Mi vida en control de tus manos

Capitulo final

NARRADOR

EL DESPERTAR DEL PUENTE

El silencio del lago se quebró con un crujido profundo, como si las entrañas de la tierra se abrieran. Harris, sentado en la orilla, sintió cómo el suelo vibraba bajo sus botas. El hueco de hielo, donde todo había comenzado, se agitaba con una fuerza imposible.

Una luz emergió desde las profundidades. No era el reflejo de la luna ni el brillo de los peces. Era algo más antiguo, más feroz. El agua comenzó a elevarse en columnas, como si quisiera formar un muro entre el bosque y el cielo. Harris se inclinó hacia adelante, incapaz de apartar la mirada.

Mientras tanto, en la cabaña, Key despertaba. El aire dentro del lugar se había vuelto pesado, cargado de energía. Sus manos temblaban, pero no de miedo: era como si una corriente invisible recorriera sus venas. El fuego de la chimenea se apagó de golpe, y en su lugar, un resplandor plateado iluminó las paredes.

Key cerró los ojos, y en su mente apareció el mismo lago donde Harris aguardaba. Una voz múltiple, antigua, resonó en su interior:
Eres la guardiana del puente, key.
La elegida para custodiar el umbral entre mundos, la voz que sostendrá el equilibrio cuando la oscuridad intente quebrarlo.

De pronto, su cuerpo se levantó sin esfuerzo, como si la gravedad hubiera dejado de existir. Sus ojos se abrieron, brillando con un fulgor plateado, y la cabaña entera se estremeció.

En la orilla, Harris vio cómo el agua formaba un arco invisible, extendiéndose hacia lo desconocido. Era un puente hecho de luz y sombras, vibrando como si respondiera al despertar de Key.

Harris se levantó, con los ojos abiertos de par en par, y su voz salió como un decreto que rompió el silencio del bosque:
—El puente de ambos mundos...

El eco de sus palabras se extendió por el lago, como si la tierra misma las hubiera escuchado. El aire se tensó, los árboles se inclinaron, y por un instante todo pareció detenerse.

Pero no todo era luz.

Del otro extremo del arco, una sombra comenzó a tomar forma. Sus contornos eran humo vivo, retorciéndose en espirales imposibles. Dos ojos rojos se abrieron en la oscuridad, y un rugido atravesó la noche, apagando el reflejo de la luna. El puente tembló, como si dudara de su propia existencia.

Key, aún en la cabaña, sintió la presencia. El puente no era solo un pasaje: era una frontera entre mundos. Y ahora, algo había decidido atravesarla.

Se llevó las manos al pecho, y el resplandor que emanaba de su cuerpo se intensificó. El suelo bajo la cabaña se agrietó, y la visión del puente se volvió más clara. Harris, desde la orilla, la vio aparecer en medio del arco de luz, como si hubiera sido transportada allí por pura voluntad.

Su voz retumbó en el aire, un eco que parecía venir de todas partes:
No permitiré que destruyas este mundo y te infiltres en un lugar donde no perteneces.

El rugido de la criatura se convirtió en un chillido desgarrador. El bosque entero pareció contener la respiración. Harris, paralizado, solo pudo observar cómo Key se erguía en el centro del puente, enfrentando a la sombra con un poder que recién había despertado.

El choque fue brutal. Luz contra oscuridad. El puente vibró como si fuera a romperse en mil pedazos. Harris sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía, y por un instante, creyó que todo se perdería.

Pero Key resistió.

Su cuerpo brillaba con una intensidad que cegaba, y el puente, fortalecido por su voluntad, comenzó a reconstruirse. La sombra retrocedió, pero no desapareció. Se detuvo en el límite, como si esperara el momento exacto para atacar de nuevo.

Pero atrás de él, una sombra aún más grande y poderosa se formó, emergiendo como un coloso de humo y oscuridad. Sus ojos ardieron como brasas encendidas, fijos en la dirección de Key y Harris, y el aire se volvió tan denso que parecía imposible respirar.

Harris retrocedió un paso, con el corazón golpeando su pecho como un tambor de guerra. El suelo tembló bajo sus botas, y un escalofrío recorrió su espalda. Entonces, con un tono cargado de miedo y certeza, dejó escapar las palabras que sellarían aquel instante:

—Ese… es el Guardián Caído.

El eco de su voz se expandió por el bosque, como si la tierra misma reconociera aquel nombre prohibido. Los árboles crujieron, el lago se agitó, y hasta la luz del puente pareció vacilar ante la presencia de aquella sombra. Key, envuelta en resplandor, comprendió que no enfrentaba solo a una criatura: enfrentaba a una leyenda oscura que había esperado siglos para regresar.

Key giró la cabeza hacia Harris, sus ojos aún encendidos.

Harris...esto apenas comienza.

El viento sopló con violencia, apagando el reflejo de la luna en el lago. El bosque quedó en silencio absoluto, como si el mundo entero aguardara la próxima batalla.

Y entonces, con una voz que parecía venir de todas partes, Key pronunció las palabras que sellarían el destino de todos:

CONTINUARÁ...




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