Mi vida en un susurro

Invisible

Mi vida no es fantástica ni maravillosa, soy una simple chica, esa chica que no ves en el instituto, la invisible… esa soy yo.

Me llamo Kayla, tengo 16 años, aunque esté mal decirlo soy estudiosa y aplicada, siempre la primera de la clase. Me encanta leer y escribir, soy muy perfeccionista y exigente, conmigo misma y con los demás, y valoro, más que nada, la justicia pero sobre todo el karma.

Me cuesta conciliar el sueño, en cuanto me tumbo en la cama empiezo a darle mil vueltas a los acontecimientos del día y programar lo que debo hacer al día siguiente. La verdad no me parezco a nadie de mi familia, mis padres son muy despreocupados en ese sentido. Al final consigo dormirme a falta de un par de horas para que suene el despertador.

Nace otro día más y apenas he pegado ojo, salto de la cama, camino hacia el baño, me miro al espejo y veo lo mismo de cada día, parezco zombi.

– Una ducha y arreglado – susurro sin convencerme mucho de ello.

Bajo las escaleras y antes de entrar por la puerta mi madre ya está gritando.

-¡kayla, hija mía que cara!, ¿no has dormido?- dijo mientras me acunaba la cara entre sus manos. – Anda, desayuna bien antes de irte al instituto.

-Vale mamá- digo poniendo los ojos en blanco.

Unto una tostada con mantequilla y mermelada de fresa pero antes de poder dar un bocado suena mi móvil, es un WhatsApp de mi amigo Raul.

R-Estoy llegando ¿estás lista?

K-Si, ahora bajo.

Un par de mordiscos a mi tostada, dos tragos de zumo de naranja y ya estaba saliendo por la puerta.

De camino al instituto hablamos de nuestras cosas y Raul me comenta algo que me deja trastocada.

-Este fin de semana he quedado con Victoria y Jesús ¿adivina a donde vamos? – me pregunta con una sonrisa socarrona.

-¿Al centro comercial?¿al cine?- lo miro arqueando una ceja.

-Frío, frío diría que congelado- se burla de mí.

-No tengo ni idea Raul, ¡vaaaa desembucha!- digo mientras le doy un pequeño empujón.

-A la casa abandonada en medio del bosque- lo dijo con voz tenebrosa.

-¿Y a qué se supone que vais a hacer allí?- le pregunto perpleja.

-Victoria ha conseguido una tabla ouija así que… – me mira de reojo.

-¿Qué? – lo mire y adivine enseguida que es lo que insinuaba- ¡NO! ¿¡Estás loco!?¡ni de coña!

-¡Vamos Kayla tienes que venir! No puedes dejarme solo con esos dos- me agarró la mano y me puso morritos- porfavoooooorrr.

-¡Cómo me puedes enredar tanto! Sabes que esas cosas no van conmigo y me da mal yuyu- mi cara es un poema, dios como odio que me haga estas cosas.

-Te pasaremos a buscar el sábado a las 10 de la noche- daba pequeños saltitos de alegría- será una noche inolvidable.

-¡Puffff eres lo peor!¿lo sabes?- le digo medio en burla pero enfadada por meterme en esto.

-Lo sé, lo sé y eso me encanta- dijo entre risas.

Durante la semana Raul no paraba de hablar de la quedada del sábado. Cada vez que sacaba el tema me ponía mala, ¡en serio! Para ellos es un mero juego pero para mí es algo maligno con lo que no se puede jugar a la ligera. Llamadme supersticiosa, cobarde, tonta… pero en mi vida e sufrido de episodios y circunstancias que no son de este mundo.

Mi madre siempre hacía limpiezas en casa, y no la típica limpieza que hace todo el mundo, limpieza de energías negativas y malos espíritus donde yo la ayudaba con el ritual.

En la cocina, en la silla que da a la pared norte, allí siempre se sentaba mi bisabuela y mi madre siempre la veía allí, a la cual yo no llegue a conocer en vida pero mi madre siempre me decía que estaba allí con nosotros.

Aunque sé que muchos de vosotros no me creeréis, sé que ella estaba allí porque la presentía y el aroma a jazmín predominaba cuando estaba cerca.

La semana pasó demasiado rápido, será porque no tenía ni pizca de ganas de que llegase el sábado.

Durante la mañana mi cuerpo presentía algo, no estaba nada tranquila y eso es muy raro en mí, era la primera vez que me sentía así. No sabría como explícalo porque no eran nervios, quizá un poco alterada porque esas cosas me dan mucho respeto, sé que no se deben jugar con estas cosas y quiero echarme atrás, decirle a Raul que no me siento bien, que vaya él solo pero sé que se presentará igualmente en mi casa y me sacará a empujones, lo conozco muy bien. Aún así decido intentarlo a ver si cuela y le mando un WhatsApp.

K-Raul…

R-¿Que?

K-Que no me encuentro muy bien, tengo el estómago revuelto.

R-Oye no me vengas con tonterías que se de buena tinta que no es verdad.

K-¡Pero que sabrás tú!

R-Kayla Miranda Giménez a mi no me la das con queso.

K-Joder Raul… sabes de sobra que no me gusta ni un pelo todo esto.

R-¡Tía que no va a pasar nada! ya verás que nos divertiremos.

K-Ya te digo que yo para bada me voy a divertir.

K-¡Al contrario lo voy a pasar fatal!

K-Ya me conoces…

R-Porque te conozco… ¡vendrás si o si!

K-De verdad… ¡como te odio ahora mismo!

R-Yo también te quiero tonta.

K-¡Esta me la debes, que lo sepas!

R-Vale, te lo compensaré te lo prometo.

K-Mas te vale…

R-Cuando estemos en la puerta de tu casa te hago una perdida para que bajes.

K-Ok, hasta la noche.




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