Mi vida Antony

Capítulo 3: S.O.S

Domingo 00:15

Navarro permanecía inmóvil en el estacionamiento, con la respiración entrecortada y la imagen de lo ocurrido todavía clavada en la cabeza.
Reaccionó de golpe y corrió hasta la camioneta de Gabriel.

—La cagamos —soltó apenas subió, cerrando la puerta de un golpe—. Tenemos que decírselo al director.

Gabriel giró apenas la cabeza para mirarlo. Luego encendió el motor.

—No hace falta.

La camioneta arrancó, alejándose lentamente del edificio.

—Esa pendeja está acostumbrada —continuó, con una frialdad que hizo estremecer a Navarro—. Tiene una madre de mierda, no tiene amigos… esto es apenas otro golpe más.

Navarro lo observó en silencio desde el asiento del acompañante, incapaz de responder.

Domingo 00:30

Camila entró a su casa con los ojos empañados por el llanto. Cerró la puerta con cuidado y avanzó entre las sombras del living.

Entonces, una lámpara se encendió.

Su madre estaba sentada en el sillón, observándola.

—¿Qué te pasó? —preguntó mientras se levantaba y caminaba hacia ella.

Camila bajó la mirada.

—Todo fue una estúpida fantasía.

La mujer le apartó el cabello del rostro para verla mejor.

—No entiendo por qué llorás.

Regresó al sillón y volvió a sentarse con una calma inquietante.

—Te lo dije desde el principio. Esos chicos jamás te iban a aceptar. Tal vez esto sea una señal… una forma de mostrarte que vos no pertenecés a ese mundo.

Camila apretó los puños y, sin responder, subió las escaleras a paso rápido.

—No te preocupes —añadió su madre, alzando apenas la voz—. Mientras estés conmigo, nadie va a lastimarte.

La única respuesta fue el portazo furioso que resonó desde el piso de arriba.

Domingo 01:00

Gallego caminaba por las calles vacías de la ciudad, con la mirada inquieta recorriendo cada rincón.

La oscuridad lo envolvía todo. Apenas algunas bicicletas abandonadas y el zumbido lejano de un transformador rompían el silencio de la madrugada.

Buscó a Camila una y otra vez, pero era inútil.

Con frustración, se acercó a un teléfono público y marcó un número de memoria.

Esperó.

Cuando escuchó la voz del otro lado, habló sin rodeos:

—Antony, necesito tu ayuda.

Mientras aguardaba una respuesta, alzó la vista y volvió a escudriñar la calle desierta.

Domingo 01:05

Camila observaba en silencio el vestido que su madre le había regalado meses atrás después de unos segundos, se lo puso.

Se sentó frente al escritorio y comenzó a escribir con mano temblorosa sobre una hoja en blanco. Las palabras salían atropelladas, como si durante años hubieran estado esperando ese momento para escapar.

Cuando terminó, releyó apenas un fragmento.

"Dije adiós."

Doblando la carta con cuidado, la guardó en el bolsillo en donde luego abrió la ventana y se sentó en el borde, dejando que el aire frío de la madrugada le golpeara el rostro.

La ciudad estaba en calma, demasiado en calma entonces Camila alzó la vista hacia el cielo oscuro, sintiendo cómo el peso que cargaba desde hacía tanto tiempo terminaba por aplastarla.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control, cerró los ojos y el silencio lo cubrió todo.

Domingo 01:10

Los dos jóvenes llegaron a la casa de Camila envueltos por la tensión.

Antony miró la fachada con incomodidad.

—No sé qué hacemos acá. O sea, ella no va a transformarse en Carrie White de un momento a otro.

Gallego no respondió en donde se limitó a subir los escalones y golpear la puerta con insistencia.

—Seguro está bien —murmuró Antony, más para convencerse a sí mismo que a su amigo.

Pasaron unos segundos y nada entonces, un ruido seco quebró la quietud de la noche ambos se giraron al mismo tiempo y lo que vieron les heló la sangre.

Antonyy quedó inmóvil, Gallego dio un paso atrás, incapaz de procesarlo en donde ninguno de los dos pudo pronunciar una sola palabra.

Lunes 14:23

En la casa de Navarro

Vestido completamente de negro, Navarro ajustaba su corbata frente al espejo sus manos temblaban e intentó recomponerse, pero al verse reflejado sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Las lágrimas comenzaron a caer en donde retrocedió hasta chocar contra la pared y se dejó caer lentamente, llevándose las manos al rostro.

Una sola frase se repetía una y otra vez dentro de su cabeza, como un castigo imposible de silenciar.



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En el texto hay: drama, juvenil, autobiografa

Editado: 20.05.2026

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