando, empezó a odiarlo y se juró a sí mismo que, si por algún milagro salía vivo de ese lugar, dejaría cualquier tipo de relación y contacto con él.

—Me arrepiento de haberte conocido, maldito Borg… solo me has traído desgracias. Si no te hubieras metido en mi vida como el zorro astuto que eres, aún estaría con ella y mi vida sería más tranquila y pacífica. Si yo no hubiera caído en tu telaraña, no estaría entre la vida y la muerte —exclamó Thomas lleno de rencor.

El corazón de Thomas comenzó a dividirse. Aquella situación empezó a cambiarle el pensamiento: primero sintió odio contra Alice y todo lo que había hecho; después pasó a sentir repulsión y desprecio hacia Borg; y por último, se sintió mal consigo mismo.

—Todo es mi culpa… si no te hubiese sido infiel con él, nada de esto estaría pasando. Me siento tan idiota, soy una basura. Lo tenía todo contigo y con mis propias manos lo destruí. Qué desgraciado he sido contigo… Todo este tiempo te culpé de mis errores y ahora no existe forma alguna de enmendar lo que hice. Ni siquiera pagando con mi propia vida podría reparar tu dolor. Tienes derecho a castigarme, a hacer conmigo lo que te plazca… yo no tuve corazón contigo e incluso intenté matarte… qué poco hombre fui, me dejé llevar por mi rencor y mis celos estúpidos… Alice… no espero que me perdones, solo pido que puedas ser feliz otra vez… aunque no sea conmigo.

Aquella situación llevó a Thomas a sentir un arrepentimiento profundo. Lloró todo lo que pudo y, aun así, el daño ya estaba hecho. No podía deshacer todo el dolor ni tampoco podía secar todas las lágrimas. Iba rumbo a su destino incierto, con una víctima que no sentía más que desprecio por él.

Alice trataba de salir adelante. No es que se le hubiera borrado la memoria o que ya no le importara lo que Thomas y Borg le habían hecho, ni cómo se habían ensañado con ella. Seguía teniendo pesadillas recurrentes donde sus enemigos querían lastimarla, seguía sintiéndose insegura y por eso no salía de la mansión. A veces tenía paranoia, imaginando que Thomas y Borg se escabullirían en su habitación para asesinarla a ella o a Hans. Temía por la vida de su querido Hans y día y noche rogaba al cielo por su seguridad.

No he visto a Carter últimamente. Desde lo ocurrido con Hans no hemos hablado al respecto. No sé si tiene mucho trabajo o si está molesto por lo que pasó. Ojalá el ser humano fuera capaz de controlar sus sentimientos, de decidir de quién enamorarse y a quién olvidar, pero eso no es posible… ya lo hubiese logrado después de tantos intentos. Me la he pasado encerrada con tal de no seguir pensando que en cualquier momento Thomas o Borg lograrán dañarme. Por eso hoy decidí vencer ese miedo y he salido sola al jardín con Rabito, mi hermoso conejo blanco que crece con mucha rapidez, mi pequeño amigo que me hace los días más fáciles.

Alice tenía puesto un vestido amarillo y llevaba el cabello suelto. Rabito brincaba entre los arbustos mientras ella cortaba flores silvestres que recién habían brotado. Para su sorpresa, Carter se encontraba a unos metros observándola.

—No entiendo por qué tu papá se enclaustra tanto en su oficina. Debería disfrutar de la vida; el trabajo no lo es todo. Por lo menos debería platicar conmigo de vez en cuando. Esta mansión es enorme y no hay nadie con quien hablar. Estás tú, pero eres un conejo, y me parece que las personas que trabajan aquí no quieren dirigirme la palabra… esto es aburrido… —dijo Alice sin percatarse de la presencia de Carter, hasta que una brisa llevó su perfume hasta su nariz.




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