Mi versión de nuestra historia

Capítulo 7: Siempre tarde

Solía llegar tarde a todas partes. 

¿Lo recuerdas?

A mi madre gritándome y diciéndome que era la última vez en que manejaba de esa forma, mientras que yo solo asentía e intentaba despertarme. Cuando te lo mencioné, recuerdo que te reíste y me contaste que tu madre solía hacer lo mismo. 

En fin. 

Ese día, era uno de esos en los que yo me quedaba dormida media hora más —que yo insistía en que solo eran cinco minutos— y terminaba teniendo que correr por los pasillos, pero ocurrió algo distinto. 

Choqué contigo.

Sí, como en las películas. Las cosas salieron volando, al igual que las libretas que apenas iba guardando dentro de mi mochila. 

—Buenos días para ti también— dijiste mientras sobabas tu cabeza. He de ser sincera, jamás comprendí como te golpeaste en ese lugar. 

—Lo siento— me disculpé mientras recogía mis cosas, —Sonó la campana y ya es demasiado tarde, ni siquiera creo que la maestra me permita pasar—

—Bueno, en ese caso ya somos dos— señalaste —Me he quedado dormido y bueno, el resto ya te imaginarás—

—Bienvenido al club en ese caso—

—¿Quieres hacer algo?—

—¿A las siete de la mañana?—

—¿Estará abierta la biblioteca?— te miré extrañada y te alzaste de hombros, —¿O piensas quedarte aquí en el suelo el resto de las dos horas?—

—Está bien— accedí. 

Sonreíste triunfante, te pusiste de pie y me ayudaste a hacerlo. 

Fue algo incómodo y curioso a la vez. Ninguno hablaba y ni siquiera me mirabas. Cuando dirigía mi mirada a ti, tú te aferrabas a la agarradera de tu mochila con fuerza, como si alguien fuese a arrebatártela. 

—¿No te pesa?— preguntaste de pronto,

—¿Qué?—

—Tu mochila— explicaste —¿No te pesa?—

—Ah, eso— sonreí en un intento de verme amigable —Creo que ya me acostumbre—

Asentiste un poco, por fin me miraste y después agregaste:

—¿Quieres que te ayude?—

—No gracias, no está tan pesada— mentí. 

—Vamos— sonreíste al decir esto y me quitaste mi mochila. 

La verdad es que no estaba acostumbrada a ese tipo de atenciones. Bueno, he de admitir que los chicos a esa edad están lejos de ser caballeros; pero tú no. 

Y por ello no estaba acostumbrada al trato que me dabas. 

Jonás, en ese momento no me di cuenta de lo nervioso que estabas. Asumo que era porque yo también lo estaba. Pero en retrospectiva puedo mencionar que tu sonrisa temblaba. No mucho, pero inclusive en ese instante lo noté, pero por mi mente no pasó la razón. 

—¿Qué opinas de ver una película?— 

Accedí. Sonreíste triunfante mientras ambos tomábamos asiento en uno de los sillones de la biblioteca. Sacaste tu computadora y me miraste.

—¿Alguna sugerencia?—

—Honestamente no suelo ver películas a las siete de la mañana—

—Tiene que ver alguna que quieras ver—

—Mejor escoge tú—

—Te dije primero—

—No lo sé— admití, me alcé un poco de hombros en un intento de restarle importancia —La verdad es que siempre veo películas o de superhéroes o románticas—

—¿Y de qué tienes ganas?— 

Te miré. 

Me mirabas insistente y yo solo pensaba en que sonaría como una niña ridícula y melosa si te contestaba que en ese momento yo quería ver una película romántica y que me escucharía como una traumada si te decía que quería ver una de superhéroes. 

Qué dilema más tonto, ¿No?

—Alguna de... ¿Clásica?—

—¿Clásica?—

—Si, ¿Por qué no?—

Sonreíste. 

Arrugaste un poco tu frente y mordiste tu labio antes de agregar:

—¿Quieres ver una romántica, no?—

Aún no comprendo el que fue lo que me delato, jamás me lo dijiste. Cada que mentía, a pesar de creer que era convincente, tú siempre descubrías cuando lo hacía. Pero no me lo reprochabas, solo hacías eso con tu frente y boca. Y después una sonrisa. 

—Si— admití. 

Tú escogiste la película, jurándome que la habías visto con tu hermana y que me encantaría. Y si, la verdad es que la película me gusto demasiado. Pero estaba más concentrada en tu respiración. No era constante. En momentos era bastante pausada.

De verdad. 

Si mal no recuerdo la película trataba de una chica que debía viajar para asistir a la boda de su hermana, quien se casaba con el ex de la protagonista. Perdón, hermanastra. Bueno, pues ella no quería ir sola, así que contrataba a un gígolo por un anuncio que vio en el periódico. Y ya sabes lo que pasa después. 

Sí. 

Eso no es tan importante. 

No. 

Te confesaré algo y espero no te rías, creí que me besarías. La biblioteca estaba desierta, estábamos bastante juntos y yo seguía pensando en las palabras de mi madre y de Fede. 

Pero no. 

Nuestros brazos se estaban tocando, ya que literalmente tenía que estar pegada a ti para ver la película. Bastante romántico, ¿No? Intentaba que mi respiración fuera normal, ya que probablemente estaría demasiado colorada del rostro. Pero tú no parecías preocuparte por ello, te limitabas a ver la película y en segundos a echarme una rápida mirada. Fugaz, diría yo. 

¿Notaste lo rápido que latía tu corazón?

Porque yo lo hice. 

No te dije nada al respecto porque asumí que ya lo sabías, quién sabe, podrías tener una afección en el corazón y sería grosero que yo lo mencionara. 

Nos fuimos de la biblioteca unos diez minutos antes de que la siguiente clase iniciara. Ibas intentando bromear o hacer comentarios de la película, pero yo me seguía preguntando el porqué insistías tanto en cargar mi mochila. 

Sentí un escalofrío cuando todos en el salón nos miraron entrar juntos. 

Sabes que yo nunca fui alguien que estuviera acostumbrada a la atención y para mí, que hicieran aquellos comentarios, burlas, susurros y de más; fue aterrador. De verdad. Me sentí insegura y expuesta. Pero no te lo dije. 




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